Culpan al mercado y a la publicidad de moldear el carácter de los pequeños, según un estudio de la FAD
Gestionan como pueden un puñado de dilemas; dedicar más tiempo a los hijos sin renunciar a una vida propia; que los niños cultiven el contacto social sin descuidar la «hiperdotación tecnológica»; que se relacionen con otros niños evitando los riesgos de 'la calle'; que no sean caprichosos pero tengan todo lo que sus mayores no tuvieron; que sean autónomos y originales pero no se segreguen del grupo de pares, de los 'normales'
MADRID 15/9/05 ecD - DS
La palabra es desconcierto. Los padres españoles buscan y no encuentran la 'piedra filosofal' que les garantice una buena educación y crianza para sus hijos, la llave para convertirlos en buenas personas, probos ciudadanos, cultos, competentes, triunfadores a la par que solidarios, consumistas moderados y a la vez sensibles con el medio ambiente.
Es la conclusión a la que llega la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) en el último de sus estudios sobre cómo los padres españoles afrontan el gran reto vital de hacer de sus hijos personas de bien. El trabajo se centra en los padres más recientes, aquellos con hijos menores de 6 años, pero sus inquietudes concuerdan con las de quienes ya han superado esa fase y bregan con púberes y adolescentes, analizados en investigaciones previas.
No saben cómo hacerlo
Titulado
'La brecha generacional en la educación de los hijos', el informe muestra a padres y madres desnortados, que «parecen añorar» modelos familiares y educativos pasados, con más disciplina, respeto, límites claros y mayor autonomía y responsabilidad de los hijos. Echan la vista atrás, hacia la familia en la que ellos mismos se educaron, pero sin querer renunciar a las ventajas de la familia 'moderna', de vínculos más flexibles, como son la cercanía afectiva y la comunicación abierta con los hijos. «Quieren lo mejor de los dos mundos y eso es muy difícil de compaginar», explican los expertos de la FAD.
Confusos y además contradictorios.
Los nuevos padres no acaban de encontrar de forma definitiva el camino para conjugar teoría y práctica, lo ideal y lo conveniente. Por un lado, pretenden inculcar a sus retoños los «valores deseables», como respeto, tolerancia, altruismo, solidaridad..., pero también aquellos otros que creen necesarios para lidiar con una sociedad voraz y triunfar, como la competitividad, el individualismo, y otros de semejante tenor.
Creen además que luchan contra corriente y que «sus esfuerzos educativos son anulados por los valores contrarios promovidos por la sociedad», como el consumismo, que hace a sus hijos «caprichosos, egoístas y consumistas», dice el informe.
Dilemas por resolver
En el día a día, los padres de hoy gestionan como pueden un buen puñado de dilemas; dedicar más tiempo a los hijos sin renunciar a una vida propia tanto laboral como personal; que los niños cultiven el contacto social sin descuidar la «hiperdotación tecnológica»; que se relacionen con otros niños evitando los riesgos de 'la calle'; que no sean caprichosos pero tengan todo lo que sus mayores no tuvieron; que sean autónomos y también originales pero no se segreguen del grupo de los «normales», dicen los autores del informe, editado bajo el auspicio de la Obra Social de Caja Madrid.
Estas incertidumbres de los progenitores se mezclan con el debate escolar, la dicotomía entre educación privada, más disciplinada, y pública, más igualitaria, y la concordancia de esfuerzos con los profesores en la educación de los niños.
Padres y maestros se culpan a la recíproca de unos niños que son cada vez más ingobernables, aunque coinciden en el planteamiento básico.
La familia es quien tiene que educar pero cada vez delega más, según se hace constar en el informe, y si los profesores se sienten deslegitimados para hacerlo, serán otras corrientes y agentes sociales -el mercado, la publicidad, los medios de comunicación...- quienes moldeen el comportamiento futuro de los niños.