lunes, 13 de febrero de 2006
ANA LAURA CABEZUELO ARENAS ·PROFESORA TITULAR DE DERECHO CIVIL DE LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA · 10 Feb.
La guerra por los hijos
¿Considera usted que, tras el divorcio, el juez atribuiría la custodia de sus hijos preferentemente a la mujer y que existen razones para hablar de una cierta "discriminación" de los hombres en este terreno?
Aunque tras una crisis matrimonial lo que ha de presidir la decisión de los jueces a la hora de atribuir la custodia o cuidado directo del menor es el interés de éste, hay quien denuncia un cierto "automatismo" a la hora de optar por la mujer, sobre todo cuando estamos ante niños de corta edad.
Sin embargo, según la sentencia de la Audiencia Provincial de Badajoz de 19 de febrero de 2003, la maternidad es algo más que un simple acto biológico y "engendrar y parir no son sinónimos de maternidad asumida. Asumirse como madre implica pasar el centro de gravedad de sí misma al hijo, y desear brindarle afecto y dedicación". Se sirve al interés del menor, en suma, buscando al progenitor que resulta más adecuado, estudiando con cuál de ellos presenta el niño mayor afinidad y no optando, sin más, por la madre, por prejuicios claramente sexistas, sobre todo cuando el niño ha alcanzado ya ciertas edades.
De otro lado, la sentencia de Valencia de 2 de febrero de 2000 se refiere a que el cariño o la paciencia para ocuparse del niño no son monopolio de ningún sexo, por lo que pueden hacerlo tanto el varón como la mujer, lo que llevaría a instaurar un régimen de guarda compartida atendiendo a que los padres habitan en el mismo edificio. Y dice así: "Este derecho-deber de cuidar y tener en su compañía a los hijos menores recae con la misma intensidad en la madre y en el padre, sin que quepa hacer distingos en función de la edad de los niños o el sexo del progenitor, pues la ternura, el cariño, la energía, la paciencia, o las habilidades domésticas no son patrimonio exclusivo del uno o de la otra; muy al contrario, los dos pueden, y deben ejercitarse en ellas y potenciarlas en beneficio de sus hijos".
Ciertamente, aterra enfrentarnos a sentencias en las que se alude a madres que entregan a sus hijos a la mendicidad, los abandonan en contenedores de basura, se desentienden de su rendimiento escolar o incluso de su propia alimentación. Basta, a veces, con leer un periódico o ver las noticias en televisión. En otras decisiones apreciamos el abismo que separa a ambos padres: como en la sentencia de la Audiencia de Cuenca de 22 de diciembre de 2001, en la que se contrapone la frialdad de una mujer condenada por causar lesiones a una de sus hijas con un tacón de zapato de las que tardó en curar siete días y cuya presencia causaba nerviosismo a las pequeñas, a la dedicación de un padre que cuidaba de su educación y bienestar.
Pero en este terreno no siempre es oro todo lo que reluce. Acabamos de defender que los varones deben contar con algo más que un derecho de visitas y no ser discriminados por cuestiones puramente sexistas cuando se revelen como los más idóneos para cuidar al menor, pero justo es reconocer que no todos actúan movidos por el altruismo en este terreno. En ocasiones, se "deja caer" el argumento de solicitar la guarda para presionar "sutilmente" a la mujer, y arrancar a ésta una renuncia a la pensión compensatoria, o conducirla a una liquidación de gananciales sin "excesivos problemas" para el que de repente se acuerda que tiene hijos.
A ello sumaremos que los deseos de los padres y madres de hacerse con la guarda y custodia de los hijos no siempre son tan puros y desinteresados como parecen. Está detrás la seguridad de que con la custodia del menor les será atribuido el uso de la vivienda familiar (art.96 Código Civil), bien extraordinariamente cotizado en una sociedad como la nuestra en la que la adquisición de un inmueble que sirva de morada constituye un gravísimo problema que endeuda para el resto de sus días a los sufridos españoles de clase media. El pack vivienda-menor es una tentación a la que pocos deudores de créditos hipotecarios lograrían resistirse.
Con ello comprenderemos cómo queda depositado en manos de los hijos un instrumento precioso con el que pueden "chantajear" a sus progenitores, y del que suelen hacer uso normalmente al llegar a la adolescencia. La cuestión presenta más trascendencia de la que parece, pues los hijos pueden convertirse en unos "pequeños tiranos", que sometan al custodio a la coacción o al chantaje, amenazándoles con secundar cualquier pretensión del otro progenitor de alterar el actual régimen de custodia para recuperar la vivienda si el actual guardador no accede a sus caprichos o no está dispuesto a concederles un margen de libertad, acaso excesivo, atendidas las circunstancias.
El interés del menor no es un interés absoluto, en detrimento del que también puedan ostentar sus progenitores. Una errónea lectura del primero pueda desembocar en verdaderas injusticias que habrían de ser padecidas por los segundos: padres convertidos en marionetas que manejan a su antojo menores incontrolables a los que es imposible educar o corregir si queremos, simplemente, seguir bajo techo. diariodesevilla.com