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martes, 06 de febrero de 2007

Publicado por Seina @ 8:00


Sobresalientes para la generosidad
Ayudar a los más necesitados es una vocación, pero también una asignatura. 140 estudiantes de Bachillerato de Maristas de Málaga
FOTO: ANTONIO SALAS
ADELANTE. Rocío entra en el parque de la mano de Thierri y Melanie.

ACCIÓN SOCIAL
Plan de Educación Social del Colegio Maristas.
Miembros: 140 alumnos de primero de Bachillerato más un tutor adulto en cada grupo.
Participantes: ONG, estudiantes, padres, profesores y ex alumnos del centro.
Organización: Los jóvenes, en grupos pequeños, dedican dos horas, un día a la semana, a la tarea que previamente han elegido. Están siempre acompañados por un tutor mayor de edad.
Objetivo: Fomentar la educación en valores como la solidaridad y la entrega desinteresada.
Asociaciones y entidades colaboradoras: Asociación de padres de niños paralíticos cerebrales (Amappace), Asociación de padres de niños autistas, Once, Asociación de familiares de enfermos de Alzheimer, asociación de ayuda a la infancia Vivre, Cotolengo, Asociación de familiares de niños deficientes psíquicos Aspromanis, residencia San Juan de Dios, residencia San Agustín, guardería del Hospital Materno, etc.
IGNACIO LILLO/4 FEB. MÁLAGA Le ha costado ponerse en situación y alejarse de su madre, pero ahora no para. Dani va de las bolas al tobogán, luego a la cama elástica y al caballito. Una parada obligada para merendar y ya vuelve a dar carreras por el parque infantil Magic Park. No está sólo. Varios estudiantes del colegio Maristas lo acompañan, juegan con él y velan para que no se haga daño.

Unos metros más allá, Melanie y Thierri corretean de la mano de varias monitoras. Están alucinados. No se les cae la sonrisa de la cara. Tampoco a los jóvenes con quienes pasan la tarde. Trabajar con niños inmigrantes -y, de paso, dar un respiro a sus madres para que puedan atender sus obligaciones laborales- no es sólo una experiencia solidaria, sino también una asignatura en la que la nota no es lo más importante. Todavía en brazos de su madre, Dulce, un bebé de apenas un año, sonríe a las carantoñas de los participantes, y ya parece animada a sumarse a la fiesta.

El taller de guardería es uno de los más de 20 que el centro educativo ofrece a los 140 alumnos de primero de Bachillerato, y por el que todos tienen que pasar dentro de su formación. Al menos una vez a la semana, chicos con edades de entre 16 y 17 años se enfrentan a realidades muchas veces difíciles y a las que pocos están habituados. Su ayuda altruista es un respiro para padres con hijos discapacitados físicos y psíquicos, para cuidadores de ancianos o enfermos y para familiares de aquejados de alzheimer, entre otros muchos.

Educación Social

Los profesores Juan Antonio Fernández y Federico Fernández Basurte son los responsables del Plan de Educación Social de Maristas. «Todos los alumnos tienen, como complemento a la asignatura de Religión, unas horas de trabajo de solidaridad en la práctica. Es una experiencia que no se puede impartir en el aula. Pretende crear actitudes, una preocupación social y un compromiso con los más necesitados, que les lleve a transformar esa realidad».
Mayores, discapacitados, enfermos y personas necesitadas... Las posibilidades de cooperar son tan amplias como las propias sensibilidades de los participantes. «Los estudiantes eligen el entorno que más le atrae y un horario adaptado a sus necesidades». Un partido de fútbol, un rato chapoteando en la piscina, o un poco de conversación, a veces incluso durante los fines de semana. Son actividades que, según sus responsables, sirven para que los adolescentes trabajen valores como la generosidad, la compasión, el servicio y la gratuidad.

Apoyo de las familias

La tarea tiene una duración de unas 30 horas de noviembre a mayo, y están implicados los progenitores, los profesores y el propio equipo directivo. «Los grupos están acompañados siempre por un tutor adulto, entre padres, docentes y antiguos alumnos, personas que hicieron el taller en su momento y siguen ofreciendo su tiempo», agrega Federico Fernández, para quien la labor solidaria está considerada una asignatura más. «Está plenamente integrada en el plan educativo del centro», acentúa.

La confianza de los padres es clave. «Los estudiantes tienen exámenes y a veces es difícil compatibilizar, pero todos mantienen la responsabilidad y el compromiso». Este es el sexto año de funcionamiento y, según el profesor, tiene un alto grado de satisfacción tanto de los alumnos como de los padres. Al término, los participantes escriben una memoria, un diario de campo en el que recogen sus experiencias y reflejan lo que han aprendido.

María Victoria Portillo, 21 años, es la tutora del proyecto de ludoteca, en el que participan de momento siete estudiantes y cuatro niños. Ex alumna del centro, es el segundo año que actúa como monitora. «Cuando estudiaba era voluntaria en la guardería del Hospital Materno, cuidando a los pequeños que estaban hospitalizados. Jugaba con ellos y le ayudaba con los deberes. Me quedé con ganas de más». Lo suyo es vocación. Aunque ahora estudia Osteopatía, le gustaría ser enfermera, «para ayudar a los niños». No obstante, reconoce que el taller en el que ahora participa va más allá. «Nuestra labor sirve para que los jóvenes inmigrantes se integren».

Los estudiantes muestran motivaciones diferentes para participar, y la mayoría espera dedicarse en el futuro a la docencia o a la sanidad, pero todos tienen en común el gusto por la infancia. Se muestran ilusionados, mientras se reparten las tareas. «El trato con los niños es diferente a todo, son muy agradecidos. Es una experiencia muy bonita», afirma uno de los adolescentes. «Están muy contentos, es una experiencia diferente, y una labor muy útil y positiva», añaden varias chicas. Todos están dispuestos a repetir.

Guardería solidaria

La ludoteca es una de las actividades más innovadoras de cuantas se realizan. Es fruto de la conjunción de sensibilidades muy distintas: el propio colegio, las ONG, las madres de los pequeños y el centro Magic Park, que cede gratuitamente sus instalaciones. Así lo explica Ismael Frederick, responsable de Vivre, asociación especializada en el trabajo con la infancia en países como Haití, e impulsora de la iniciativa.

Como cooperante, solicitante de asilo y antiguo usuario del centro de acogida del Comité de Ayuda al Refugiado (CEAR), siente de forma muy cercana las carencias de las madres cuando salen del hogar. «Observamos que no tenían nadie con quien dejar a sus hijos, y ello era un impedimento para encontrar trabajo. El programa es un éxito, ahora tenemos más voluntarios que niños», sonríe, satisfecho.

Recuerda que todo surgió tras una charla sobre la situación de las madres extranjeras que viven solas en Málaga. La respuesta de los estudiantes no se hizo esperar. Rocío González, estudiante de Animación Sociocultural y colaboradora de esta entidad, agrega: «Es una oportunidad para muchos padres que no pueden pagar una guardería y que carecen de un entorno que les ayude. Pero también es una opción para que los niños se integren y aprendan de los cuidadores».

La Plataforma de Voluntariado de Málaga es otro de los colectivos que participa en la propuesta. Anabel Barrera, una de sus responsables, acentúa la oportunidad que supone para reforzar la formación de los menores. «La actividad debe tener un contenido pedagógico, además de jugar».

Cuestión de confianza

Josephine, nigeriana de 28 años, es una de las madres que ha recurrido a este programa. Solicitante de asilo político, recala en Málaga hace nueve meses, tras una estancia en Madrid, y dice sin tapujos que no tiene a nadie a quien recurrir. «Estoy sola, con mi hijo. No tengo familia ni amigos en Málaga con quien dejarlo. Con esta ayuda tendré tiempo para buscar un trabajo». Su principal anhelo es el mismo que el de tantas madres: lograr un empleo que le permita ganarse la vida y que pueda compatibilizar con el cuidado de Daniel, de dos años.

Jocelyn Iboy, 24 años, llegó hace cuatro meses a la capital procedente de Guatemala, como refugiada. Todavía vive en el centro de acogida del CEAR, pero pronto se independizará. Mientras busca empleo, la pequeña Dulce, de un año, estará al cuidado de los cooperantes. «Al principio me daba un poco de miedo, pero confío en ellos porque están capacitados. Además, necesito tiempo para trabajar».

El último ingrediente, pero sin el cual no sería posible, es el recinto infantil Magic Park, ubicado en la calle Trinidad Grund. Jean Jules y su mujer, María Eugenia García, son sus propietarios. Él llegó de Camerún en 1996, y pasó por el centro de acogida del Comité de Ayuda al Refugiado, por lo que también conoce de primera mano a lo que se enfrentan las madres solas. «Sentíamos la necesidad de ayudar a los más necesitados. Estamos contentos con la experiencia, es muy gratificante», comenta Jean Jules. «Fui refugiado y me quiero solidarizar con las personas que pasan por mi situación. Tengo una hija y estoy esperando un niño, me siento identificado».

En una sociedad cada vez más competitiva, donde la carrera por un buen puesto de salida hacia el mercado laboral empieza a edades tempranas, un grupo de estudiantes, cooperantes y profesores demuestra cada semana que la asignatura más importante es la vida.



Idea +iNFO VIVRE. C/ Velázquez, 15. Rincón de la Victoria. 952401811. vivresigloXXI@gmail.com

  • 25/01/07 Una ONG dará servicio de guardería gratis a los hijos de trabajadoras inmigrantes
    Se ubicará en un local de ocio infantil del Centro y estará atendido de forma voluntaria por un grupo de padres y estudiantes del colegio de Maristas Arrancará la próxima semana y funcionará por las tardes de lunes a viernes
    IGNACIO LILLO/MÁLAGA

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    Menores en los conflictos olvidados


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    Conciliar la vida familiar y laboral es difícil para la mayoría de los padres cuando ambos trabajan. Abuelos y demás allegados, cuidadoras contratadas o la guardería suplen a los progenitores durante la jornada. Pero cuando se trata de una madre sola, recién llegada a la ciudad, sin una red social, sin posibilidades económicas para acudir a los recursos privados ni plazas en los públicos, criar a un hijo y, al tiempo, respetar los horarios de la empresa se hace a menudo muy cuesta arriba.

    Vivre es una ONG malagueña especializada en el trabajo con la infancia en la provincia y en países empobrecidos como Haití, y se ha propuesto paliar el problema. La semana que viene pondrá en marcha la ludoteca solidaria, una guardería destinada a suplir las carencias de las madres inmigrantes. Y, de paso, a crear vínculos interculturales entre familias malagueñas y sus nuevos vecinos.

    La iniciativa es pionera y fruto de la colaboración de varias instituciones. Ismael Frederick, presidente de Vivre e impulsor del proyecto, ha vivido el desamparo en el que se encuentran estas personas desde dentro. «Yo soy solicitante de asilo. Era usuario del centro de acogida del Comité de Ayuda al Refugiado y sentía de forma muy cercana las carencias de las madres cuando salían del hogar».

    La vocación le viene de antiguo. Antes de huir de Haití, Frederick militaba en ADJ (Acción Democrática Juvenil) y la Asociación para el Desarrollo Intelectual y Cultural (ADIC). Su labor social se centraba en la sensibilización de los más jóvenes, para evitar que entraran en el conflicto armado, impartiendo talleres por todo el país. Le costó el exilio.

    Charla escolar

    El cooperante acudió a dar una charla en el colegio de los Maristas, organizada por la Plataforma de Voluntariado, y el problema de las mujeres inmigrantes con hijos caló en los estudiantes. «Un grupo de chavales se ilusionó mucho e implicó a sus familias en la idea». Ya cuentan con una veintena de voluntarios, entre padres, alumnos y profesores de Secundaria, y estarán apoyados por miembros de la Plataforma.

    La tercera pata del proyecto es el recinto infantil Magic Park, ubicado en la calle Trinidad Grund, en el Centro, cuyos responsables han cedido de forma gratuita sus instalaciones para que los pequeños puedan entretenerse.

    Su propietario, Jean Jules, también tiene historia. Procedente de Camerún, pasó por el centro de acogida del Comité de Ayuda al Refugiado (Cear) en 1996. Una década después dirige dos negocios: el propio parque y un locutorio en Benalmádena. «Queremos ayudar a los demás dentro de nuestras posibilidades, echar una mano a quien lo necesita. Me siento parte del camino que tienen por delante los niños, porque he pasado por lo mismo. Los chavales no tienen más familia y aquí tienen un sitio seguro para pasar la tarde mientras sus madres trabajan».

    Comenzó a trabajar como peón en Prolongo, en horario de tres de la tarde a tres de la mañana, seis días a la semana, «y sin faltar ni un día», acentúa. Allí estuvo tres años. Luego hizo un cursillo de electricidad y pasó a una empresa del ramo. Hasta que finalmente se decidió a crear su propio negocio. «Tenía la idea de un parque de ocio y me enteré de que se traspasaba Magic Park». De eso hace ya dos años. ¿La clave? «Trabajo duro, siete días a la semana sin parar. Mi vida sólo ha cambiado en que ahora tengo menos horas de sueño», bromea.

    A modo de ensayo, la ludoteca arrancará con tres niños de entre 18 meses y siete años, «cuyas madres están trabajando y necesitan apoyo», dijo Frederick. La asociación se encargará de seleccionar a los candidatos, en función de su problemática y necesidades.

    Grupos de ayuda

    En cuanto a la organización, en principio cada día le tocará a un grupo formado por dos menores y un padre o tutor adulto (y un segundo equipo de reserva), aunque el personal se irá incrementando cuando sea necesario por el número de usuarios.

    «Se trata de buscar alternativas útiles, de llegar a donde otros no llegan, a donde la Administración no puede alcanzar por la falta de plazas y de horarios», afirma el joven cooperante. «Pero también es una forma divertida de fomentar el contacto con personas de otros países y culturas». DS

  • Ismael Frederick: "La labor del voluntariado en Málaga es muy valiosa"

    22/12/2006 Vocento VMT -El presidente de la ONG "Vivre" conoce de cerca el problema de los jóvenes de su país por haber sido refugiado haitiano en España de Ismael

    ¿En qué se centra su labor en Vivre?

    Nos encontramos con que la mayoría de los jóvenes que abandonan los núcleos rurales de procedencia en Haití, lo hacen por motivos socioeconómicos. Cuando yo trabajaba allí con los niños y jóvenes, mi labor era transmitirles que teníamos que construir dentro del caos en que vivíamos, dar lo mejor de cada uno.

    ¿Cuál es la situación actual en la zona después de estallar el conflicto?

    La situación en estas zonas es absolutamente caótica. Por otra parte, nuestra actuación se dirige a familias con escasos recursos, sobre todo de tradición agrícola. Cuando los niños no pueden ser acogidos por sus familias, van hacia la capital, donde acaban metidos en el conflicto como soldados, que es donde circula el efectivo. Otros deciden cruzar la frontera a República Dominicana, donde, si es que consiguen llegar, los explotan como obreros, estafándolos además. Desde Vivre estamos tratando de que esos niños no tengan la necesidad de desplazarse; en un primer estadio del proyecto, queremos hacerlo desde la escolarización, pero a medio plazo, nos planteamos la formación ocupacional. Que los niños aprendan a sobrevivir a partir de trabajar la materia prima de la que disponen.

    ¿Cuáles son los proyectos que van a desarrollar desde ahora?

    Desde España, tenemos varios programas en los que distintas instituciones colaboran con nosotros. Por ejemplo, en el programa de Correspondencia abierta en el que colaboran chicos del colegio Maristas y de La Biznaga, para crear vínculos que ayuden a los niños haitianos a verse en otro grupo de iguales. En Haití vamos a tratar de, a través de una cuota individual y personalizada, escolarizar a los niños. La labor del voluntariado en Málaga es muy valiosa. noticias.ya.com

    Tags: ONG, Vivre, voluntariado, acción, social, Maristas, Málaga

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