TICs 754 alumnos vascos de Secundaria, 322 en Guipuzcoa, participan en este proyecto pionero en España
Las asignaturas telemáticas tienen por primera vez carácter evaluable y cuentan para la nota final
. La teleformación es una ventana para los padres
TELEMÁTICAS. En lugar de pizarra, los alumnos estudian con un ordenador. En la imagen, varios estudiantes de Axular Lizeoa durante las clases telemáticas. | ARANTXA ALDAZ 19 ABR. SAN SEBASTIÁN. DV.
Las nuevas tecnologías están cobrando cada vez más fuerza en el sistema educativo vasco. Un total de cincuenta colegios incluyen este curso cinco asignaturas on line, que se imparten, única y exclusivamente, a través de internet. Se trata de una experiencia pionera en España y que sitúa al País Vasco a la cabeza del desarrollo de la teleformación como herramienta educativa. Lo inédito del proyecto, que este año adquiere rango oficial, se entiende nada más entrar en una de las clases: la pantalla del ordenador hace las veces de pizarra; en lugar de bolígrafo, el alumno se maneja con un ratón y el profesor ya no explica los contenidos en el encerado sino que resuelve |
las dudas a través de la web creada expresamente para la ocasión, www.eikasi.net.
La prueba piloto, en la que participaron 46 alumnos de seis colegios durante el curso 2005-2006, dio «muy buenos resultados», por lo que el Departamento de Educación decidió extender el modelo telemático al resto de interesados de la red educativa, tanto pública, como concertada. Porque con este sistema no hay diferencias dentro de la comunidad escolar, asegura Juan José Agirrezabala, director de Innovación Educativa: «Lo mismo lo pueden ofertar los centros pequeños que los grandes. Es una forma de igualar la oferta educativa».
De momento son 754 alumnos (322 en Gipuzkoa, 309 en Vizcaya y los 123 restantes en Álava) los que cursan las materias on line: taller de matemáticas (en euskera y castellano) y taller de cuentos digital (en inglés, euskera y castellano). Las asignaturas se ofrecen en las clases de secundaria como optativas, tienen por primera vez carácter evaluable y cuentan, por lo tanto, para la nota final del expediente. El objetivo es que los chavales se hayan familiarizado con las nuevas tecnologías una vez terminado la secundaria, aunque dejen de estudiar a los 16 años. «Que sean capaces de utilizar las nuevas tecnologías una vez salgan del colegio y seguir así autoformándose», apunta Agirrrezabala.
El método de la teleformación es sencillo. Exige, eso sí, «una apertura de miras» hacia el sistema educativo. Los chavales, al entrar en el aula, se conectan a la web a través de un nombre de usuario y contraseña particulares. En la página están colgados los contenidos y las tareas a desarrollar. La web está insertada en lo que denominan una plataforma de teleformación desde la cual pueden consultar sus dudas con los teleprofesores, un total de 25, que se conectan a la misma hora que los estudiantes. También pueden comunicarse a través de correos electrónicos o en el chat. La clase forma parte del horario lectivo y se imparte, generalmente, dos horas por semana como cualquier otra materia optativa, con la salvedad de que el único profesor que permanece en el aula hace las veces de vigilante. Las dudas académicas las resuelven los teletutores.
Pros y contras
¿Las clases on line acabarán imponiéndose a las presenciales? Agirrezabala reconoce que esa misma pregunta se la hicieron los profesores y responsables de colegios cuando el proyecto aún se estaba gestando. No oculta tampoco que la idea de sustituir los libros por ordenadores causó serias reticencias entre la comunidad escolar, pero a medida que se avanzaba en contenidos, el proyecto cuajó por sí solo. «La formación asistencial no desaparecerá. Se trata sólo de buscar nuevas herramientas que consigan potenciar lo que hasta ahora se echa en falta en el sistema habitual», apunta el director de Innovación Educativa.
La teleformación permite, por ejemplo, una atención más personalizada al alumno, a pesar de la no presencia del profesor, y permite adaptarse a los distintos ritmos de trabajo de cada escolar. «El seguimiento es muy exhaustivo. El teletutor puede observar qué tareas está haciendo el estudiante en cada momento. El sistema no permite fingir que se está prestando atención, como ocurre con el método convencional». El control se extiende también para el profesorado, cuyo trabajo pueden examinar los responsables del sistema. Testar sus conocimientos, comprobar el nivel de atención que presta a sus alumnos, el tiempo de respuesta... Otra de las ventajas es que las clases se extienden más allá de las muros escolares. «Un alumno de Donostia puede ser compañero de clase on line de otro de Arrasate. Se conectan desde lugares diferentes, pero pueden pertenecer al mismo grupo». Las evaluaciones son, además, «menos subjetivas» ya que se ajustan a lo registrado en cada informe. La comunicación, el tú a tú, tampoco se pierde, asegura Agirrezabala. Están los chats y los mails. «¿Quién no se comunica hoy en día a través de esas herramientas?».
Pero el sistema, claro, también tiene sus propias limitaciones. Para empezar, los colegios interesados deben contar con las infraestructuras necesarias (ordenadores, conexiones a internet). Se pierde complicidad ante la máquina y la participación deja de ser espontánea. A muchos, incluidos los docentes, se les hace todavía difícil pensar en una clase de química impartida a través de internet, aunque los responsables del programa insisten en que «todo está por ver».
Una ventana para los padres
La teleformación, por fría que parezca en la teoría, ha sorprendido a los responsables del programa por su «enorme capacidad de comunicación». Juan José Agirrezabala pone varios ejemplos sobre la mesa para adelantarse a los lectores más incrédulos. «Nos pasó un caso muy curioso con una alumna que se sentía rechazada en clase. A través de la comunicación on line se puso en contacto con el profesor y le confesó su caso. De ser un alumno pasivo, se convirtió en un ejemplo de participación. En general, los chavales más tímidos se expresan mejor», asegura el director de Innovación Educativa.
Agirrezabala se refiere también al acoso escolar. Dice que las clases telemáticas son una de las herramientas para cazar los posibles casos de violencia entre compañeros. «El acoso escolar on line no existe, y, si se da, queda registrado». De momento, no han tenido ninguna denuncia, pero sí pillaron a un chaval que había insultado a través del chat a uno de los profesores. «La comunicación quedó suspendida el mismo día. Lo bueno del sistema es que te das cuenta de las cosas, buenas o malas, casi en el momento».
Otro de sus puntos fuertes es la posibilidad que ofrece a los padres para supervisar las tareas de sus hijos. «Todos nos preguntamos a menudo qué es lo que hacen exactamente nuestros hijos en clase. Con la teleformación puedes saberlo», afirma Agirrezabala. Si así lo solicitan, las familias pueden compartir la contraseña de su hijo, «entrar en la clase», lo que supone «una nueva dimensión» de lo que hasta ahora se entendía por la educación, una especie de ventana educativa para los padres. DV /FOTO USOZ
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