ENTREVISTA ROSA RAMOS-PAÚL "SUPERNANNY" «Las familias que han contactado con nosotros están satisfechas y los consejos que damos pueden servir a otros» Esta psicóloga ha captado la atención de la audiencia con el programa "Supernanny", en el que ayuda a los padres a educar a sus hijos
Rocío Ramos-Paúl sabía que un programa que ayuda a padres en apuros a la hora de educar a sus hijos iba a funcionar. «Lo que no me esperaba es que a la gente le gustara lo que hago. Como terapeuta y educadora especializada en menores sabía que había un demanda importante, pero no me había planteado hacer mi trabajo en televisión», asegura la que desde hace tres semanas ejerce de Supernanny en Cuatro.
Ramos-Paúl ha captado la atención de la audiencia enseñando a los padres estrategias «de fácil aplicación» en la que es su primera experiencia televisiva, Supernanny, un formato enmarcado en la telerrealidad que nació en Inglaterra y que ha arrasado en cadenas de Estados Unidos, Francia, Alemania e Italia.
«La fórmula me interesó, me pareció seria y rigurosa, aunque tenía que adaptarla a mi estilo. Sé que la televisión llega a mucha gente, pero mi propósito es hacer en pantalla el mismo trabajo que hago en el despacho. Es decir, intentar transmitir bien y abordar los casos con respeto y cariño», recalca nuestra Supernanny particular, que, por el momento, no ha lamentado haber aceptado la propuesta de la productora Magnolia TV.
«Cuento con un equipo muy profesional que respeta mis criterios y yo entiendo y escucho los suyos. He llegado a la tele después de muchas sesiones de trabajo y diálogos. Pero no puedo decir que sea un descubrimiento porque, con cámara delante o no, continúo haciendo mi trabajo. La novedad es que mis intervenciones se graban y hay que tener otro ritmo al ser más rápidas que cuando estoy en la consulta», apunta la experta.
Esta profesional, antes de ser elegida Supernanny pasó una criba entre más de 250 aspirantes al puesto. «Mi currículo se adapta al espacio. Tengo experiencia teórica y práctica, se me dan bien los niños. Hay padres que, por miedo, no saben cómo tratar y comunicarse con los chicos. Yo creo que se puede educar a los padres, de lo contrario no estaría haciendo este espacio», relata.
Ver la televisión con los niños
Licenciada en Psicología, Ramos-Paúl no está en el bando de los que prohíben ver la televisión a los más pequeños de la casa. «Se puede ver la tele en su justa medida. Creo que la base está en cómo controlar el medio. Aconsejo que los chicos se sienten delante del televisor acompañados por un adulto para que éste les explique lo que están viendo», señala Ramos-Paúl, a quien muchos colegas han felicitado. Supernanny atiende, fundamentalmente, temas relacionados con la alimentación, el sueño, los estudios, «y también cómo dar una orden e imponer un límite», añade Ramos-Paúl. Ella no sabe si este programa abrirá la puerta a otros. «Todas las familias que nos han contactado están satisfechas y las recomendaciones que damos pueden servir a otros», explica.
La psicológa Rosa Ramos-Paúl
ejerce de Supernanny en Cuatro. | JOSÉ JAVIER ESPARZA Telenanny
UNO de los grandes aciertos de esta temporada es Supernanny (Cuatro), ese programa en el que una especialista acude a echar una mano en familias donde hay niños con problemas. Estos relatos son siempre interesantes. Pero, además, se están convirtiendo en un singular alegato contra el exceso de televisión. Es impresionante ver cómo la televisión se ha convertido en árbitro de la vida familiar. Todos lo sabíamos, pero la constatación se hace mucho más percuciente cuando la vemos con toda nitidez en un retrato de comportamientos cotidianos y, sobre todo, cuando nos la ponen en relación con la mala educación infantil.
En lo que concierne a Supernanny, el programa le echa valor al señalar directamente y sin paños calientes a la tele como culpable de los trastornos familiares; no es fácil decir esas cosas en un programa -precisamente- de televisión. |
La especialista de Supernanny, en todos los casos, consigna entre las nuevas normas de «regeneración familiar» la restricción de la tele. No hay que poner la tele para relajar a niños sobreexcitados. No hay que entregar el mando a distancia al niño. No hay que ver la tele mientras se come o se cena. Todo eso se prescribe para familias que tienen en casa tres, cuatro aparatos de televisión: el gran receptor familiar en el salón, los aparatos más pequeños en los dormitorios (con frecuencia, en los de los niños), otro más en la cocina, bien visible junto al inevitable jamón. El problema, por supuesto, es que algo falta: entre el jamón y la tele, lo que falta es que la gente hable. La tele, en ámbitos como el familiar, ya no es una pantalla de comunicación, sino una pantalla de interposición, un biombo, un muro, una barrera de sonidos e imágenes que aísla a cada cual dentro de sí. La pantalla cumple su función, naturalmente: cuando la comunicación entre padres e hijos se hace imposible, la tele suple la carencia con una apariencia de comunicación individual. Pero no es más que una ilusión: la tele se apaga y el receptor sin luz vuelve a parecer un muro. Entonces no hay más remedio que volver a encender la tele.
La única manera de salir de ese círculo, propiamente vicioso, es que un día la tele no funcione. ¿Arcádica fantasía? No: los trabajos de campo de Supernanny demuestran que los niños aceptan sin gran esfuerzo el silencio de la tele, siempre que su ronroneo sea sustituido por la voz del padre o de la madre. Y los padres, a su vez, siempre quedan sorprendidos por el hecho de que sea tan fácil prescindir de la televisión.
diariodenavarra.es 12.13/03/06