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domingo, 01 de abril de 2007

Publicado por Seina @ 8:01


NEE La expresión "necesidades educativas especiales" remite, para la mayoría, a problemas de aprendizaje, dificultades idiomáticas e impedimentos varios. Sin embargo, dicha categoría también incluye a los alumnos con altas capacidades (antaño superdotados), una denominación en la que, con distintos grados, cabe entre el 3 y el 5% del alumnado
. Aunque persisten problemas en su identificación, la gran duda llega a la hora de establecer estrategias de actuación.

Santiago Ruiz-Valdepeñas, alumno del IES Santa María de Alarcos en Ciudad Real, ha sido medalla de bronce en la Fase Nacional de la Olimpiada de Matemática.
Santiago ejemplifica en la pizarra uno de los ejercicios que realizó en la fase nacional.






Rodrigo SANTODOMINGO
28 de marzo MAGISNET

Han sido quizá los grandes olvidados de los sistemas educativos contemporáneos. Volcada en el objetivo de la universalización y (una vez conseguida ésta) en atender correctamente a los alumnos con algún tipo de déficit de aprendizaje, las aulas de las últimas décadas han ido postergando uno de los desafíos más apasionantes para cualquier educador: retar a los más capaces y conseguir que su enorme potencial no se quede en mera promesa.

Tanto ha obviado la enseñanza reglada a su top intelectual que ni siquiera hoy en día es capaz de ponerse de acuerdo a la hora de denominar a los niños y niñas que lo conforman. ¿Superdotados? ¿Alumnos con altas capacidades? ¿Talentos precoces? ¿Simplemente genios? Hay multitud de matices, pero el término más aceptado en la actualidad entre los expertos se refiere a altas capacidades.
Bien. Sabemos cómo llamarlos, pero seguimos sin estar muy seguros sobre quiénes son. Según la Organización Mundial de la Salud, todo aquel que puntúe por encima de 130 en el test ideado por la Universidad de Stanford (EEUU) para calibrar el cociente intelectual (CI). Para algunos autores, el mínimo común denominador sería un CI de 140. Otros lo elevan hasta 150.

Y claro, luego están los que no se fían de los test o estiman que son necesarios pero no suficientes. Es el caso de Nilda Aguirre, consultora del Programa de Atención al Alumnado con Altas Capacidades Intelectuales de la Comunidad de Madrid. “Muchas veces los test de inteligencia no identifican del todo qué niño es superdotado porque no tienen en cuenta, por ejemplo, si un niño es inmigrante y tiene la barrera del idioma”, declaró en una reciente entrevista a este semanario.

Aguirre y otros muchos abogan por complementar el test de CI con otro tipo de pruebas y entrevistas (escasamente estandarizadas por cierto) que revelen talentos ocultos.
Lo que a su vez nos lleva a otra vuelta de tuerca que complica más aún las cosas: no hay un solo tipo de superdotación (o, digamos, “naturaleza de las altas capacidades...), sino varios. Como botón de muestra, sirva la clasificación propuesta por la profesora Mª Inmaculada Ramírez: superdotación creativa y con cociente intelectual elevado. Hay infinidad de ellas.

Aceleración

En definitiva, hablar de altas capacidades equivale a caminar sobre terreno pantanoso. Cuando toca calificar y evaluar a quienes las poseen, pero sobre todo en aquello que rodea las estrategias de actuación una vez que ya han sido identificadas.

Existe un dilema que actúa como principal semilla de la discordia. Se resume en la siguiente pregunta: ¿es bueno que los alumnos execepcionalmente inteligentes compartan pupitre con estudiantes mayores que ellos?

Para algunos (ver entrevista en la pag. 3) nada indica empíricamente que dicha medida tenga que traducirse en inadaptación socio-emotiva. De hecho, no son pocos los que aseguran que el niño o adolescente con altas capacidades también suele madurar antes que sus iguales en otras facetas de su persona.

No todos piensan de igual forma. El francés Jean Terrasier acuñó en los años 90 el termino disincronía para referirse a un fenómeno que ya habían observado con anterioridad otros investigadores. Hablamos del desfase entre diferentes niveles de desarrollo (en especial entre el intelectual y el emocional), habitual entre los superdotados.

Ya en 1942, el norteamericano Leta Hollingworth –pionero en el estudio de las altas capacidades– escribió que “tener la inteligencia de un adulto y las emociones de un niño combinadas en un cuerpo infantil significa afrontar ciertas dificultades”.
Problemas que Pilar Martín Lobo, psicóloga responsable de un programa de alto rendimiento que se lleva a cabo en un colegio de Llanera (Asturias), ha tratado de evitar manteniendo a los alumnos a los que se detectan altas capacidades en el curso que les corresponde por edad. Los más capaces ayudan a sus compañeros con problemas de aprendizaje (elaboran por ejemplo esquemas de asignaturas completas) y colaboran con el profesor. También inventan artefactos y profundizan en campos del saber no curriculares.

El profesor Javier Tourón responde a los que se muestran escépticos frente a la opción de acelerar el ritmo escolar (ver apoyo en pág. 2) sobre los “daños que se provocan a un niño con altas capacidades si no se cultiva adecuadamente su talento. Hay que tener en cuenta que si mutilamos su capacidad de aprender, estamos destruyendo uno de sus grandes activos”.

Tourón no defiende una u otra posibilidad, sino más bien dotar de una mayor flexibilización a los procesos educativos para avanzar hacia una idea de igualdad de oportunidades liderada por el principio a cada uno según sus necesidades.

Asturias

Otra fórmula que no descarta el profesor Tourón es la que, desde el pasado septiembre, se aplica en el programa madrileño de altas capacidades. Los niños permanecen en el aula con compañeros de su misma edad, pero, como apunta la compañera de Aguirre, Norma E. Hernández, “si un niño tiene una sobredotación en Matemáticas, y a ese niño hay que acelerarle [entendido en este caso como enseñarle contenidos de cursos superiores], se le acelera”.
Actualmente, la legislación española permite que un alumno avance tres cursos (o incluso más si fuese necesario) durante su período de escolarización obligatoria. Antes eran dos, pero una sentencia judicial sentó las bases para que saltarse años escolares deje de ser un problema legal en nuestro sistema educativo.

Cada vez más comunidades regulan explícitamente dicha posibilidad en sus cuerpos jurídicos. La última ha sido Asturias, que hace unas semanas aprobó la norma que abre la puerta para apretar el acelerador durante el tránsito por la Secundaria.
Es un recurso más, ni mucho menos exclusivo para abordar las altas capacidades. Un campo en el que el único consejo universal es tratar a cada alumno como si fuera un caso aparte.

Dos métodos

Aunque con distintos nombres, básicamente existen dos estrategias para abordar el tratamiento diferenciado a los niños que muestran altas capacidades: aceleración curricular (estudiar contenidos en principio reservados a otros cursos superiores) y enriquecimiento (ampliar horizontes sin sustituir los programas escolares previstos para su edad).
Resulta complicado delimitar donde termina un tipo de estrategia y empieza la otra. Para algunos expertos como el profesor Tourón (ver entrevista), ambas se solapan hasta el punto de que una conduce a la otra y viceversa.

Si nos referimos a la aceleración, la medida más controvertida (pero ni por asomo la única) es adelantar de curso académico al alumno para que estudie junto a compañeros mayores que él. También se puede acelerar (entendido como avanzar de curso) en algunas materias y en otras no, e incluso enseñar contenidos avanzados sin cambiar al chico o chica del aula que corresponde a su edad.

Ambas (aceleración y enriquecimiento) pueden llevarse a cabo dentro de la enseñanza reglada o en centros especiales fuera del horario escolar.

  • “Ningún estudio dice que la aceleración provoque trastornos emocionales”

    Profesor en la Universidad de Navarra y fundador de la sede española del Centro para Jóvenes con Talento (CYS en sus siglas en inglés), Javier Tourón es uno de los grandes expertos en altas capacidades de nuestro país. Tourón rechaza el término “superdotación” por obsoleto y por que da a entender que una dotación excepcional ya existe, cuando lo cierto es que la “alta capacidad” es ante todo un potencial por desarrollar.

    - Si aceleramos el ritmo escolar de un niño con altas capacidades, ¿corremos el riesgo que provocarle daños emocionales?

    - No existen medidas universales para estos casos, aunque lo cierto es que ningún estudio ha demostrado que la aceleración sea dañina desde un óptica emocional o social. Otra cosa es que a determinados alumnos sí les afecte: una aspirina nos va bien a casi todos, pero a algunos puede producirles un agujero en el estómago...

    - ¿Aceleración implica siempre escolarizar al alumno en cursos superiores a los que le corresponden por edad?

    No. Hay unas 20 medidas posibles para acelerar el proceso de enseñanza de un sujeto concreto. A unos les convienen unas, y a otros, otras. Puede no ser adecuado cambiarle de curso en todas las asignaturas, pero sí en algunas. O no cambiarle en ninguna. De hecho, yo entiendo enriquecimiento y aceleración como caras de la misma moneda: una debe llevar a la otra. En definitiva, se trata de ser flexibles y conseguir que sea el currículo el que se adapte al niño y no al revés.

    - ¿Hay países que muestran menos reparos que otros a la hora de subir de curso a sus alumnos con altas capacidades?

    - En Estados Unidos y Australia, por ejemplo, existe mucha tradición a la hora de poner en marcha este tipo de programas. También en Alemania. En el otro extremo, hay países como Noruega que prohíben por ley esta posibilidad. A nivel internacional, la tendencia es en cualquier caso hacia la aceptación de la superioridad intelectual de determinados alumnos.

    - ¿Disponemos en España de buenos sistemas para identificar a alumnos con altas capacidades?

    - Se estima que el 95% no están identificados o bien atendidos. Habría que poner en marcha procesos sistemáticos y anuales en todos los centros, con pruebas que aporten indicadores tanto generales (cociente intelectual) como específicos (capacidades matemáticas, verbales...). La formación del profesorado es otra asignatura pendiente.

    - ¿Cómo? ¿Cuántos?

    - Al tratar con alumnos excepcionalmente brillantes, las primeras dudas surgen al elegir el término más adecuado para denominarles. En los últimos tiempos, “superdotado” va cediendo terreno en favor de “alumnos con altas capacidades”, preferible ya que indica algo así como un camino por recorrer para que el afortunado sujeto realmente se dote (a través del trabajo y el esfuerzo) de habilidades intelectuales muy superiores a la media. Luego están los niveles y los campos predilectos de las mentes privilegiadas: no es lo mismo tener un cociente intelectual de 130 que sobrepasar los 160; también es posible poseer un talento musical asombroso y no destacar de igual manera en matemáticas.

    Respecto al porcentaje de alumnos que pueden ser encuadrados en la categoría “altas capacidades”, hay quien se conforma con decir que no lo sabemos porque no todos han sido identificados como tales, mientras que otros (como el profesor Tourón) estiman que la cuestión es bien sencilla. Identificados o no, hablamos del 3-5% de la población con mejor intelecto. www.magisnet.com


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    Santiago Ruiz-Valdepeñas, alumno del IES Santa María de Alarcos ejemplifica en la pizarra uno de los ejercicios que realizó en la fase nacional.

    Tags: NEE, superdotados, acelerados, altas, capacidades, apoyo

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