ACÁ y ALLÁ ANÁLISIS · Todo esfuerzo tiene su premio
LaGacetaOnLine Argentina
El docente debe dar el ejemplo en las aulas
No hay una cultura del esfuerzo, dicen los jóvenes
“Pigu” Romero, maestro del golf, sostiene que querer es poder
Quienes no se esforzaron en el colegio suelen sufrir tropiezos en la universidad
“La mendicidad esclaviza al hombre y le quita su dignidad”
Tucumán AR 5 de Agosto de 2007 Roberto Espinosa
En lugar de leer todo el libro, les alcanza con un par de capítulos. Si tienen que rendir, estudian un resumen a último momento. Cuando “zafan” y aprueban la materia, se jactan de haberlo hecho “de taquito”. Han logrado el objetivo de alcanzar una meta con el mínimo esfuerzo. Son los hijos de la cultura del facilismo.
Junto con la falta de disciplina en la escuela, la pérdida del valor del esfuerzo es uno de los problemas que desvela a los expertos en educación. Se habla de la necesidad de aumentar el número de exámenes y las exigencias de estudio. Otros sostienen que mucho depende de la dedicación y el empeño de los profesores, de su capacidad para motivar a los alumnos, y de que ellos mismos demuestren que están entusiasmados con su materia.
Según reconoció una profesora de literatura que trabaja con niños y adolescentes, hay temas que resultan tediosos a los chicos. En su caso, ella logra motivarlos mediante juegos de competencia en el aula.
“Para conseguir que los chicos de 10 y 11 años se interesen en un tema tan ríspido como la ortografía, organizo competencias en grupo o individuales. Ellos conocen de antemano el texto que les voy a dictar, y el que quiere sacar 10 practica en su casa. Algunos ponen tanto empeño que llegan a aprenderlo de memoria”, Josefina Olleta de Díaz Romero, docente del Gymnasium.
La profesora considera que un alumno se esfuerza no solamente para ganar la competencia sino también porque sabe que el docente le expresará reconocimiento por su esfuerzo. Cuando el alumno ve que el esfuerzo que hizo el día anterior es reconocido por el docente, se siente estimulado.
“Todo pasa por el docente -dijo-. Hasta la forma en que se para frente a la clase determina la relación que tendrá con sus alumnos. En mi caso, los chicos saben que el momento del aula es el momento del trabajo. Y es importante también que el profesor les demuestre que les reconoce el esfuerzo. A los chicos del Gymnasium, el ingreso les cuesta mucho esfuerzo. A eso no lo podemos desperdiciar luego”.
El mundo adolescente
En el caso de los adolescentes, que tienen intereses múltiples y suelen estar más dispersos, resulta un desafío motivarlos a la lectura si no se eligen textos que les resulten atractivos. “Todo está en lo que elegimos. Si les gusta lo fantástico, voy a buscar ese tipo de textos dentro de los buenos autores. Y hacemos taller literario para que cultiven la escritura, que es una herramienta indispensable -contó Díaz Romero-. En el taller les pido que se olviden de la normativa y se dediquen a crear. Después se revisa la ortografía. De esa manera les resulta más atractivo. Al adolescente se lo motiva con otros elementos e interses de su propio mundo y de esa manera se logran cosas importantes”.
La profesora sostiene que al adolescente le gusta mucho la argumentación. Por eso les plantea debates acerca del horario de cierre de los boliches, sobre la semana del colegio o la autodisciplina, para hacerlos expresar sus ideas.
El docente debe dar el ejemplo en las aulas
Si un profesor no muestra entusiasmo por su propia materia, no podrá crear un interés en los alumnos
Un profesor universitario comprobó que algunas tareas son asumidas por los jóvenes con una actitud “automática” y una absoluta falta de motivación, de compromiso, dado que comprometerse es vincularse de manera hasta afectiva con lo que uno hace, porque siente que tiene importancia.
“Un alumno me entregaba las guías de estudio escritas con letra casi ilegible. Un día me entregó una poesía y estaba escrita con una letra muy distinta, casi perfecta. Se notaba que había un interés en él de que ese texto fuera comprensible”, contó el docente Joaquín Acevedo.
Si el docente tiene verdadero interés en lo que hace, podrá transmitir esa motivación al alumno, en opinión de Acevedo. “El docente enseña con el ejemplo. Si los alumnos lo ven entusiasmado con un libro, se van a interesar ellos también”, afirmó.
La importancia de la motivación para incentivar al esfuerzo es un concepto de suma importancia para el psicólogo español César Coll, autor de “Constructivismo escolar e intervención educativa”.
El catedrático de psicología evolutiva sostiene que el esfuerzo no es una condición sino el resultado de un proceso en el que interviene la motivación del alumno. “Se esforzará si piensa que vale la pena. Por lo tanto, es un problema que se traslada a los profesores y al sistema educativo”, sentencia Coll.
A veces los docentes exhiben falta de compromiso -según dijo Acevedo- porque temen exponerse ante sus alumnos. “Por ejemplo, si un profesor recita un texto o una poesía ante la clase, puede llegar a establecer un vínculo con el otro. Pero a veces no lo hace porque siente miedo al ridículo”, señaló.
No hay una cultura del esfuerzo, dicen los jóvenes
Estudiantes creen que la motivación es una condición indispensable para que la gente se esmere. Aseguran, además, que la sociedad arremete contra el hombre que se esfuerza
“QUIERO SALIR, PUEDO SALIR”. El padre Guillermo Benzi que estuvo cuadripléjico y se sobrepuso, junto a alumnos del colegio Sagrado Corazón. LA GACETA / ANTONIO FERRONI
El que no trabaja no come. La gente no vive del maná, sino del esfuerzo. Sin embargo, esa palabra ya no se escribe. Tampoco se fomenta.
La sociedad y su núcleo -la familia- no están transmitiendo una idea de cultura del esfuerzo. La mayoría de los jóvenes tiene una actitud facilista y los mayores no ponen el empeño suficiente para cambiar esa situación. Un grupo de alumnos del colegio Sagrado Corazón expone sus opiniones sobre la motivación y el empeño.
“La juventud es muy apática. No trabaja demasiado y carece de compromisos. Y el que no se compromete, tampoco se esfuerza”, sentencia Ezequiel Martín López. A su juicio, gane o pierda, quien se esfuerza tiene la satisfacción de no haberse quedado de brazos cruzados.
Rafael López Guzmán, presidente del club estudiantil, advierte que el éxito de Andrés Romero, por ejemplo, es genuino porque se esforzó para llegar al lugar donde está. “El construyó su casa sobre rocas, por eso no se derrumbará. Pero quienes buscan ser reconocidos desnudándose o apareciendo en la televisión están armando castillos sobre la arena. Esa es una fama efímera”, apunta.
“Esforzarse es difícil porque los resultados no llegan rápido. En la vida hay que aprender a ganarse las cosas por sí mismo y a tener fortaleza para soportar las presiones de la sociedad que, por lo general, van en contra del hombre que se esfuerza”. El que habla es Juan Manuel Vázquez, otro de los organizadores de la semana del colegio, que comienza mañana y cuyo lema es, justamente, una exhortación al esfuerzo.
Humildes y perseverantes
Fernando Padilla -quien es vicepresidente del club colegial- dice que probablemente el esfuerzo se halla en declive porque mucha gente opta por el camino fácil para llegar a sus objetivos. “La tecnología pone tantas cosas a nuestra disposición, que casi no nos empeñamos”, reflexiona.
A modo de ejemplo, su compañero Juan Pablo Abdelnur lo interrumpe y explica que, a la hora de estudiar, internet facilita la respuesta a cualquier interrogante. Años atrás, en cambio, había que quemar pestañas en vez de mover un ratón.
De hecho, Fernando cree que la actual es una generación que tiene demasiadas cosas. “Nuestros padres nos han dado todo. Tal vez por eso carecemos de fuerza de voluntad”, piensa en voz alta.
Desde la perspectiva de los chicos, la humildad, la perseverancia y la responsabilidad son las tres virtudes de quienes se esfuerzan. La vagancia, en contrapartida, el defecto de los desanimados. “El ‘facilismo’ es muy evidente entre los políticos porque ellos no están comprometidos con la comunidad y porque optan por comprar votos en lugar de esforzarse trabajando para que la gente los elija”, apunta Gonzalo Felipe, también integrante del centro estudiantil.
Desde la altura de sus 17 años, están convencidos de que un requisito ineludible y previo al esfuerzo es plantearse objetivos. Sólo quienes tienen propósitos, sudan por ellos. “El camino del afán se abre con las metas. Los que llevan una vida desordenada no cultivan la cultura del sacrificio, sino de la vagancia”, sentencian.
Los jóvenes también reconocen que en varias oportunidades debieron y deben ejercitar su perseverancia. “Soy tímido y constantemente lucho para mostrarme más confiado en mí mismo. Sé que la vergüenza a veces me impide alcanzar mis objetivos”, admite Fernando.
“Cuando tenía 13 años, mientras jugaba al rugby, sufrí un golpe en los riñones. Ahí aprendí el esfuerzo de la resignación, porque fue muy duro a esa edad dejar el deporte que practicaban todos mis amigos”, testimonia Gonzalo.
También Juan Pablo tuvo que aprender a esforzarse desde temprana edad. El chico recuerda que durante su niñez puso muchos bríos en el estudio para satisfacer a sus padres. “Es difícil levantarse después de una caída, pero sólo quienes se esfuerzan pelean hasta el final”, concluye.
Es antes del anochecer. En la soledad de la habitación no sabe hacia dónde llevar el cuerpo inquieto. Lo que hace es por orden de la agitación. Desde que su nombre está en boca de otros, Andrés Fabián Romero no domina el sosiego. Tenés una llamada, le ha dicho la voz del caddie que lo ha obligado serenarse.
Se endereza y sostiene el teléfono de cuarto de hotel. “El esfuerzo...” Pigu repite la pregunta y se ríe con ganas. A carcajadas, porque las palabras de la cronista le llegan después de haber maravillado a los ingleses con su swing y a pocas horas de salir a la cancha de Ohio junto a Tiger Woods (esta entrevista se realizó el miércoles pasado). “Trabajar con sacrificio es la única manera de llegar lejos”, dice.
La respuesta no requiere titubeos ni reflexiones. El hombre capaz de recorrer más de 1.000 yardas de un sólo golpe es impetuoso. También responde de modo impulsivo cuando se le pregunta si querer es poder... “Yo me propuse cumplir todos mis sueños. Lo estoy haciendo. Y creo que puedo subir más alto todavía”.
Hijo de un fletero y de un ama de casa, Romero empezó jugando con una rama de mora porque no tenía para los palos. Más tarde, el papá José hizo un gran esfuerzo para comprarle la primera bolsa de golf. Después, el hermano Luis pidió plata prestada para inscribirlo en los torneos. Hoy, el maestro del sacrificio no tiene deudas, sino premios.
“El esfuerzo es la herramienta esencial para triunfar. Ahora estoy aquí porque trabajé mucho, porque me sacrifiqué, porque tuve fe y porque me lo propuse. Para ser exitoso hay que prepararse intensamente. Todos estos viajes que estoy haciendo son por algo”, concluye el nuevo integrante del codiciado planeta del golf.
“La responsabilidad la tenemos los adultos”
El hombre detrás de estas líneas sólo podía pensar. Ni uno de sus dedos se movía por más que intentara, implorara o agonizara. Su cuerpo se había convertido en una prisión. Estuvo cuadripléjico. Hoy, el único rescoldo visible de su enfermedad es un bastón que lo ayuda en cada paso. Por ello, cuando el padre Guillermo Benzi habla del esfuerzo lo hace con autoridad.
“Aquello fue una degradación humana. Pero antes de la esclerosis múltiple yo era muy soberbio y orgulloso. Ahí aprendí el valor de la humildad y del esfuerzo -recuerda- ‘quiero salir, puedo salir’, pensaba cada amanecer. Y aquí estoy”...
A su juicio, el empeño es fundamental para cumplir nuestra misión en la vida, porque lo que cada uno deje de hacer por sí mismo no lo hará otra persona. “En esta generación no hay cultura del esfuerzo; el empeño es un valor en crisis. La responsabilidad la tenemos los adultos que no supimos ponerles límites a nuestros hijos”, reflexiona el sacerdote, asesor del club colegial del Sagrado Corazón.
“El esfuerzo no es un sufrimiento, sino un sacrificio; significa hacer sagradas las cosas. No debemos tenerle miedo a ello porque, aunque resulte doloroso, crecemos como personas”, añade.
Desde el lunes y hasta el viernes se llevará a cabo la tradicional Semana Sagrada. “Durante esos días, los chicos representarán situaciones de la vida cotidiana que a menudo se presentan en la vida del adolescente. La idea es invitar a los jóvenes a asumir su compromiso frente a la sociedad”, finaliza.
La cultura de la inmediatez
En opinión de Mariano Narodowski, uno de los pedagogos más prestigiosos de la Argentina,la falta de políticas públicas que apoyen a los educadores se suma peligrosamente al olvido de la cultura del esfuerzo y de la dedicación.
- “En estos días hay una lógica facilista, vinculada a la necesidad de producir resultados inmediatos, como si el proyecto fuera ‘sálvese quien pueda’”, afirmó.
La falta de cultura del esfuerzo, entre los jóvenes, se hace muy evidente durante el paso del secundario a la universidad. El adolescente sale del ámbito del colegio, donde -por lo general- no se le ha exigido esfuerzo. Cree que la universidad también es así, entonces sobrevienen los fracasos. Tal es el panorama que trazó la psicóloga Alejandra Huerta Macchiarola, que se especializa en adolescentes, problemas de aprendizaje y orientación vocacional.
“En la mayoría de los jóvenes no hay hábitos de estudio ni mucho menos el hábito de la lectura. Salen del colegio sin saber estudiar -dijo-. No saben cómo encarar un libro, porque siempre estudiaron de fotocopias. En lugar de la lectura, que exige un esfuerzo de concentración, prefieren la televisión, la computadora o los juegos”.
En el estado de indolencia que muestran numerosos adolescentes, la psicóloga advierte el resultado de un abandono de su rol por parte de los padres. Cree que en otras épocas se les exigía a los hijos un mayor esfuerzo. “Si han recibido en el colegio una baja nota, los padres interpretan que no es culpa del chico, que no estudia, ni de ellos que no se lo exigen, sino del maestro. Consideran que a los hijos no hay que retarlos ni exigirles de más”, resumió la experta.
Durante la práctica de su profesión, Huerta Macchiarola observó que a los padres les resulta más fácil premiar a sus hijos por un buen resultado, que demandarles esfuerzo y responsabilidad. A esto va apareado el hecho de que, en el ámbito escolar, los docentes han perdido autoridad.
Quieren carreras cortas
“Veo muchos adolescentes que al no tener contención en la familia llegan a 5º año y, cuando tienen que elegir su proyecto de vida, se ven desorientados. Nunca han pasado por una exigencia -lamentó-. Tratan de elegir algo que no requiera mucho esfuerzo. Carreras cortas con salida laboral rápida. Pero deberían entender que toda carrera exige esfuerzo. Si se elige algo corto que en realidad no es lo que a uno le gusta, termina fracasando”.
La psicóloga propone que el colegio ponga mayor énfasis en enseñar a los adolescentes técnicas para estudiar. “Las horas de tutoría deberían aprovecharse para prepararlos y darles herramientas de estudio. Enseñarles a leer, a comprender y a identificar las ideas principales en un texto -detalló-. Hay chicos que no tienen idea de qué es un cuadro sinóptico. Muchas veces enfrentan los exámenes leyendo dos o tres hojas”.
“La mendicidad esclaviza al hombre y le quita su dignidad”
“Un maestro sufí relataba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían su significado. Una tarde, uno de los jóvenes le dijo:
- Maestro, tú nos cuentas los cuentos, pero no nos explicas su significado...
- Pido perdón por eso. Permíteme que en señal de reparación te convide con un rico durazno.
“Gracias, maestro”, respondió halagado el discípulo.
- Quisiera, para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?
- Sí, muchas gracias.
- ¿Ya que tengo en mi mano el cuchillo, te gustaría que te lo cortara en trozos para que te sea más cómodo?
- Me encantaría... Pero no quisiera abusar de su hospitalidad, maestro...
- No es un abuso si yo te lo ofrezco. Sólo deseo complacerte... Permíteme que también te lo mastique antes de dártelo...
-¡No, maestro! ¡No me gustaría que hicieras eso!
El maestro lo miró sonriente y dijo: “Si yo les explicara el sentido de cada cuento sería como darles a comer una fruta masticada”, relató Scheherezade.
El rey Shahriyar se quedó pensativo. Su mirada se colgaba del horizonte... Se habían detenido a descansar en una enorme roca a la vera de la ruta 38. Estaban convencidos de que una nueva incursión en ese surrealista Jardín de la República les podía deparar apasionantes sorpresas. Vieron pasar a un centenar de personas, humildemente vestidas, que cargaban al hombro bolsones. “¿Qué transportan en las espaldas, morador?”, le preguntó el rey a un hombre joven. “Hoy nos repartieron los bolsones. Llevamos fideos, harina, arroz y algo de leche en polvo... Somos desocupados y a muchos les dan planes sociales”, contestó. “¿Planes sociales?”, inquirió asombrado Shahriyar. “Sí, nos sirven de ayuda económica y a cambio, tenemos que brindar nuestro trabajo en donde el monarca Al Rachid lo requiera. Pero la mayoría se limita a recibir lo que les dan y no hacen nada más”, señaló el hombre. “Pero, ¿por qué no se agrupan y generan su propio trabajo? La mendicidad somete al hombre, lo esclaviza, lo lleva a perder su dignidad”, dijo el rey.
Un anciano que estaba escuchando el diálogo se acercó y manifestó: “Es muy difícil cambiar esta realidad porque desde arriba no se da el ejemplo. Acá tuvimos algún monarca militar que predicaba la rectitud y la honradez, pero luego le descubrieron cuentas en Suiza, y cuando lo descubrieron se puso a llorar, y no supo explicar de dónde provenían los ‘ahorros’. Hubo otro que no terminó la escuela primaria y que por su habilidad política, llegó a gobernarnos; su presente sigue siendo próspero; es más, el pueblo le paga para que lo represente ante el emperador, pero no se tienen noticias de él... Y así sucede con otros representantes, con otros pícaros”. “Pero es el pueblo el que elige a sus gobernantes. ¿Acaso nos les basta una experiencia para aprender y cambiar?”, replicó Shahriyar.
“El mal ejemplo cunde. Pocos son los que se esfuerzan para lograr una meta. Cuando hay elecciones, se candidatean miles de personas y una buena parte de ellas que nunca hizo nada por la comunidad, sólo aspira a morder la torta del poder para ganar buenos salarios y para crecer económicamente. Son contados con los dedos los monarcas que terminaron su mandato sin haberse enriquecido...”, señaló el viejo. “¿Ese es el ejemplo que les dan a los niños y a los jóvenes? Si una sociedad tiene ese comportamiento será muy difícil torcer el rumbo y recrear la cultura del esfuerzo, del trabajo”, acotó Scheherezade.
Un ruido ensordecedor los perturbó. Con asombro, vieron un pájaro de acero desplegar sus alas en el cielo y llovieron millones de papelitos. La bella doncella levantó uno del suelo y leyó: “Vote a Al Rachid, el camino del futuro”. “¿Cuál futuro?”, se preguntó Scheherezade. “El de la fruta masticada”, respondió el rey Shahriyar.
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