Dejen jugar a los niños· Los pediatras reivindican el tiempo libre ante el exceso de actividades extraescolares · "Demasiados niños van estresados", advierte la psicóloga infantil Virginia Trémols
· Ordenadores y televisión ofrecen un entretenimiento más pasivo que juegos clásicos como los de construcciones o muñecas
· Matricular a los niños en un gran número de actividades no es la mejor manera de ayudarles, advierten los pediatras
El juego espontáneo, en el que los niños pueden desplegar su imaginación, "es importante para el desarrollo saludable del cerebro", destaca un informe de la Academia Americana de Pediatría
Josep Corbella 16/01/2007 Barcelona | El exceso de actividades extraescolares y el abuso de videojuegos amenaza una de las actividades más educativas pero menos valoradas de la infancia: el juego espontáneo, en el que los niños crean sus propias normas y pueden desarrollar su imaginación y creatividad. Al mismo tiempo, un ritmo de vida apresurado y unas agendas sobrecargadas, tanto de adultos como de niños, reducen el tiempo que padres e hijos tienen para hacer actividades juntos.
Resultado: en lugar de ayudar a los niños a estar lo mejor preparados posible para el futuro con actividades extraescolares y ordenadores, se les priva de la oportunidad de desarrollo aún mayor que ofrecen el juego espontáneo y el diálogo fluido con los padres.
Así lo advierte la Academia Americana de Pediatría (AAP) en un informe publicado en el último número de la revista Pediatrics. "La situación es similar en nuestro país", señala Jaume Iglésias, presidente de la Societat Catalana de Pediatria. "Por el bien de los niños, habría que reducir el tiempo que dedican a actividades extraescolares y aumentar el tiempo que se les deja para jugar". Virginia Trémols, psicóloga infantil de USP Institut Dexeus, coincide en que "demasiados niños van estresados, les falta tener un tiempo en el que no tengan nada que hacer".
Este tiempo sin nada que hacer no es un tiempo perdido, aclaran pediatras, psicólogos y pedagogos. Al contrario: es un tiempo de gran valor educativo en que los niños aprenden a organizarse y a decidir por sí mismos qué quieren hacer. "Si un niño se aburre porque no tiene nada que hacer, al cabo de un rato siempre acaba encontrando algo que le interesa", observa Trémols.
La AAP destaca en su informe, en el que han participado 28 especialistas, que "el juego permite a los niños expresar su creatividad y desarrollar su imaginación, su destreza manual y sus aptitudes físicas, cognitivas y emocionales", por lo que "es importante para el desarrollo saludable del cerebro". Más virtudes del juego no estructurado: cuando se juntan varios niños, "aprenden a trabajar en grupo, a compartir, a negociar, a resolver conflictos y a defender sus puntos de vista". Y cuando tienen ocasión de jugar con sus padres, "los niños perciben que los adultos les prestan toda su atención y contribuye a construir relaciones duraderas".
Los adultos pueden tener la sensación de que este tiempo de juego pasado por los niños es un tiempo improductivo, pero "para los niños sí es productivo", sostiene Joan Segarra, pedagogo de la Fundació Pere Tarrés. Un ejemplo: cuando un niño juega con piezas de construcciones y se le cae la casa cuando ya sólo le falta poner el tejado, "aprende a enfrentarse a la frustración y a volverlo a intentar cuando una cosa le sale mal", explica Segarra.
Frente a todas estas ventajas, ¿qué ofrecen las actividades extraescolares? Para un gran número de familias, crean una situación en que "gran parte del tiempo que los padres están con los niños se pasa llevándoles de un lugar a otro u organizando actividades", indica la AAP. Y para muchos niños, crean una sensación de que "deben ser excelentes en muchas áreas distintas", cuando "en el mundo adulto pocas personas son excelentes en más de una o dos áreas". Algunos estudios han relacionado esta presión por el éxito a edades tempranas con "síntomas de ansiedad y depresión".
No es que la AAP esté en contra de las actividades extraescolares, "con las que muchos niños se desarrollan bien" y que "son vitales para el progreso académico de algunos niños". Y Jaume Iglésias, de la Societat Catalana de Pediatria, recuerda que "muchos padres se ven empujados a matricular a sus hijos en actividades extraescolares porque sus profesiones no les permiten pasar las tardes con los niños".
Pero la AAP recuerda que "incluso los niños que se enriquecen con las actividades extraescolares necesitan algún tiempo libre no organizado". Por ello, recomienda que se busque un equilibrio entre actividades extraescolares y tiempo libre y reclama "que no se presione a los niños más allá del límite que cada uno puede soportar".
En cuanto a los ordenadores, los videojuegos y la tele, ¿qué ofrecen frente a las ventajas de juegos clásicos como los de construcciones y muñecas? Poco, según la AAP: "Estas formas de entretenimiento pasivo tienen algunos efectos perjudiciales", sobre todo cuando se las compara con "los beneficios para la salud del juego activo y creativo". La psicóloga Virginia Trémols coincide en que "hay que aprender a apagar la consola o la tele; los juegos más activos son más estimulantes para el desarrollo de los niños". Pero matiza que "los niños de hoy en día crecen en un mundo multimedia y tienen que aprender a manejarse con estas tecnologías porque, si no, podrían sentirse marginados".
La AAP concluye recordando a los padres que "las aptitudes más importantes que prepararán a los hijos para tener éxito en sus vidas no se derivan de actividades extraescolares sino que tienen su base en el amor de la familia y en la oportunidad de actuar como modelos y como guías". Y que, "aunque se haga con la mejor intención", matricular a los niños en un gran número de actividades "no es la mejor manera de ayudarles". Más importante a largo plazo que el inglés, el piano o el tenis, según la AAP, es "el tiempo para estar juntos, para hablar y para escuchar". LV
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