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miércoles, 05 de septiembre de 2007

Publicado por Seina @ 8:01


No duermen lo necesario para su salud
Más de un 60 por ciento de ellos quitan una hora o dos a las nueve aconsejadas

A las consultas de los especialistas cada vez acuden más padres preocupados porque sus hijos se pasan buena parte de la noche "colgados" a Internet, a los videojuegos o al "Messenger"

INVESTIGACIÓN de la Universidad de Lovaina: Usar el móvil durante la noche resta eficacia al sueño de los adolescentes

EFE 04/SEP/07. Madrid | Los adolescentes españoles tienen una deuda de sueño crónica, ya que más de un 60 por ciento de ellos duermen una hora o dos menos de las nueve aconsejadas, muchos alteran su rutina radicalmente con las salidas nocturnas del fin de semana y algunos entregan su descanso a aparatos como la tele o el ordenador.

Ante la vuelta al colegio, los expertos consultados expresaron su preocupación por una situación tolerada socialmente y que, sin embargo, conlleva un bajo rendimiento académico fruto de la somnolencia que va acompañada de cefaleas, falta de concentración y de memoria y, en los más pequeños, de hiperactividad.

La doctora Rosa Peraita, que dirige la Unidad de Trastornos del Sueño del Hospital madrileño Gregorio Marañón, se refirió a que la escasez de sueño provoca "cambios en el estado de ánimo" de los adolescentes, tales como "tristeza, irritabilidad, cólera o miedo".

Los estudiantes, que palian esta situación con el consumo de sustancias estimulantes, como cafeína, nicotina y/o depresoras como el alcohol, pueden tener "dificultad para controlar las emociones, experimentar un aumento de la impulsividad", así como presentar "problemas de conducta y agresividad".

El doctor Francisco Segarra, psicólogo clínico y coordinador de la Clínica del Sueño Estivill, se refirió a que muchos padres acuden a la consulta preocupados porque sus hijos no estudian y se pasan la noche "colgados" a los vídeojuegos o al "Messenger".

Segarra explicó que en algunos casos esta situación deriva en un "trastorno del ritmo circadiano de sueño, es decir, en una alteración del ritmo biológico", que puede degenerar en "un síndrome de retraso de fase por dificultad para conciliar el sueño antes de altas horas de la madrugada".

"Es muy común que los padres acudan a la clínica acusando a sus hijos de que son unos noctámbulos y unos vagos, y en algunos casos es verdad -ironizó-, pero muchas veces detrás de esa situación se encuentra una deuda de sueño crónica y un retraso de fase".

Esta patología puede corregirse con medidas de tipo cronobiológico, consistentes en una exposición a luz brillante de manera controlada, y mediante cronoterapia, método basado en retrasar de manera sistemática la hora de acostarse hasta conseguir dormirse a una hora deseable, puntualizó el experto.

También se puede afrontar con melatonina, la hormona del sueño que se secreta a nivel del sistema nervioso central y que envía al cerebro el mensaje de que es hora de dormir cuando llega el anochecer.

"Disciplina cariñosa"

Carlos Marina, pediatra y profesor universitario de Medicina, hizo hincapié en que los padres no pueden "desentenderse de su responsabilidad" en este ámbito y les invitó a estar atentos, con "una disciplina cariñosa", a que sus hijos duerman entre nueve y diez horas.

Marina abogó por que se mantenga la rutina y el orden en los hábitos, algo que podría evitar que los menores empiecen el curso con "una deuda de sueño " que no es fácil de recuperar. Indicó que "dormir bien" debería recibir la misma atención que ha adquirido la alimentación en los últimos años, por lo que, apostilló, "tenemos que sensibilizar a la sociedad acerca de la importancia del sueño y de las consecuencias nefastas de que éste sea insuficiente".

Recomendó a los padres que cuiden la adaptación horaria en la transición de vacaciones al periodo escolar, si los hijos han tenido horarios tardíos o irregulares durante ese periodo.

El doctor aconsejó regularidad en la hora de acostarse y levantarse, incluyendo los fines de semana y las vacaciones, así como abandonar el consumo excesivo de estimulantes y la práctica de actividades que alteren la tranquilidad una hora antes de meterse en la cama.

Informar a los profesores, educadores y trabajadores sanitarios sobre las vicisitudes del sueño en los adolescentes, promoviendo la inclusión de los temas relacionados con esta necesidad fisiológica en los programas educativos, fue otra de las pautas que esgrimió.

Tras recordar que los españoles son los europeos que menos duermen, al menos una hora menos que sus vecinos, pidió especial atención para los adolescentes ya que, concluyó, "más de un 60 por ciento no duermen lo necesario para su salud". heraldo.es

Usar el móvil durante la noche resta eficacia al sueño de los adolescentes

ABAC/ N.R.C. 2 de septiembre de 2007 MADRID
Si es padre de un adolescente, seguro que en más de una ocasión se ha encontrado el móvil de su hijo bajo su almohada o entre las sábanas. Los teléfonos móviles se han convertido en una prolongación más del organismo de los adolescentes. Los chicos hablan y escriben mensajes durante todo el día, pero también por la noche, hasta el punto de convertirse en uno de los peores enemigos del descanso juvenil. La falta de sueño durante la adolescencia puede convertirse en un problema que interfiera en su desarrollo y reducir el rendimiento escolar.

Para demostrar la importancia del móvil en el sueño de los adolescentes, investigadores de la Universidad de Lovaina (Bélgica) estudiaron a 1.656 escolares, entre los 13 y los 17 años. Sólo el 38% de los estudiantes apagaron el teléfono durante las horas de sueño. Después de un año de investigación, comprobaron que su uso en horas intempestivas era más frecuente de lo que podían imaginar. Los investigadores belgas también demostraron que el móvil era el origen del cansancio que arrastraban el 35% de los adolescentes.

De doce a tres de la madrugada

Utilizar el móvil justo antes de ir a la cama duplicaba las posibilidades de no conseguir un sueño reparador. Si además los chicos se despertaban entre la media noche y las tres de la mañana para llamar, el riesgo de rendir menos al día siguiente se multiplicaba por cuatro.

En la revista «Sleep», donde han publicado sus resultados, los autores comentan que su trabajo debe servir como una llamada de atención a los padres. «El móvil no se ve como una amenaza, se considera un sistema de comunicación muy útil para localizar a sus hijos. Sólo se preocupan por los peligros de internet o porque pasen demasiado tiempo viendo la televisión. Pero su uso no es trivial, pasan muchísimo tiempo conectados y algunos de ellos lo hacen por la noche».
Pobre rendimiento escolar

Este estudio se realizó con escolares belgas, aunque los resultados hubieran sido similares en nuestro país. Un informe del Defensor del Menor de Madrid desveló que el 46% de los niños de entre 11 y 14 años tenían móvil propio. La facilidad de acceso había desembocado en una adicción que afecta ya al 38%. Algunos de esos niños podían utilizar su teléfono durante más de diez horas al día.

Los médicos recomiendan que los adolescentes duerman entre 8 y 9 horas cada noche para estar en forma al día siguiente. Un sueño reparador mejora el rendimiento escolar y reduce el riesgo de obesidad. Durante las horas de descanso, el organismo de los adolescentes segrega la hormona encargada del crecimiento. Si no se mantienen las horas de sueño, el cansancio desemboca en problemas de atención y su cuerpo no aprovecha las calorías de manera eficiente. abc
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PS 22/SEP/2007

Niños cortos de sueño
Por término medio pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo.
Durante la primera infancia esta proporción es aún mayor.


ABC 22 SEP 2007 «Cuando un bebé cumple dos años se ha pasado 13 meses durmiendo», explica Gonzalo Pin Arboleda, coordinador de la Unidad del Sueño del Hospital Quirón de Valencia. De ahí que este experto haga hincapié en la necesidad de darle al descanso nocturno la importancia que se merece, aún en contra -señala- de la idea que intenta transmitirnos la sociedad actual de que dormir es perder el tiempo y hay cosas más interesantes que hacer, como chatear o ver películas... Y los adolescentes han tomado buena nota de estas alternativas.
Un reciente estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Lovaina, en Bélgica, cuyos resultados se han publicado recientemente en la revista «Sleep» , indica que el 35 por ciento de los casos de excesivo cansancio diurno detectados en los jóvenes de entre 13 y 14 años puede atribuirse al uso del teléfono móvil en horarios en los que ya deberían estar durmiendo. La investigación ha detectado que sólo un 38 por ciento de los chavales encuestados asegura que no utiliza el móvil después de que la luz de su cuarto se haya apagado.

Mensajes y llamadas mantienen despiertos a los quinceañeros en su habitación incluso después de que se haya decretado el «toque de queda familiar», en algunos casos hasta las tres de la madrugada. Estos datos, asegura el doctor Pin, son extrapolables también a los jóvenes españoles. «Hicimos un estudio local en Valencia con más de 750 adolescentes y los resultados son más o menos los mismos que los del estudio belga o incluso arrojan cifras ligeramente más altas.

Dormidos en clase

Encontramos que el 52,8 por ciento de los jóvenes encuestados reconocían que iban a clase con déficit de sueño por las mañanas, con menos de nueve horas de descanso. Y si contábamos también a los que dormían menos de 8 horas, la cifra sobrepasa el 60 por ciento. Es decir, que al menos uno de cada dos adolescentes tienen sensación de somnolencia cuando están en clase. Y esa falta de sueño matutina hace que les resulte más difícil mantener la atención necesaria para un correcto aprendizaje», explica el responsable de la Unidad del Sueño.

En cuanto al número de horas que necesitan dormir los adolescentes hay una variación importante respecto a lo que se pensaba hace unos años: «Antes se estimaba que necesitaban dormir menos que los preadolescentes. Hoy en día sabemos que entre los 11 y los 14 años, la cantidad de horas de sueño se incrementan entre 20 y 25 minutos anualmente respecto a lo que dormían en la etapa anterior». Y es que no debemos olvidar que durante la aparente inactividad en que nos sume el sueño se segregan hormonas importantes para el correcto funcionamiento del organismo, como la del crecimiento -fundamental en esta etapa del estirón-. Y cuando la falta de sueño es crónica, además de los efectos inmediatos sobre el humor y la capacidad de concentración, se producen también secuelas orgánicas: «Muchas sustancias químicas producidas por el sistema inmunológico -que nos protege de las infecciones- se segregan mientras dormimos».

El reloj del adolescente

El uso de nuevas tecnologías durante el tiempo de sueño se une a lo que el doctor Pin denomina el gran problema de la adolescencia, el síndrome del retraso de fase: «Significa que si el reloj biológico durante la primera etapa de la infancia induce a dormir a una determinada hora, cuando llega la adolescencia ese reloj se atrasa un poco y el adolescente empieza a tener sueño una hora más tarde de lo que era habitual hasta entonces». Sin embargo, señala este experto, tiene que despertarse a la misma hora de siempre para ir a clase.

Y si hacemos caso a las estadísticas, la mayoría de los adolescentes que han dedicado parte de sus horas de sueño a comunicarse con sus amigos, han salido además de casa casi sin desayunar, lo que incide también negativamente en el rendimiento escolar. Y es que, como señala este especialista, ambas pautas están muy relacionadas: «No se trata sólo de una cuestión de tiempo. La misma sustancia -un neuropéptido llamado orexina- se encarga de regular el apetito y el sueño. Por eso cuando se duerme poco o mal se tiene menos sensación de hambre».

Los más pequeños


No sólo los adolescentes tienen problemas de sueño. Probablemente muchos de ellos los padecieron también en la infancia si nos atenemos a las estadísticas que indican que un 25 por ciento de los niños tienen dificultades para dormir. En más de un 90 por ciento de los casos las causas del insomnio de los más pequeños hay que buscarlas en los malos hábitos o la ausencia de límites.

La manifestación de esta falta de sueño es en este caso diferente a la de los adultos, pudiendo llevar a conclusiones erróneas: «En el niño cuando tiene un déficit de sueño se produce una situación muy curiosa: en lugar de estar somnoliento lo que hace es que se activa para no dormirse. Se vuelve más inquieto y más irritable y muestran algunos síntomas parecidos a los que presentan los niños con déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

De hecho algunos niños que son diagnosticados de síndromes parecidos al TDAH, en realidad, cuando se investiga a fondo, lo que tienen en realidad es un déficit dehoras de sueño o un sueño fraccionado como consecuencia de un síndrome de piernas inquietas o apnea obstructiva del sueño», aclara Gonzalo Pin.
Estos trastornos infantiles del sueño pueden tener consecuencias importantes en el rendimiento académico y el desarrollo del lenguaje si no se corrigen, según otro estudio publicado en «Sleep», la revista de la Asociación de sociedades científicas americanas dedicadas al estudio del sueño y sus alteraciones.

En esta ocasión es una investigación realizada en Canadá la que ha pasado revista a los hábitos de sueño de los menores de seis años. «Las conclusiones son muy interesantes porque es la primera vez que un estudio plasma en datos lo que ya se intuía empíricamente desde hace tiempo», señala el doctor Pin.

Cerebros más sensibles

La principal conclusión apunta a que los niños que duermen menos horas de las aconsejadas tienen un peor rendimiento escolar cuando se les valora a los seis años. El estudio separaba a los niños en tres grupos: Los que en los tres primeros años duermen menos de diez horas y luego recuperan hasta dormir más de once; los que duermen de manera continuada menos de diez horas en los seis primeros años; y los que en hasta los seis años duermen siempre once horas o más.

Como explica Pin «parece -aunque aún no está claro- que durante los tres primeros años de vida hay un periodo en el que el cerebro es especialmente sensible a la falta de sueño, especialmente las áreas relacionadas con el aprendizaje.También se ha podido observar que los niños que dormían menos horas cuando llegaban a los seis años tenían una expresión del lenguaje más lenta». A la vista de estos datos y teniendo en cuenta quelas necesidades de sueño están programadas genéticamente y son diferentes en cada niño. Es difícil establecer por eso una nornma general. Es importante, en opinión de este experto, facilitar las condiciones óptimas para que puedan dormir cuanto necesiten en esta etapa crucial de su desarrollo. abc


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PS
  • Dormir menos: aprender menos

    Dr Gonzalo Pin Arboledas
    Unidad del Sueño Hospital Quiron Valencia
    25/09/2007

    Se publica en la revista Sleep un artículo que relaciona los patrones de sueño y el tiempo que el niño duerme durante los primeros 6 años de vida con su capacidad de aprendizaje, comportamientos hiperactivos y desarrollo del lenguaje.

    Coincidiendo con el inicio del curso escolar se ha publicado en la revista Sleep (Publicación oficial de la Asociación de Sociedades Científicas Ameriacanas dedicadas al estudio del sueño y sus alteraciones) un más que interesante artículo que relaciona los patrones de sueño y el tiempo que el niño duerme durante los primeros 6 años de vida con su capacidad de aprendizaje, comportamientos hiperactivos y desarrollo del lenguaje en el momento de iniciar la escolarización a los 6 años de edad. El estudio se ha realizado en Canadá y abarca a 1492 familias con niños de 0 a 6 años de edad.

    Las conclusiones del estudio no pueden ser más claras: Los autores concluyen afirmando que sus resultados indican que una pérdida pequeña de tiempo de sueño (1 hora menos de la necesaria) de manera crónica en el inicio de la infancia se puede relacionar con un peor rendimiento escolar del niño al iniciar la escolaridad a los 6 años, así como que, una corta duración del sueño durante estos primeros 4 años de la vida multiplica por 3 el riesgo de tener un desarrollo del lenguaje más lento.

    Estos datos sugieren les indican a los autores (miembros de diferentes centros de investigación y universidades canadienses) que la adquisición del lenguaje y la consolidación de nuevas palabras en la memoria del niño pueden verse dificultadas por un acortamiento crónico de sueño durante estos primeros años de la infancia.

    Otro de los hallazgos de esta investigación científica es que aquellos niños con un tiempo de sueño corto de manera mantenida durante los 3 primeros años y a pesar de una recuperación de sueño adecuada cuando cumplen 4 años, presentan puntuaciones menores en algunos test que valoran el rendimiento a los 6 años: a pesar de que el sueño se normalice a partir de los 3 años de vida, el riesgo de presentar puntuaciones menores en algunas áreas del desarrollo a los 6 años se multiplica por 2.4 veces. De manera que para los autores de este estudio debe existir un período crítico del desarrollo en el inicio de la infancia donde el déficit de sueño es particularmente dañino para algunos aspectos del desarrollo incluso a pesar de que el tiempo de sueño se normalice posteriormente.

    Todos estos datos de manera conjunta nos hablan de la importancia de DAR LA OPORTUNIDAD de dormir al menos 10 horas cada noche durante los primeros años de la vida, especialmente los tres y medio años primeros.

    En este mismo número de la citada revista otro investigador relaciona el uso de los teléfonos móviles una vez las luces del dormitorio se han apagado con la sensación de cansancio excesivo diurno de adolescentes. La investigación valora esta dinámica en 1656 adolescentes de una edad media de 13.7 años. Los datos son de nuevo llamativos: únicamente un 38% de ellos confiesa que no utiliza el móvil a esas horas. Aquellos que sí lo utilizan por la noche ( bien con mensajes bien con llamadas) al menos una vez a la semana tienen tres veces más posibilidades de mostrar un excesivo cansancio diurno. El autor afirma que el 35% de los casos de excesivo cansancio diurno en adolescentes de 13 años se podría atribuir al uso del teléfono móvil una vez apagadas las luces para iniciar el sueño.

    La aparición de estos dos artículos que abarcan tanto la primera infancia como la adolescencia, en esta época de inicio del curso nos parece muy oportuna. Como se demuestra cada día, el sueño es necesario para el desarrollo armónico del niño y del adolescente. Su falta incide en su conducta incrementando conductas hiperactivas, alterando el humor y dificultando su aprendizaje.

    Estamos inmersos en la sociedad de 24 horas con ofertas de actividad continuada las 24 horas del día de manera que en los últimos 50 años el español ha reducido como media en 25 minutos el tiempo que le dedica al sueño Sin embargo, ni en ciclos de formación de los profesionales de la salud ni en los ciclos formativos de los educadores se dedica el tiempo necesario a conocer la importancia del sueño en la salud y la capacidad de aprendizaje de nuestros jóvenes.

    Seria necesario que tanto las instituciones públicas como las prevadas, los los responsables sanitarios y educativos así como los medios de comunicación y, especialmente, a las familias valoraran en su justa medida las necesidades de sueño de los niños e intentasen, por todos los medios, el ofertar a los niños y adolescentes la oportunidad de dormir las horas necesarias adecuando horarios y actividades a las necesidades de organismos en desarrollo. www.buscasalud.com

    Noche http://www.journalsleep.org/ La revista "Sleep", fundada en 1979 por C. Guilleminault y W. C. Dement, es una de las publicaciones especializadas de mayor prestigio internacional en el ámbito de la investigación sobre el sueño y sus trastornos. En su página web pueden encontrarse los resúmenes de los trabajos publicados www.udc.es

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    PS 03/10/07
  • Más del 15% de los niños hiperactivos padecen en realidad trastornos del sueño
    Además, pierden la capacidad de concentrarse, están en continuo movimiento y bajan su rendimiento escolar.


    EFE 3/10/2007 BARCELONA
    Un 15% de los niños a quienes se atribuye un problema de hiperactividad (TDAH) padecen en realidad un trastorno del sueño, según el doctor Gonzalo Pin, director de la Unidad del Sueño del Hospital Quirón de Valencia, que asiste en Barcelona al I Congreso Internacional sobre el Sueño.

    Pin, en declaraciones a EFE, ha explicado que a diferencia de los adultos, en los que los trastornos de sueño se manifiesta con somnolencia diurna, en los niños provoca mayor actividad motora y un cambio de humor que les hace irritables.

    Además, pierden la capacidad de concentrarse, están en continuo movimiento y bajan su rendimiento escolar, síntomas que cumplen con los criterios del Trastorno de Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) y que se asocian con la hiperactividad.

    Asegura que muchos niños clasificados o que cumplen alguno de los criterios del TDAH mejorarían con una buena higiene de sueño, y que se necesita una rutina para que el sueño sea reparador, y que los padres les den la oportunidad de dormir el tiempo que necesitan.

    «Ningún niño de menos de 10 años debería estar levantado después de las 21.30 horas, y hasta los seis años deben dormir una media de doce horas diarias», asegura.

    Gonzalo Pin ha recordado que España es uno de los países en los que en los niños se acuestan más tarde, y que las últimas encuestas cifran en un 20% el número de niños de 6 a 10 años que están viendo la televisión pasadas las 22.00 horas, porque «los niños se acoplan a los horarios de los padres, cuando debería ser al revés».

    Se estima además, que unos 700.000 niños menores de 14 años ven la televisión a la una de la madrugada en días escolares.

    Afirma este experto que en los últimos 20 años se ha perdido una media de 20 y 25 minutos de sueño al día y que los últimos estudios indican que el 52,8% de los adolescentes de 13 a 14 años, más de la mitad, van a clase sin haber dormido las ocho o nueve necesarias.

    Puntualiza que aunque los adolescentes tienen tendencia a acostarse tarde porque la melatonina, la hormona que induce a dormir, empieza a segregarse más tarde, «es vital dormir las horas adecuadas en momentos adecuados».

    Para este experto, la incorporación de la mujer al trabajo, y el hecho de que los niños se lleven temprano a casa de abuelos o a guarderías incide también en un acortamientos de las horas de sueño.

    En los últimos años se ha disparado el número de niños diagnosticados con TDAH, hasta el punto de que a finales de 2005 el Comité de la ONU sobre los Derechos del Niño expresó su inquietud por los falsos diagnósticos de hiperactividad y sugirió más investigaciones sobre los efectos de ciertos medicamentos psicotrópicos prescritos para el déficit de atención.

    Este comité estimó que las prescripciones de psicotrópicos a niños se elevan a 17 millones anuales, y que ciertos psiquiatras y grupos de interés han promovido los falsos diagnósticos para lograr un mercado de más de 20.000 millones de dólares al año.

    En el congreso Internacional de Barcelona, al que asisten unos cuatrocientos expertos mundiales, se ha tratado también del riesgo que tienen las personas con apneas de sufrir eventos cardiovasculares como infartos de miocardio, infartos cerebrales o infartos de miocardio, además de hipertensión.

    Las interrupciones de la respiración, como se llama a las apneas, son un problema cuando se producen más de 30 por hora, con una duración media de 30 segundos, nivel a partir de los cuales están claramente relacionadas con afecciones cardiorrespiratorias.

    Según Francisco Javier Puertas, miembro de la Asociación Ibérica de Patología del Sueño, un 5% de la población tiene síndrome de apneas del sueño, y la mitad son apneas graves.

    De los pacientes con problemas cardiovasculares, se estima que la mitad tienen más de 5 apneas por hora, lo que se asocia con paradas respiratorias, somnolencia y ronquidos, mal descanso nocturno, cefaleas y despertar con sensación de ahogo por la noche. LVDG

    Tags: sueño, descanso, dormir, adolescentes, rendimiento, móvil, noche

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