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 Los chicos del Portal C  11-15 a.

    

jueves, 16 de febrero de 2006

Publicado por Seina @ 7:59


EMILIO GARRIDO-LANDÍVAR, DOCTOR PSICÓLOGO 30/01/06 DDN
Hoy, nadie duda lo maravilloso que es un artilugio moderno que nos comunica de norte a sur y de este a oeste; que en tiempo real estás viendo en imágenes reales lo que está pasando en Gaza. Ser testigo de todo esto, no deja de ser una maravilla del progreso, «¡que avanza que es una barbaridad!» Son artilugios buenos, muchos de ellos imprescindibles y hoy por hoy cada uno de los que se incorporan a nuestras vidas, ya somos incapaces de prescindir de ellos. Estos artilugios nos pueden dominar, como a mucha gente nos dominan la televisión, el móvil, las máquinas tragaperras y las mil y una maniquitas que pululan por nuestros pisos. No, no es solo un juego de niños; los adultos con pelo... en la barba, también los usan.
La diosa del ocio es la "play".
Nadie puede hoy vivir sin la "play", es un artilugio moderno, de una definición casi perfecta que tanto niños como mayores; sí, digo bien mayores, utiliza casi de continuo para entretenerse, despistarse del mundo que le rodea, evadirse de la realidad y para buscar una salida a sus tantas horas de ocio como puede tener un día de asueto. La "play" es hermana menor de la televisión, con la particularidad que puedes enchufarla con el juego que te interese e interese a quienes tú quieras y llevarla fácilmente donde quieras.

Se evaden de tal manera que pueden perder toda la noche y cuando se les ocurre mirar la hora , se dan cuenta que son las cinco de la madrugada. Se les ha pasado el tiempo volando, sin conciencia de haber pasado tantas horas con la dichosa maquinita. Incluso he observado en jóvenes adultos, dejar de cenar, de hacer pis motivados por esa concentración anestesiada que supone la "play"... En las casas cuyos hijos adultos «no se han ido» todavía, ni siquiera salen muchos fines de semana, se apoltronan en su cuarto o donde quiera que instalen la "play" y ahí se pasan horas y horas sin la noción del tiempo, sin conciencia de la adicción que supone y de los efectos secundarios que tiene dicha fijación no solo a la pantalla y los rayos infrarrojos, sino a todo lo que supone estar tantas horas sin relación con nadie, solos con la diosa del ocio y del deleite solitario. una tensión aquilatada y una concentración tan exquisita que pocas conductas durante su vida podrán gozar de semejantes criterios como goza la "play".

La "play" es la pieza por excelencia de una bajera, sin "play" no hay bajera que se precie de serlo, además se usa como DVD. Un joven de una edad madura que no tiene novia, la "play" la sustituye; un joven iniciándose en el mundo de las relaciones sociales, la "play" le corta la motivación que supone conocer gente, compartir, salir, crear, conquistar espacios nuevos y descubrir amigos-gas diferentes. En este caso la "play" unida a los porros es la perfecta simbiosis para un grupo de jóvenes adultos que no sabe divertirse de otra manera.

Hay que añadir a todo este proceso de inconsciencia del tiempo, la calidad del juego, el argumento del mismo y la base moral y teórica que cada juego implanta en cada persona, sin pensar que jugar favorece un estilo de vida, cuanto su proyección negativa hacia aquello que se carece o que la inclinación hacia roles que uno desearía ser o hacer aunque solo sea en la ficción, son trampas que van poco a poco calando. Nadie piensa mientras juega virtualmente, he ahí el cebo, que jugando modificamos roles que aunque no queramos los aprendemos y es mucho más fácil transmitirlos a la vida de forma real.

Un juego que está de moda son "Los Sims", que no deja de ser un juego, pero que te hace ser un Dios contigo mismo, haciendo de ti la persona que deseas ser, el entorno que quieres y la casa de tus sueños... y ahí metan todo lo que quieran meter, después veremos quién con su madurez solo se queda en el juego, o bien su propia frustración le genera el conflicto de no poder ser como realmente quiere ser o como desgraciadamente es, y ahí el juego se convierte en un fácil trampolín para generar más conflictos de los que realmente tiene nuestro hijo joven. Pasar de la ficción a la realidad siendo adultos, estando maduros, y sabiendo con certeza reflexiva que eso no es posible, que la vida no es un juego, sino es lo que cada uno quiera hacer en sí mismo con sacrificio y trabajo; entonces el juego no deja de ser un juego; porque jugar no es malo, depende de muchas variables para que el juego se convierta en dañino.

El ser humano se adiciona a todo, y eso es otro daño que sin darnos cuenta puede hacernos la "play". www.diariodenavarra.es

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