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miércoles, 19 de septiembre de 2007

Publicado por Seina @ 8:00


La fiesta silenciosa
Discotecas donde la música sólo se escucha a traves de unos auriculares. Es la última moda, para unos «ecológica» y para otros «muy poco comunicativa»
  • El especialista Juan José Navarro aconseja «no escuchar música con auriculares durante más de una hora»
  • iPod causa pérdidas auditivas. El aparato es capaz de reproducir sonidos de más de 115 decibelios, un volumen que puede dañar los oídos de quienes estén expuestos a él durante más de 28 segundos al día.

    ITSASO ÁLVAREZ 16 SEP 2007 BILBAO/MADRID
    «Las lesiones en el oído no provocan sordera inmediatamente, pero van afectando al oído y, con los años, empieza a notarse. Entonces, no hay marcha atrás».

    La advertencia la hace en los últimos tiempos día sí día también el otorrino Juan José Navarro en su consulta del Hospital Donostia. Sus palabras las dirige a jóvenes, «cada vez más, de 14 a 22 años», que acuden a él porque encuentran dificultad para seguir una conversación en grupo o para hablar por teléfono o bien necesitan subir el volumen de la radio y el televisor. «Están desarrollando problemas de audición que antes eran típicos de los adultos».

    Característica común a todos ellos suele ser que están todo el día enganchados al iPod, de ahí el nombre de 'la sordera del iPod'.

    «El problema reside en que las nuevas generaciones de estos aparatos son capaces de sacar sonidos sin distorsiones de más de cien decibelios, lo mismo que un avión al despegar. Se arriesgan a quedarse sordos treinta años antes que sus abuelos», advierte el también presidente de la Sociedad Vasca de Otorrinolaringología y miembro del comité asesor de la campaña 'No te olvides de tus oídos' promovida por GAES, que busca concienciar sobre la importancia de pasar revisiones anuales de los oídos para que esta patología no condicione la calidad de vida.

    Guitarrista de The Who


    A las advertencias médicas se ha sumado también Pete Townshend, guitarrista del grupo británico The Who. En su página web, el conjunto musical advierte «a los jóvenes» del «peligro de sordera si abusan del iPod». El propio Townshend reconoce en el foro sufrir una lesión parcial «como resultado de su exposición continuada a la música elevada, tanto en conciertos como por el uso de auriculares». Igual le sucede, explica el músico, «a Phil Collins, Eric Clapton, Sting, Neil Young o, en su día, a Beethoven, Schuman y María Callas, entre otros».

    En España, tres millones de personas (el 8% de la población) tienen algún problema auditivo. Sólo en Euskadi, son 170.000. En la comunidad autónoma, la pérdida de audición es ya la tercera dolencia en importancia después de la artrosis y la hipertensión. Los más afectados, en mayor o menor grado, los mayores de 55 años. hoy.esl

    La fiesta silenciosa

    Medido en términos de decibelios, que es la unidad que se emplea para cuantificar el nivel acústico, un avión que sobrevuela una ciudad genera un valor de entre 110 y 130, igual que lo último en iPod y MP3. Una taladradora metálica en unas obras urbanas, 120 decibelios. A cien llega el claxon de un autobús; 90 el de un coche. El tráfico rodado se traduce en 85 decibelios, en 60 una conversación normal y en 30 tan sólo el runrún que se oye en una oficina. ¿Y en una discoteca, donde la media en decibelios andará por los 250? Aún menos, pero sólo si la fiesta que allí se celebra es de las de 'silencio, por favor: no molestar'.

    Imaginen: tres DJ pinchan a la vez. Sobre el podio, diez o doce personas con distintos gustos musicales. Cada uno ha seleccionado el canal a su gusto y se deja llevar por el ritmo que fluye de las mesas de mezclas. Uno baila salsa mientras otro sacude la melena al estilo heavy metal y algún 'housero' se menea a lo 'tentetieso'. A lo suyo, en silencio, y al son de un estilo de música que les llega a cada uno de ellos a través de unos cascos o auriculares con recepción inalámbrica conectados por láser a una fuente emisora de radio control que les han sido entregados a la entrada del local.

    «Escuchar en soledad», define el malagueño Antonio Clavero, creador, con otros dos socios más, de la que se ha convertido en «la cuarta generación» en el sector del ocio: las fiestas silenciosas. «La posible solución de aquellas salas que no tienen licencia de música o no están debidamente insonorizada.

    Vecinos tranquilos

    Por un lado, se asegura el divertimento de los clientes. Y, por otro, garantiza el descanso del vecindario que rodea al local», argumenta. Añade que, además de poner puertas al ruido y dado que las canciones no salen de unos altavoces, el local se ahorra el canon de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE). «Si quieres conseguir un ambiente íntimo para ligar, basta con reducir el volumen o bien quitarse los cascos y hablar. Y también se puede compartir el auricular».

    La patente de las fiestas silenciosas está en manos de la productora Vitality. Algunas terrazas de Mallorca ya se están convirtiendo en franquicias para explotar este nicho de mercado. Como la Zur Zafala de Miguel Tous, un local al aire libre al que acuden decenas de ciudadanos de nacionalidad alemana en verano a tomar unas copas por la noche. «A partir de la medianoche está prohibido mantener la música en esta zona y la mayor parte de mis clientes no están acostumbrados a beber sin música de fondo». En desacuerdo con «los que dicen que rompe el encanto de la noche», el hostelero opina que «de esta manera ganamos todos». «Yo también lo prefiero», admite Miguel Pastor, apodado Miguel-On, un DJ con experiencia en este tipo de eventos. «En este tipo de fiestas tienes la oportunidad de ver que la gente valora la música que pinchas en lugar de moverse sin más al ritmo de lo que suena». Pero si 'la fiesta silenciosa' era lo que las asociaciones antirruido estaban buscando, no está tan claro. «Es una solución al volumen interno de un establecimiento, pero no al externo. ¿Qué decir frente a los tumultos que se forman en las entradas de los bares de copas?», plantea Juantxo Domínguez, presidente de la Red Ciudadana contra el Ruido, con sede en la capital donostiarra, un colectivo que lleva más de dos décadas poniendo el grito en el cielo por la contaminación acústica en las ciudades.

    «Imagino que al abandonar el local, los usuarios tendrán el nivel auditivio totalmente distorsionado y hablarán alto, con las consecuencias que ello conlleva. Además, ¿no se quedarán sordos como una tapia con eso de utilizar auriculares?», pregunta Domínguez. «Los cascos son bombas para los tímpanos», opina el abogado getxotarra Alfonso Terceño, portavoz en el País Vasco de Juristas contra el Ruido, asociación que ostenta el honor de haber enviado a la cárcel al dueño de un restaurante de Barcelona por ruido.

    Un sondeo realizado por la cadena de centros auditivos GAES determinó que la música es «el sonido preferido» para más de la mitad de los españoles. Y que, si se escucha a volúmenes muy elevados durante un espacio de tiempo prolongado puede provocar pérdida auditiva de carácter irreversible. «De seguir como hasta ahora, los jóvenes tendrán a los cincuenta años los mismos problemas de audición que hoy tienen sus abuelos», advierte Juan José Navarro, otorrino del Hospital Donostia y presidente de la Sociedad Vasca de Otorrinolaringología.

    Por otros motivos, el sociólogo Luis Ruiz Aja, especializado en estudiar temas relacionados con la juventud, tacha de «curiosidad» la nueva moda de bailar, en parte, en silencio. «Para que una fiesta juvenil funcione -explica- tiene que tener una serie de requisitos: un buen ambiente, cálido y amigable, un uso razonable del alcohol, una música no excesivamente alta para evitar riñas con el vecino de turno, un comportamiento responsable si tienen que conducir y, en su caso, a la hora de practicar sexo». Y dado que «la música es una seña de identidad de los jóvenes, esto debería suceder con auriculares o sin ellos».

    Los impulsores de las discotecas con auriculares están proponiendo la idea a las salas de cine. Creen que «eliminaría la desconcentración por las típicas molestias de las palomitas y el alboroto de los niños». Unos auriculares en las butacas harían posible que la película se ofreciera en diferentes idiomas al mismo tiempo. Llaman a museos, hospitales, centros de enseñanza, conferenciantes, hoteles e instituciones oficiales a adaptar el sistema inventado para las fiestas silenciosas a su día a día. El pasado 14 de mayo, partido Pro Municipio Torre del Mar, un grupo independiente que concurría a las elecciones municipales en Vélez, Málaga, celebró un'mitin silencioso' para pedir ayuntamiento propio para el municipio'. Los convocantes no querían molestar a quienes no compartían sus inquietudes www.hoy.es

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      Apple ha vendido más de 42 millones de aparatos desde que salieron a la venta por primera vez en el 2001, entre ellos 14 millones en el cuarto período del año pasado.

      El artefacto puede producir sonidos de más de 115 decibeles, un volumen que puede dañar la audición de una persona expuesta a ese tipo de sonidos por más de 28 segundos al día, de acuerdo con la querella. globalmac.cl

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    A largo plazo, estos pueden producir también conductas de irritabilidad. www.territoriodigital.com

    https://www.ucv.es/

    Tags: sordera, otorrino, decibelios, música, iPod, Apple, silencio

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