viernes, 07 de julio de 2006
MADRID El conocimiento, o mejor aún, el dominio de los idiomas se ha convertido en un signo de nuestro tiempo y en un aval para el futuro profesional. Por esta razón, decenas de miles de familias españolas deciden que sus hijos dediquen parte de las vacaciones escolares a esta actividad.
Y es que estudiar idiomas no es ya un lujo o un capricho, sino una necesidad de primer orden si se quiere competir en igualdad de condiciones y con garantías de éxito. Hoy en día, el 90 por ciento de las ofertas de trabajo exige el dominio de inglés y, en muchos casos, de una segunda lengua. La convergencia europea impone esta exigencia ya que, en la libre circulación de titulados, que se hará plena realidad en 2010, el dominio de otras lenguas, además de la materna, será obligado.
La diáspora del verano
El verano, fundamentalmente julio y agosto, es testigo de una singular diáspora. Unos 130.000 españoles, un 60 ciento de ellos menores de edad -la actividad suele iniciarse a partir de 9 años-, traspasan nuestras fronteras para aprender o mejorar sus conocimientos de idiomas. Otro número sensiblemente menor ya realiza cursos de lenguas extranjeras a lo largo del año y otro, cada vez mayor, acude a los cursos en diferentes lugares de España.
La demanda del inglés se mantiene a la cabeza -alrededor del 90 por ciento del total- y el Reino Unido (35%) es el país más solicitado, seguido de cerca por Irlanda (23%), Estados Unidos (15%) y Canadá, éste todavía en menor medida. El francés y el alemán comienzan a emerger en un mercado que abre sus brazos más allá del continente europeo.
Según datos de la Asociación Española de Promotores de Cursos en el Extranjero (Aseproce), a través de la cual se canaliza la actividad de unas 100.000 personas, en el caso del inglés se advierte una creciente tendencia a buscar otros destinos como Australia, Nueva Zelanda y Malta. Los alumnos que optan por el francés acuden en su mayoría a Francia y, en menor medida, a Canadá. Las Antillas francesas aparecen como un destino más exótico. Asimismo, el alemán comienza a ganar terreno en este mundo del aprendizaje de las lenguas extranjeras.
El año pasado, los cursos de idiomas generaron unos 400 millones de euros, cifra que se espera repetir este año, según la secretaria general de Aseproce, Ana María Iglesias Medela.
El precio de un curso en el extranjero varía según el país, la modalidad de residencia y otras circunstancias pero en el caso de los jóvenes la media es de 2.500 euros. Este precio incluye traslado en avión, alojamiento y manutención en casa de una familia durante cuatro semanas y clases. Si se trata de adultos, el coste varía, ya que no se incluye el traslado. Como alojamiento se puede elegir una residencia y la duración de los cursos es diferente.
Recuperación
El mercado de cursos de idiomas en el extranjero experimentó un ligero descenso tras los atentados del 11-S en Estados Unidos, aunque ahora se advierte una progresiva recuperación. No obstante, se dejan sentir los efectos de la bajada de la natalidad, problema que se está viendo compensado por el incremento del número de personas que deciden enviar a sus hijos a estudiar idiomas al extranjero.
Con el paso del tiempo y según reconocen las propias familias, su elección se ha ido depurando y extreman las medidas para evitar que compañías «piratas» les ofrezcan cursos de baja calidad «con el reclamo de un menor precio». Prefieren «un gasto más elevado pero con todas las garantías personales y académicas para sus hijos». En la actualidad, algunos colegios que canalizan las gestiones de sus alumnos envían un profesor como apoyo a los escolares en su inmersión lingüística.
Pese a ser su objetivo fundamental, los cursos en el extranjero no se limitan a consolidar y perfeccionar el conocimiento de cualquier idioma, sino que constituyen también una valiosa experiencia educativa. Junto a la formación lingüística, contribuyen al enriquecimiento personal y la formación de carácter humanístico que proporciona la convivencia con personas de una cultura distinta a la propia.
Por esta razón, a la hora de elegir la estancia en un país extranjero, sobre todo para los más pequeños, los padres optan por el alojamiento en familias, ya que consideran que la convivencia cotidiana en un hogar contribuye a una formación más completa. Los expertos sugieren que se busque una familia en la que el alumno encuentre chicos de su edad y en la que no tenga posibilidad de hablar en español.
Mejor que hace diez años
Pese a que los españoles entienden cada vez más que el aprendizaje de idiomas en el extranjero es una parte fundamental de la formación profesional y personal de sus hijos, «aún seguimos estando a considerable distancia de los países europeos más desarrollados», asegura Iglesias Medela.
El último Eurobarómetro resalta que en cuanto al inglés, España está por debajo de Francia, Italia y Portugal. Otros informes corroboran que nuestro nivel es «bastante» más bajo que el de nuestro entorno, aunque estamos claramente mejor que hace diez años. Asenjo abc.es 18/06/06