ACÁ Y ALLÁ Chicos curiosos: sin pelos en la lengua
Padres y docentes quieren que los chicos se interesen por el saber. Pero, ¿qué pasa cuando sus preguntas incomodan porque el adulto simplemente no sabe cómo responder?
. Claves para no quedarse callado.
Claudia Selser 12/AGO/07 Buenos Aires, AR
A los chicos les gustan los dinosaurios, les gustan los volcanes, les gustan los chistes. De modo que, si viene alguien y les explica por qué no quedan dinosaurios en la Tierra o por qué arrojan fuego los volcanes, y además les cuenta un buen montón de chistes, hay muchas probabilidades de que esa explicación también les guste.
Con tales ingredientes surgió en Tubinga, Alemania, el primer curso de la Universidad de los Niños. Fue en el verano de 2002: 400 chicos llegaron a escuchar a los profesores, varios de ellos Premio Nobel de distintas disciplinas, sobre grandes enigmas del mundo: por qué crecen las plantas; por qué soñamos; por qué podemos oír; por qué no es bueno clonar a los seres humanos; por qué hay tantas cosas prohibidas para los niños; por qué están desnudas las estatuas griegas; por qué yo soy yo... La experiencia, muy exitosa, hizo que en sólo cinco años 30 universidades alemanas abrieran sus puertas a chicos de entre 8 y 12 años, y todo indica que se replicará en otros rincones del planeta.
La curiosidad infantil siempre ha puesto en aprietos a los padres y a los maestros, y mucho más ahora, cuando los chicos están incentivados por todas las nuevas propuestas de la cultura y desarrollan habilidades desde muy chicos al punto
de que, en algunas disciplinas –sobre todo en las nuevas tecnologías – superan a sus maestros.
Pero, ¿cómo hacen los maestros para llegar a los chicos cuando ellos se sienten inseguros si les hacen preguntas que se alejan del programa? Todos los consultados para esta nota recomiendan decir: "No sé, pero voy a averiguarlo y les propongo que investiguemos juntos". Y luego echar mano a los nuevos libros que se editan hoy en la Argentina.
Hay colecciones para todas las edades: Ciencia que ladra, de Siglo XXI Editores, dirigida por Diego Golombek, para adolescentes y jóvenes; ¿Querés saber? de Eudeba (dirigida por Paula Bombara), Preguntas que ponen los pelos de punta, de Iamiqué (dirigida por Carla Baredes e Ileana Lotersztain) yMi primer Larousse de los Porqués de Editorial Larousse (dirigida por Dominique Korach) para chicos de primaria, o Las preguntas que hacen los niños... y cómo responderlas, de Miriam Stoppard (Grupo Zeta), con respuestas segmentadas por edad. Aquí, algunos ejemplos.
RESPONDEN LOS QUE SABEN
¿Por qué las estrellas no se caen? Imaginemos que estamos a bordo de una nave espacial ultraveloz y recorremos nuestra galaxia, y dentro de ella el Sistema Solar. Se ve una bola de fuego, que es el Sol, en torno de la cual orbitan los planetas; uno de ellos, azul y un poco centellante, la Tierra. Todos esos cuerpos celestes parecen flotar en el aire. No hay cuerdas que los sujeten, ni tienen motores a reacción. Simplemente, se mueven siguiendo cada uno su órbita a través del vacío. Pero ¿por qué se mantiene todo en su sitio? ¿Por qué las estrellas no se caen al suelo del universo? Porque todos los cuerpos –desde el asteroide más pequeño a la mayor de las estrellas– se atraen unos a otros y, como resultado de la interacción de todas las fuerzas, cada uno queda en el sitio que le corresponde. Esta atracción se llama gravedad y es bueno compararla con el magnetismo de los imanes, que es otra fuerza física de las que no se ven, pero se notan. (Una universidad para los niños, editorial Ares y Mares, España)
¿Qué sucede cuando uno muere?
Nadie sabe exactamente qué sucede cuando morimos, pero nuestro cuerpo deja de funcionar: dejamos de respirar, el corazón ya no late, los músculos no funcionan y el cerebro deja de pensar para siempre. La mayor parte de las personas mueren naturalmente porque son ya muy viejas y sus cuerpos están gastados. Generalmente no sienten dolor, sino que gradualmente pierden conciencia y se mueren suavemente. Sin embargo, hay personas que mueren debido a enfermedades graves o accidentes. Sabemos que después de morir ya no tienen preocupaciones ni penas. Y que ellos siempre van a quedar en nuestro recuerdo. (Miriam Stoppard)
¿Cómo sabré qué hacer en mi primera vez?
Nadie lo sabe de antemano, aunque estar preparado en teoría ayuda mucho a que todo salga mejor. Una de las cosas que deben tenerse previstas, y no angustiarse si sucede, es que hay una buena probabilidad de que la chica no llegue en esta ocasión al orgasmo y de que el varón tenga una eyaculación precoz o una disfunción eréctil. Ambos tienen que ser tolerantes consigo mismos y con el otro, dado que la primera vez (y también algunas de las siguientes) suele estar influida por la ansiedad, el temor a fracasar, a no gustar, a equivocarse, y con frecuencia sucede en un lugar inconveniente (el asiento trasero de un coche, la casa de alguno de los dos, donde está el peligro de que los padres regresen sorpresivamente), lo que aumenta la inquietud. (Dr. Juan Carlos Kusnetzoff)
DISTINTOS NIVELES DE PREGUNTAS
Ahora bien, están las respuestas informativas por las que se puede consultar libros y especialistas. Pero no todas las preguntas que formulan los chicos son para ser respondidas. Así lo explica Gustavo Santiago, investigador de filosofía
para niños, autor de varias novelas y de Filosofía, niños y escuela (Paidós), y Filosofía con los más pequeños, de Novedades Educativas).
Una primera cuestión clave, antes de pensar en qué responder, es estar seguro de haber escuchado y comprendido la pregunta. Hay tres tipos de preguntas:
1. Preguntas corrientes, cuando el chico pide una respuesta que cierre su inquietud, como por ejemplo: ¿Hace cuántos años se extinguieron los dinosaurios? En estos casos, lo mejor es hacerles saber ónde pueden buscar información, y si es posible ayudarlos a conseguirla y a comprenderla.
2. Preguntas retóricas: son enunciados en forma de pregunta, pero que en realidad no pretenden ser respondidos. Si un chico dice "¿Sabés cómo se forma un arcoiris?" quizá lo que esté haciendo no sea preguntar sino buscar una oportunidad para darle a conocer al adulto su propia hipótesis. Si el adulto responde con la verdad puede desilusionarlo.
3. Preguntas de investigación: lo que se busca no es una respuesta que cierre la cuestión sino que ayude a abrir caminos para adentrarse en ella. Ante preguntas como "¿Qué es morirse?", la primera sugerencia es repreguntar: "¿Y a vos
qué te parece?" o "¿Por qué te surgió esa pregunta?" Así podremos saber si lo que el chico pretende es una respuesta concreta, si quiere exponernos una hipótesis personal o si tiene interés en explorar la cuestión juntos. Finalmente, si el niño insiste con que le demos una respuesta, quizá lo más conveniente sea acompañarlo para que sea él mismo quien la encuentre.
ESTRATEGIAS PARA ENSEÑAR
En su libro Pensar para hacer. Cómo transformar la filosofía en una experiencia real, el escritor y pensador Alejandro Rozitchner asegura que las ganas de saber no son desinteresadas y abstractas: Tienen que ver con la posibilidad de apoyarse en el entusiasmo por las cosas y los proyectos que logran interesar a los alumnos y muchas veces son los adultos los desapasionados por el saber. Una estrategia que inventé para solucionar esto es la del uno y uno: cada consigna para proponer a los alumnos debe resultar de la mezcla de un elemento de la cultura de los adultos o docentes y un elemento de la cultura de los chicos o alumnos. De esa forma, si se quiere que los alumnos trabajen su escritura elemento docente), una buena consigna es aquella que les proponga ejercitarla poniendo en escena una situación o un pensamiento de la cultura de los chicos: Carta a los jugadores de mi equipo alentándolos a ganaroLa tarde que pasé con mi ídolo (elemento del alumno). La idea también puede formularse así: para hacer pasar una intención docente al mundo de los alumnos y lograr que ésta sea realizada con efectividad, es necesario sumarle un salvoconducto y ese salvoconducto –dice Rozitchner– es un elemento de la
cultura juvenil."
LA INFORMACION NO ES TODO
La psicopedagoga Cristina van der Kooy de Palacios, presidente de la Comisión Educación y Familia del SAMYF, institución perteneciente a la Asociación Médica Argentina, señala: "Los chicos son curiosos, preguntones por naturaleza, preguntan... ¡y eso es bueno! Si el interés por sí mismos, por el mundo que los rodea, no se ve satisfecho con respuestas adecuadas, el resultado que se suele obtener es la repetición de la información, sin hacerla propia, o su rechazo. Si los adultos no atendemos esa curiosidad de los chicos, no sólo estamos perdiendo una excelente oportunidad de contribuir al desarrollo de su conocimiento, también estamos afectando aspectos de su desarrollo afectivo y social (como la confianza en sí mismos, la motivación, el deseo de aprender)."
Cuando dice "curiosidad de los chicos", la psicopedagoga no se refiere sólo al conocimiento informado –muchos chicos hoy acceden con facilidad a la información a través de la TV, la computadora o los libros–, sino también al que se transmite de persona a persona, a través de experiencias vitales. "Y es esta curiosidad la que puede (y debe) satisfacer el docente", apunta.
Y dice más. Habla de una oportunidad que no hay que desperdiciar: "Esta es una de las ocasiones para que el docente recupere su rol. El rol –delegado por los padres o, también, ante la ausencia de la familia– del que cuida, aconseja, orienta. Rol que, por otra parte, las nuevas generaciones piden a gritos: interlocutores adultos, con la presencia del otro, en tiempo y espacio reales (recordemos las características diferentes del chateo, por ejemplo)."
Además, señala la especialista, especialista, los chicos podrán conocer porque les han contado, porque lo leyeron, porque lo vieron, pero eso no implica saber. Se podrá conocer cómo poner el auto en marcha ero eso no quiere decir –necesariamente– saber manejar y estar preparado para hacerlo. El saber va unido al sentido, prepara para la vida. Muchas veces, los chicos conocen pero no saben y la tarea de los adultos será –en cada etapa de su vida– ayudarlos a encontrar el sentido. En el mismo ejemplo: tiene sentido que un chico de 5 años ponga en marcha el auto de su padre?
El docente deberá aceptar que las nuevas generaciones vienen dotadas de habilidades con las que él no cuenta en la misma medida (específicamente, las tecnológicas), pero muchas veces no tienen el para qué, el por qué de esas habilidades.
Asegura Van der Kooy: "Las preguntas de los chicos pueden generar en los docentes aceptación o rechazo, pero –con otra pregunta– el mismo docente puede abrir horizontes de nueva curiosidad para todos. Incluso para él mismo".
SE ROMPIERON LOS MOLDES
Uno podría imaginar el torbellino en las cabezas. Alrededor de 267.500 maestros de escuela primaria de todo el país tratando de asumir el desafío de las preguntas de sus alumnos, crecidos en el nuevo milenio. No es que antes los chicos no pusieran en aprietos a los mayores. El problema es que hoy las preguntas son más difíciles de responder porque tratan sobre temas muy novedosos también para los adultos.
Así lo admite Alejandra Birin, subsecretaria de Equidad y Calidad del Ministerio de Educación de la Nación. Todo un desafío. Para capear estas dificultades, se trabaja en la formación de docentes en tres niveles: "En primer lugar, en las disciplinas
que a cada docente le toca enseñar y que también tienen profundos cambios (desde el cambio climático y la biogenética hasta el hipertexto). Trabajamos, en segundo lugar, en el vínculo pedagógico en la renovación de la autoridad docente. Y, en tercer lugar, en un núcleo que se llama Formación Social Cultural Contemporánea, porque las transformaciones mediáticas,
tecnológicas, sociales, la aparición de nuevos lenguajes, las nuevas infancias y adolescencias plantean muchos interrogantes y novedades que son imprescindibles para una transmisión más potente del saber."
Desde su rol de maestro de grado Oscar Lamouret, capacitador de docentes, prefiere la autocrítica. "¿Se quejan de que a los chicos no les interesa nada? Somos los maestros los que tenemos que hacernos responsables por lo que aprenden o no
aprenden los alumnos: los chicos aprenden los temas que nosotros hacemos interesantes cuando les despertamos la curiosidad, cuando conseguimos saber qué quieren saber ellos, cuando les brindamos los medios, cuando somos constantes en hacerlos pensar, cuando participan. Y esto es cosa del corazón. Por más dificultades que nos traigan los chicos, no se puede llegar al otro por otra vía. Si no hablamos con el corazón –insiste el maestro– nuestra palabra deja de ser creíble, y perdemos autoridad y confianza. Porque la educación es, simple y llanamente, un acto amoroso." jubilado tras 45 años de trabajo Oscar Lamouret, capacitador de docentes, prefiere la autocrítica. "¿Se quejan de que a los chicos no les interesa nada? Somos los maestros los que tenemos que hacernos responsables por lo que aprenden o no aprenden los alumnos: los chicos aprenden los temas que nosotros hacemos interesantes cuando les despertamos la curiosidad, cuando conseguimos saber qué quieren saber ellos, cuando les brindamos los medios, cuando somos constantes en hacerlos pensar, cuando participan. Y esto es cosa del corazón. Por más dificultades que nos traigan los chicos, no se puede llegar al otro por otra vía. Si no hablamos con el corazón –insiste el maestro– nuestra palabra deja de ser creíble, y perdemos autoridad y confianza. Porque la educación es, simple y llanamente, un acto amoroso."
by www.clarin.com/ Foto Ariel GrinbergTags: interés, motivación, Universidad, infantil, Alemania, preguntas, adolescentes