lunes, 27 de febrero de 2006
¡Qué barato sale agredir a un maestro!
CARLOS AINCIOA URRUTIA, MAESTRO DEL CP. DE BERRIOZAR Pamplona 23 feb Berriozar: derrota moral de los profesores
En las declaraciones que realizaron el señor Marcotegui y el presidente de la asociación de padres Herrikoa remarcaban que «el tema de la agresión al maestro debe resolverse por la vía judicial». Me temo que esta vía es la que debe utilizarse cuando fracasen todas las demás. El castigo, probablemente rondando los 120 euros, es absolutamente irrisorio para el daño causado. Mi compañero renunció a la compensación económica porque lo que buscaba era una salida a su dignidad arrastrada por los suelos, no un beneficio económico, y la restitución de la dignidad del profesor agredido no puede darse en los juzgados. Hay profesiones en que la autoridad es un elemento esencial para desarrollarla y no puede ser pisoteada con un coste tan insignificante. Tenemos la reacción de los árbitros cortando un partido de fútbol ante una agresión. Tenemos las multas que tienen que pagar los que realizan agresiones en los campos de fútbol. Sin embargo, ¡qué barato sale agredir a un maestro! El agresor no se molestó ni en aparecer en el juzgado, me imagino que pensaría que para semejante nimiedad, no merecía ni perder el tiempo en defenderse.
Las medidas para resolver el problema deben atajarse de otra manera y ahora parece que los sindicatos abogan por un protocolo de actuación para estos casos. Esperemos que la próxima vez no se vuelvan a cometer los mismos errores que se han producido en nuestro caso.
El sentimiento de derrota moral viene porque nuestro compañero tiene que abandonar el colegio. Al principio del conflicto, tras las primeras reuniones con el mediador entre la familia y el colegio, nos escandalizó su comentario de que no fuésemos demasiado lejos en nuestras peticiones, no fuese que el que tuviese que irse para solucionar el problema fuese el maestro. Nos escandalizó porque consideramos absurdo que, tras sufrir la agresión, la víctima se viese obligada a abandonar el colegio. ¡Joaquín ha empezado a trabajar hoy en su nuevo colegio! Dos bofetones han cambiado la vida de mi compañero.
Derrota moral también por la actuación de la Administración. Decía el señor Campoy que todos deberíamos ir en el mismo barco, pero se ha abierto una brecha entre la Administración y los profesores que manifiestan su percepción de falta de apoyo por parte de las autoridades educativas.
A pesar de todo el calvario sufrido, creo que Joaquín se ha visto reconfortado por el apoyo profundo y sincero de toda la sociedad. Creo que no tiene por qué avergonzarse y puede andar con la cabeza muy alta. Me gusta la postura de Joaquín, valiente y decidida. Los profesores no podemos aguantar las agresiones físicas y psíquicas con estoicismo y sufrir en soledad las humillaciones.
La expresión de la realidad no debe llevar a la alarma social, sino a la búsqueda de soluciones. No perdemos prestigio por la exposición realista de los hechos, sino por su ocultación. Si yo tuviese que llevar a mis hijos al colegio público de Berriozar me sentiría más tranquilo al ver las acciones reivindicativas de la comunidad escolar y me preocuparía si se intentase ocultar todo y pasar página para evitar « la infundada alarma social» y el desprestigio del colegio y de la enseñanza pública. diariodenavarra.es