Corredores de 6 años en India, ciclistas de 7 en China y maratonianos de 5 en EE.UU.
Explotación o adaptación
Algunos padres, como los del corredor Budhia Singh, explotan las capacidades de sus hijos para hacer dinero. Otros, como los de la campeona de kitesurf Gisela Pulido, cambian su vida para que los niños puedan desarrollar sus condiciones prodigiosas
El niño prodigio indio Budhia Singh, de 6 años
E. LANCHO. ABC - 16 Ago 2007 MADRID.
En 2004, tres de cada cuatro niños españoles menores de 12 años querían ser deportistas de elite. El atractivo de la televisión, el machaque mediático con ciertas estrellas, las modas... eso sin olvidar la presión paterna en algunos (o en bastantes) casos, de progenitores que ven la posibilidad de solucionar su vida gracias a los ingresos que generen sus hijos. Si llegan a algo.
Que el dinero mueve montañas es algo más que evidente. El último caso es el del niño prodigio indio Budhia Singh, de 6 años de edad, que tras correr 65 kilómetros de un tirón se convirtió en un fenómeno aclamado por multitudes en su país. Y, sobre todo, cambió la chabola por una cómoda vida de éxito y dinero. Pero un enfrentamiento entre sus progenitores por el reparto de las ganancias del chavalín ha destapado las sospechas de que no era sólo afición lo que movía al pequeño, sino las palizas que le daba su padre adoptivo y entrenador para que corriese.
Generalizar es absurdo e injusto, pero habría que analizar cuánto tiene, o no, de explotación infantil el hecho, por ejemplo, de que el padre de Tiger Woods le llevase de plató en plató de TV cuando tenía dos años para demostrar sus habilidades.
Tiger apareció en televisión por vez primera en 1978. Un año antes, su padre, ex combatiente de Vietnam, comenzó a enseñarle a jugar al golf. A los cinco, el nombre del niño prodigio ya figuraba en la prestigiosa publicación «Golf Digest». Hoy, Woods es uno de los deportistas con más ingresos del mundo. Cuajó.
Problemas en tenis femenino
El tenis ha estado plagado de carreras planificadas al milímetro, con interrupciones dramáticas incluidas en plena adolescencia, especialmente en el circuito femenino. Baste recordar a Jenniffer Capriati -debutó en la WTA a los 13 años-, Mary Pierce (14), Martina Hingis (14), las hermanas Williams (14 y 15) o, más recientemente, María Sharapova (14).
Todas ellas debutaron en el circuito profesional siendo niñas, pero espoleadas por unas familias que codiciaban la fama y el triunfo. De ahí han salido escándalos como los de Capriati, que se «independizó» de sus padres con 16 años y cayó en una espiral alcoholismo de la que logró salir varios años después.
En el caso de Mary Pierce, su padre llegaba a insultar a sus rivales en pleno partido y siempre hubo sospechas de malos tratos sobre la cría, que con el tiempo la francesa terminó reconociendo, cuando su carrera ya estaba en declive.
Por supuesto, no todos los padres caen en la irresponsabilidad de satisfacer su ambición a costa del retoño prodigio. En España, sin ir más lejos, la última irrupción es la de Gisela Pulido. Con apenas trece años, esta niña barcelonesa es triple campeona mundial de Kitesurf. Un deporte minoritario, pero profesionalizado.
Sin embargo, la evolución de Gisela la ha marcado su propio talento. No se ha visto obligada por sus padres, aficionados a esta disciplina, sino que tuvo que convencerlos con triunfos para trasladar su residencia a Tarifa y poder compaginar la ajetreada vida profesional con la rutina escolar propia de su edad.
El fútbol, por su innegable capacidad de seducción para el aficionado y los ingentes beneficios que genera, es el deporte en el que se desea ver triunfar a un hijo. A veces, a toda costa y usando todos los medios disponibles. Ese es el caso del último fichaje del Manchester United, un crío australiano de nueve años que responde al nombre de Rhain Davis y que dio a conocer su habilidad con el balón a los ojeadores del club a través de un vídeo casero, que luego fue colgado en Internet.
Fichar niños por el mundo
La de fichar niños procedentes de todas las partes del mundo es una práctica en auge entre los clubes de fútbol. Barata y rentable a largo plazo. Y cada vez más jóvenes. De seis a 10 años. Que se lo pregunten al Barcelona. El argentino Leo Messi llegó a la Masía procedente de Rosario con sólo trece años y hoy es una figura consagrada.
En España, la nómina de deportistas que debutaron como profesionales siendo poco más que niños es muy amplia. En motociclismo, Pol Espargaró, campeón de España de 125 y el español más joven en puntuar en el Mundial, con 15 años. En baloncesto sobresale la figura de Ricky Rubio, debutante en la ACB con 14 primaveras.
Lejos de nuestro país, destacan tres jovencísimos ajedrecistas: el noruego Magnus Carlsen, el ucraniano Sergey Karjakin y el indio Parimarjan Negi; los tres llegaron a «Gran Maestro» con menos de 14.
Fútbol, tenis, ajedrez, baloncesto, gimnasia, golf, motociclismo... en todos los deportes se saltan las categorías, cada vez más a menudo, para llegar cuanto antes al profesionalismo. A veces por talento. Otras, por pura ambición paterna. www.abc.es
Corredores de 6 años en India, ciclistas de 7 en China y maratonianos de 5 en EE.UU.
El deporte infantil como vía para salir de la misera es el último método que se está imponiendo en países como India o China. Al comentado caso del «niño maratón» Budhia Singh se unió pocos meses después el de otro chaval indio, Mrityunjai Mandal, de 8 años, que casi muere de agotamiento tras correr 75 de los 100 kilómetros que pretendía hacer «por la paz». En China las que más están dando el paso son, curiosamente, las niñas, con dos ejemplos destacados en los últimos tiempos. Uno, el caso de Jiang Huan, una cría de 9 años que recorrió 3.000 km en bicicleta, en 49 días, entre Shanghai y Lhasa (en el Tíbet). Otro, otra maratoniana, Zhang Huimin, de 7 años, que el pasado enero hizo una marca de 3:28.45 en la distancia, mejor que el récord nacional de una veintena de países. Pero estos casos de precocidad extrema no son exclusivos de países pobres. Los dos maratonianos más jóvenes de la historia, Bucky Cox y Jennifer Amyx, son de EE.UU. y ambos corrieron su primer maratón con cinco años. www.abc.es
El niño que corría a palos
La madre, el padre adoptivo y el niño famoso. Tres patas que en cualquier novela negra o película de suspense darían muchísimo juego. Lástima que en el caso que nos ocupa sea pura realidad, la que vive un niño de 6 años de la India, conocido en todo el mundo por ser un «maratoniano prodigioso».
Budhia Singh se llama el pequeño, que hace tres días despidió a su padre adoptivo y entrenador, Biranchi Das, por decisión de su madre, y al que esta última ha denunciado ahora por presuntos malos tratos y explotación infantil.
«Me pegaba palizas y me colgaba boca abajo del ventilador del techo», afirmó Budhia, que explicó cómo incluso le encerró dentro de una habitación «sin comida durante dos días», según informó la cadena india NDTV. Pero resulta que el chavalín no recuerda cuándo sucedieron estos hechos...
La madre tampoco habla de fechas. Pero sí de motivos: al parecer, el tal Biranchi había puesto en marcha una campaña de recogida de dinero para la formación de Budhia, pero el pequeño deportista no había visto ni una rupia. «Nunca nos dio nada. ¿Qué ha hecho por mí?», aseguró la madre a la televisión india.
El entrenador lo niega
El entrenador se defiende, claro. Asegura que las acusaciones no son ciertas y propuso «un cara a cara con Budhia, su madre y el resto de los internos del centro de entrenamiento de judo» que regenta para que se conozca la verdad. «¿Creéis que le podría haber hecho esto a Budhia? Preguntadle a la gente de la barriada en la que vivíamos. Cuando Budhia vino por primera vez aquí su cuerpo estaba cubierto de llagas», aseguraba Biranchi ante la cámaras.
El caso es que el pequeño Budhia se hizo famoso en el mundo entero en mayo del año pasado, cuando las agencias distribuyeron la imagen desencajada del niño tras correr 65 kilómetros, de forma ininterrumpida, en siete horas.
Pero Budhia ya era famoso en la India. Con sólo dos años (según crónicas en las que nunca nadie acierta a fijar su fecha exacta de nacimiento) dio 50 vueltas a un campo de atletismo. Con cuatro ya corría 40 kilómetros diarios como entrenamiento. Con 6 hizo la gran hazaña de su vida, y ésta le cambió: de vivir en una chabola a protagonizar anuncios en televisión y ser objeto de culto de miles de indios, que le consideran «tocado por los dioses».
El Gobierno interviene
Todo un espectáculo, como cuando más de 2.000 personas le aclamaron en el primer día de colegio del último curso. Tanto que hasta el propio Gobierno de India amenazó con tomar cartas en el asunto si la cosa se desmadraba, hasta el punto de llegar a prohibir al niño participar en una marcha de 75 kilómetros, que se celebró hace unos meses entre la localidad de Bhubaneswar y Calcuta, «por los efectos negativos que el sobreesfuerzo tendrían en su salud».
Estrés cardiaco, fallos renales, roturas musculares, desgarros pulmonares o infarto son sólo algunas de las patologías que pueden surgir ante un esfuerzo semejante en un cuerpo tan pequeño y débil.
El problema, polémicas y acusaciones aparte, es que Budhia se ha convertido en el ejemplo a seguir para salir de la pobreza. En la misma India, el pasado septiembre, otro chaval, Mrityunjai Mandal, de 8 años, se lanzó a correr 100 kilómetros «por la paz». En el 75 se desplomó sin conocimiento y tuvo que ser ingresado de urgencia.
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