BREVES de Educación· otraACTUALIDAD· Del 23 de diciembre de 2007 al 7 de enero de 2008
4 alumnos mirandeses de Bachillerato logran el Premio Hermes Por trabajo extraescolar de Economía y Organización de Empresas
VALENCIA 40 proyectos ganadores de los premios Bancaja para Jóvenes Emprendedores
CÁCERES Campeonato de España de Baloncesto de selecciones autonómicas Infantil y Cadete Del 2 al 8 de enero
Una madre llama la atención sobre el trastorno de hiperactividad y pide una mayor comprensión Su hijo de catorce años, por considerarse «un chico movido» habría sido «invitado a marcharse» de seis colegios de dentro y fuera de Santa Pola, según la madre. Le diagnosticaron hiperactividad, cuyo principal signo visible es la elevada inquietud de quien lo padece.
Más del 95% de los niños de 3 años están escolarizados en España, una tasa "elevada" respecto a UE
El MEC valida los docentes de Secundaria, magisterio y formación profesional propuestos por Baleares
VALLADOLID Diez sanitarios enseñarán reanimación y primeros auxilios a 60 profesores Los docentes de Nuestra Señora del Carmen aprenderán a reaccionar ante crisis sanitarias para disminuir secuelas y aumentar supervivencia
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Ministerio de Cultura regula el Observatorio de la Lectura y el Libro Para análisis permanente de la situación del libro, la lectura y las bibliotecas en su conjunto
Padres y profesores demandan la reacción de la comunidad educativa para acabar con el fracaso escolar 'Vurro', 'vervo', 'e estado', 'móbiles', 'voi', 'avía' o 'inperfetos' son algunas de las palabras -prácticamente ilegibles- que los profesores de Lengua y Literatura se encuentran en los exámenes de alumnos de 14 y 15 años.
Las 'Pruebas de Diagnóstico' realizadas en Andalucía ratifican los malos resultados del informe PISA Profesores, padres y sindicatos reclaman planes de choque y refuerzo. Bajas calificaciones tanto en Lengua como en Matemáticas, siendo éstas mejores, tal y como señalaba el informe PISA
El 86% de los alumnos navarros aprueba la ESO frente al 70% de media nacional Informe sobre el Sistema educativo en Navarra referente a 2005-2006
El MEC hará en 2009 Pruebas de Diagnóstico en 4º de Primaria y 2º de ESO a nivel nacional
MADRID Urbanismo ordena cerrar totalmente el colegio que se derrumbó parcialmente en Navidad Los alumnos serán reubicados en dos colegios de la Latina y de Chamartín
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La Educación en Finlandia
- Lo que no cuenta de Finlandia el informe Pisa
A pesar de ser la envidia del planeta, los finlandeses son escépticos con los resultados del informe Pisa. «¿Somos realmente los mejores?», se pregunta Kari Kajainen. «Los profesores no tenemos estrés porque no superamos las 21 horas lectivas semanales. No pierdes la ilusión de enseñar por convertirte en un policía del aula. No hay apenas bullying y en los institutos la emigración es anecdótica y no ralentiza el ritmo de las clases. Pero algo no termina de funcionar.» La matanza del instituto de Tuusula, hace apenas un mes, donde un estudiante de bachiller acabó con la vida de ocho compañeros y profesores antes de suicidarse, así lo demuestra. ¿Cómo no se detectaron a tiempo las intenciones de un alumno marginado, que incluso las anunció en YouTube? La respuesta la da Ana Rodríguez, arquitecta española en la Universidad de Helsinki. «No se percataron a tiempo porque el asesino no sacaba malas notas. Los padres se interesan por los exámenes, vigilan los deberes. Pero es una sociedad cerrada, donde cuesta mucho que la gente se relacione.» Si añadimos que existe un problema de consumo de alcohol entre los jóvenes, que no hacen botellón en la calle por el frío, pero que beben en casa; que el índice de depresiones es de los más altos de Europa; que 21 de cada 100.000 chavales se suicidan (6 en España); y que en Finlandia circulan libremente un millón y medio de armas, es lógico que los finlandeses hagan examen de conciencia. www.xlsemanal.com
Los secretos de un éxito asombroso
EL SECRETO DE LOS FINLANDESES
24 horas con uno de los jóvenes de 15 años que triunfa en Pisa
CARLOS CARRIÓN
¿Por qué lo habitual en Finlandia es que un adolescente normalito termine Secundaria con notas excelentes, hablando un perfecto inglés y leyendo un libro a la semana, y aquí muy pocos consiguan algo remotamente parecido? Hemos viajado al país mejor clasificado por el informe Pisa para averiguarlo.
Les presento a Saili Sipilä. Tiene 15 años. Vive con sus padres y sus dos hermanos en Espoo, una ciudad de 360.000 habitantes a las afueras de Helsinki. He volado 4.000 kilómetros para conocerlo. ¿Por qué? Por dos razones: porque soy periodista y porque tengo un hijo de la misma edad. Como periodista, quiero saber por qué Saili, un adolescente normalito de Finlandia terminará la Secundaria con excelentes notas, hablando inglés a la perfección y leyendo un libro por semana. Lo típico para un finlandés. Como padre, quiero saber si es inevitable que mi hijo, Manuel, un adolescente normalito, acabe sus estudios obligatorios aprobando por los pelos, chapurreando cuatro palabras en inglés y sin el menor interés por la lectura. Lo típico para un español. ¿Hubiera sido diferente si hubiera nacido en Finlandia? ¿Qué comparaciones entre la educación finlandesa y la española puedo hacer como periodista? ¿Qué lecciones puedo aprender como padre?
Repaso en el avión los resultados calentitos del último informe Pisa, un examen trianual que mide las capacidades de los alumnos de 15 años de 57 países en ciencias, matemáticas y lectura. Participaron 375.000 estudiantes. En España, casi 20.000 alumnos de Secundaria de 686 coles e institutos. Veamos las notas. Ciencias: Finlandia, 1ª, 563 puntos. España, 31ª, 488 puntos. Si el aprobado lo marca la media de los países de la OCDE (491 puntos), ya tenemos el primer suspenso. Matemáticas: Finlandia, 2ª, 548 puntos, a sólo uno de China Taipei. España, 31ª, 480, a cuatro de la media de los países desarrollados. Segundo insuficiente. Lectura: Finlandia, 2ª (547), por detrás de Corea del Sur. España, 35ª (461), protagoniza además el peor descenso en comprensión lectora de los países de la OCDE (485) desde el último informe. Nuestros hijos no entienden lo que leen. A la cuarta línea de cualquier texto se pierden. Muy deficiente.
Tres cates en las tres asignaturas básicas. ¿Qué hacemos? ¿Castigamos de cara a la pared a los alumnos, a los padres, a los profesores, a las autoridades, a todos? Alemania cosechó unas calabazas semejantes hace tres años y la conmoción fue tan mayúscula que los políticos se pusieron las pilas y este año sus estudiantes han aprobado con nota. Aquí, el Gobierno culpa a Franco (la precaria educación de los padres dificulta la de los hijos). Además, la fiesta va por barrios, léase por comunidades autónomas. Los riojanos pueden sacar pecho: están en el grupito de cabeza. Los andaluces deberían ir pensando en las recuperaciones: en mates les gana hasta Azerbaiyán.
Taxi hasta Espoo. Son las siete de la mañana y todavía no ha amanecido. Ni lo hará. No veré el sol durante mi estancia en Finlandia. Cielos cubiertos y noche cerrada a las tres de la tarde. En esta época del año es un país en penumbra y con sus 5,3 millones de habitantes obsesionados en encender cirios, velas y lamparitas. Limosnas de luz. Llego a casa de los Sipilä a tiempo para ser invitado al desayuno familiar. No es lo habitual, porque cada uno suele tomar un bocado por su cuenta, pero ayer (6 de diciembre) fue el Día de la Independencia y la ocasión lo merece. Me sorprende que Saili no tenga puente, pues el festivo cae en jueves. Mi hijo enlazó cuatro días de vacaciones gracias al viaducto de la Constitución. En Finlandia, si una escuela hace puente (los centros tienen autonomía para toman estas decisiones), antes obliga a sus alumnos a salir algo más tarde cada día hasta completar las clases que se hubieran perdido.
Me descalzo, dejo los zapatos en el recibidor y converso con los Sipilä en calcetines mientras damos cuenta del café, los panecillos, el zumo de bayas y el queso lapón con mermelada. Seppo, el padre, es teólogo y se gana la vida traduciendo la Biblia. Domina una docena de idiomas, entre ellos arameo, copto y árabe clásico. Leena, la madre, es enfermera y trabaja en un hospital. Mikael, el hermano mayor, tiene 18 años y quiere estudiar Arte Dramático en la universidad, pero reconoce que las posibilidades de pasar el corte a la primera son escasas. Joel, el menor, de 12 años, es discapacitado psíquico y acude a un colegio de educación especial. La vivienda familiar es un dúplex de clase media en el centro urbano de Espoo. Lo de ‘urbano’ hay que matizarlo. Un bosque de abetos limita con la casa. «Nos mudamos aquí hace año y medio. El aire es muy puro». Espoo es la segunda ciudad de Finlandia en habitantes y la de mayor porcentaje de población universitaria en un país donde el 34 por ciento de los adultos tiene estudios superiores. «No hay apenas delincuencia. Nuestros hijos pueden pasear de noche con tranquilidad», explica el padre. Y Saili apostilla en un inglés prístino: «Finlandia es segura. Ni sunamis, ni terremotos… Me gusta vivir aquí». Yo les explico que me crié en la calle. Y eso es algo que se ha perdido en España, por los menos en las grandes ciudades. Que los niños puedan jugar al aire libre sin vigilancia.
Las ocho menos cuarto. Hora de ponerse los zapatos y salir camino de las respectivas ocupaciones. Saili coge el bus urbano (no hay autobuses escolares). El billete lo subvenciona el municipio. Por ley, ningún alumno puede vivir a más de cinco kilómetros de la escuela. Podría ir caminando, un paseo de veinte minutos, pero llovizna aguanieve y no le apetece. Saili tiene moto y bicicleta, como la mayoría de sus compis, pero sólo unos pocos desafían al frío en esta época. En el exterior, las instalaciones de la escuela Saarnilaakson dan una impresión espartana, excepto por el césped de los campos de deporte que la circundan. En la entrada no se ve a decenas de estudiantes apurando el primer pitillo de la mañana, como en los institutos españoles. Ni una colilla ni una hoja ni una pintada. «Aquí no se ensucia ni la nieve», me dice el fotógrafo.
En el interior, la limpieza resalta aún más. No hay garabatos en los pupitres ni en los aseos. Todo parece recién estrenado. Saarnilaakson es una escuela pública, como el 97 por ciento de los centros finlandeses, a diferencia de España, donde el 35 por ciento son privados. Por supuesto, es gratuita. Pero el equipamiento es el de un colegio caro en nuestro país. Las aulas disponen de un televisor con pantalla gigante de plasma, acuario de 200 litros con pececitos de colores, cocina con fregadero, medios audiovisuales, aire acondicionado, muchas plantas. Hay un ordenador por cada dos alumnos. Una docena de máquinas de coser en la clase de costura, aparatos de soldar, herramientas de carpintería, esquíes… Un gimnasio cubierto, un auditorio para las clases de teatro y un comedor con autoservicio. Todo en perfecto estado de revista. Los libros de texto son gratis (¡cómo duelen los 200 euros que tengo que desembolsar cada septiembre!), el material escolar es gratis, la comida es gratis. No parece demasiado apetitosa y los estudiantes reniegan, pero la comen. Al Ayuntamiento le cuesta 65 céntimos cada menú: un plato caliente, leche y fruta.
Tanta generosidad me pone los dientes largos. Y cuando Kari Kajalainen, profesor de matemáticas, me explica que si un niño quiere estudiar, puede llegar a ser médico o juez o ingeniero, lo que se proponga, si se esfuerza, aunque su familia sea pobre, pongo cara de incredulidad. «La educación de cada finlandés le cuesta 200.000 euros al Estado, desde que entra en la guardería hasta que sale de la universidad con su título. Es el dinero mejor empleado de nuestros impuestos. La presidenta del país, Tarja Halonen, se licenció en Derecho y proviene de una humilde familia de clase obrera. «Cuando regaño a mis alumnos, les digo que están malgastando el dinero de los contribuyentes». Y otra profesora, Päivi Ketola, me cuenta que los universitarios sólo han de pagar los libros y la comida (2.50 euros en la cafetería de la facultad). El Estado los ayuda a emanciparse con subvenciones para alquilar una vivienda y una paga. Todo el sistema está montado para que los finlandeses se acostumbren a ser autónomos desde bien pequeñitos y se vayan a vivir por su cuenta a los 18 años.
Pero volvamos con Saili, que ha sonado el timbre (las notas de una balada al piano de Erik Satie) y entra en clase. Cursa 9º grado, el equivalente de 4º de la ESO en España. En la escuela de Saarnilaakson hay 400 alumnos y 40 profesores, médico, asistente social, psicólogo y hasta dentista. Y la ratio es de menos de veinte estudiantes por aula (en Finlandia, por ley, no puede haber más de 24). En la clase de mi hijo hay 34. Los compañeros de Saili son formalitos, por lo menos a primera vista. Y es que en el ideario del colegio, además de en la civilización europea y el multiculturalismo (hay clases de historia del islam o del catolicismo, aunque la población es mayoritariamente luterana), se hace un hincapié obsesivo en los buenos modales. Me asombra el respeto reverencial que le tienen a los profesores. «Sí, nos sentimos respetados y valorados por la sociedad. Ser maestro es una profesión de prestigio a la que solo aspiran los mejores. Y no basta con ser muy bueno en tu materia. Debes destacar también a la hora de saber transmitir tus conocimientos. Pero el respeto de los alumnos te lo ganas día a día. En 20 segundos lo puedes perder», explica Mati Karkkainen, docente de ciencias, en la sala de profesores, muy acogedora: un piano, una bandeja con bombones, cafeteras humeantes. Los maestros tienen un buen sueldo en comparación con los españoles, aunque algunos se quejan. Rocío no, desde luego. Esta madrileña imparte clases de español. «Cobro 1.800 euros por 15 horas semanales. El sistema no incentiva que trabajes más. Prefieren repartir el trabajo para que no haya paro. ¿Cómo? Aumentando mucho los impuestos a los que ganan más. A mí sólo me retienen el 10 por ciento. Pero a un médico que gane 5.000 euros le retienen la mitad. Además, tienes derecho a paro toda la vida. Tendría que pensármelo mucho para volver a España».
Ojo, a los niños finlandeses no les gusta el cole. Saili, que saca sobresalientes sin despeinarse, lo considera «demasiado fácil». Sus compañeros, menos brillantes, reconocen que hay que trabajar demasiado. Y Päivi Junkkari, profesora de inglés, recuerda su adolescencia como una etapa ingrata, de mucho sacrificio. «Los alumnos no vienen al colegio a pasárselo bomba. Es un trabajo. Pero saben que todos tienen las mismas oportunidades. Da igual a la escuela que vayan, en el centro de Helsinki o en un pueblo del Ártico. Todas tienen el mismo nivel». Kari Kajainen asiente. «Nos centramos en que la mayoría de los alumnos sean muy competentes. Que el nivel medio sea alto. No es una educación elitista. Preferimos que todos saquen aprobados y notables; que haya alumnos de matrícula no es una prioridad. Y, sobre todo, cuando vemos que alguno tiene problemas, le asignamos enseguida un profesor de apoyo. Tiene clases extra. Estamos muy pendientes y no dejamos que se retrase.»
Los deberes son sagrados. Y está muy mal visto que alguien copie, incluso por los mismos alumnos. Que alguien saque una chuleta es impensable. «En nuestra cultura son muy importantes dos valores: la honradez y el trabajo», comenta Päivi Junkkari. No es casualidad que Finlandia también encabece las estadísticas de transparencia y menos corrupción pública. Kari Kajainen apunta otra peculiaridad nórdica. No hay repetidores. Le digo que en España el 43 por ciento de los alumnos de Secundaria ha repetido curso alguna vez. Y que mi hijo, que siempre se salva al final, tiene incontables oportunidades para aprobar cada asignatura y, aun así, suelen quedarle un par para septiembre. Kajainen pone cara de asombro. «Aquí sólo tienes una oportunidad para aprobar un examen por la misma razón que la vida sólo se vive una vez. Y hay que aprovecharla. Si no apruebas, te quedas una hora más en clase hasta que demuestres que te lo sabes y si no, estudias en verano, pero la promoción es automática».
¿Dónde aprietan más las tuercas? «Sin duda, en la enseñanza de la lengua materna. Somos los primeros del mundo en ciencias y los segundos en matemáticas, pero el mayor reto de enseñar matemáticas es conseguir que los alumnos comprendan lo que leen, el enunciado de los problemas. Por eso lo fundamental es que lean. Y también es muy importante la enseñanza de lenguas extranjeras. El finés es una lengua minoritaria. Los alumnos también estudian sueco e inglés obligatoriamente. Y alemán, francés o italiano como optativas. Pero tienen una gran ventaja. Las películas y series de televisión extranjeras no están dobladas. Todas se pasan con subtítulos. Los niños se acostumbran desde pequeños a escuchar otros idiomas y, además, adquieren destreza lectora. Hay que leer rápido los subtítulos para no perder el hilo del programa», apunta Tuija Yrjö-Koskinen, profesora de inglés. Envidio la fluidez con la que todos hablan el idioma de Shakespeare en la clase de Sailu. E incluso chapurrean algunas palabras de español porque Los Serrano es la serie de moda.
La jornada de Saili es intensiva, de 8 de la mañana a 3 de la tarde. Pero las clases son muy breves: 45 minutos mal contados. Hay un recreo obligatorio al aire libre (los adolescentes se apretujan en la entrada porque en el patio hace frío) y una pausa de media hora para comer. Todo el horario está salpicado de breves descansos que hacen llevadero el día. Terminan frescos. No se los abruma con una montaña de materias. Las carteras son livianas. Se estimula el razonamiento crítico antes que la memorización. Hay clases distendidas, como baile de salón, teatro, arte digital, peluquería, artes marciales, hockey sobre hielo, esquí de travesía, ¡cocina! (Saili y su hermano Mikael aprendieron a cocinar en el colegio y preparan la cena en casa cuando les toca). También primeros auxilios, carpintería, soldadura o música. Los alumnos tocan el violín, la guitarra eléctrica u otros instrumentos, según sus preferencias. Y, sobre todo, se estimula el pensamiento crítico. Se invita a discutir. El sistema español margina el debate y la expresión oral. El alumno toma apuntes pasivamente, bosteza.
Saili vuelve a casa, juega un rato al hockey y hace los deberes. «Tardo de una a dos horas. Luego cuido de mi hermano Joel o cocino si no hay nadie más en casa. A las siete hemos cenado. Me conecto un rato al Messenger si mi padre no está trabajando en el ordenador. O juego a videojuegos de rol y de estrategia. Luego, me acuesto y me quedo leyendo hasta las once. Mis libros preferidos son las novelas de Julio Verne y todos los de Harry Potter. El último lo voy a leer en inglés».
Finlandia presume del mayor índice de lectura de libros y prensa de Europa. Tres veces por semana la familia toma la sauna en casa. «Lo hacemos juntos. Es el lugar donde se comentan las preocupaciones y los proyectos, donde se planean las vacaciones. Siempre buscando el sol. Hemos ido a Madeira, París y Túnez», explica Leena, su madre. Saili todavía no tiene claro qué quiere ser de mayor. «Químico, veterinario o diseñador de videojuegos.» Le pregunto si es feliz. Y me responde sin pestañear que sí.
Carlos Manuel Sánchez
La cara...
No es casualidad que la educación finlandesa sea la mejor del mundo. El país nórdico también es el primero en los índices de bienestar. Pero no siempre fue así. En los años 90 Finlandia vivió una durísima recesión económica con un paro muy elevado. El Gobierno decidió hacer una apuesta trascendental para poner a la nación en órbita. Invertir en educación, investigación y tecnología. Los mimbres estaban ahí: respeto al profesor, seriedad, cultura del esfuerzo… Sólo faltaba el dinero. Y el hundimiento de la Unión Soviética sirvió para transvasar fondos del presupuesto de defensa a colegios y universidades, al no sentirse tan amenazados por el ‘oso’ ruso. Funcionó. Finlandia pasó a ocupar los primeros puestos del mundo en riqueza y bienestar en menos de diez años. Algo parecido al resurgimiento de Japón después de la guerra. Y eso que la educación obligatoria comienza más tarde que en España: a los siete años. Pero aprovechan el tiempo. La Administración también ayudó a las empresas a adaptarse a la era tecnológica. El caso más llamativo es el de Nokia. Sólo era un pueblecito donde había una fábrica de botas de goma. Pasaron a fabricar televisores. Hubiera sido más sencillo seguir haciendo botas, pero fueron audaces. Sindicatos y directivos se aliaron. De los televisores saltaron a la telefonía móvil, y de ahí a liderar el mercado mundial de las telecomunicaciones, por delante de japoneses, alemanes y americanos.
La cruz
A pesar de ser la envidia del planeta, los finlandeses son escépticos con los resultados del informe Pisa. «¿Somos realmente los mejores?», se pregunta Kari Kajainen. «Los profesores no tenemos estrés porque no superamos las 21 horas lectivas semanales. No pierdes la ilusión de enseñar por convertirte en un policía del aula. No hay apenas bullying y en los institutos la emigración es anecdótica y no ralentiza el ritmo de las clases. Pero algo no termina de funcionar.» La matanza del instituto de Tuusula, hace apenas un mes, donde un estudiante de bachiller acabó con la vida de ocho compañeros y profesores antes de suicidarse, así lo demuestra. ¿Cómo no se detectaron a tiempo las intenciones de un alumno marginado, que incluso las anunció en YouTube? La respuesta la da Ana Rodríguez, arquitecta española en la Universidad de Helsinki. «No se percataron a tiempo porque el asesino no sacaba malas notas. Los padres se interesan por los exámenes, vigilan los deberes. Pero es una sociedad cerrada, donde cuesta mucho que la gente se relacione.» Si añadimos que existe un problema de consumo de alcohol entre los jóvenes, que no hacen botellón en la calle por el frío, pero que beben en casa; que el índice de depresiones es de los más altos de Europa; que 21 de cada 100.000 chavales se suicidan (6 en España); y que en Finlandia circulan libremente un millón y medio de armas, es lógico que los finlandeses hagan examen de conciencia.
HABLAN LOS PROFESORES
«Ser profesor es una de las profesiones con más prestigio y sueldo del país». Jussi Otsomaa, subdirector de la escuela.
«Las pruebas para ser maestro son durísimas. Necesitas un nueve en bachiller y reválida. Sólo lo logran los mejores». Veli-Matti Ojalainen, profesor de Humanidades.
«Es importante que los alumnos aprendan buenos modales. Exigimos respeto, pero también respetamos a los estudiantes». Tuija Yrjö-Koskinen, profesora de inglés.
«No pierdes la ilusión ni te quemas. Te dedicas a enseñar, no a imponer orden. Basta una mirada para que atiendan». Rectta Annala, profesora de educación para la salud.
* <CONTIENE Reportaje fotográfico
www.xlsemanal.com
Número: 1052
Del 23 al 29 de diciembre de 2007
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EL CORREO ANALIZA EL MILAGRO EDUCATIVO FINLANDÉS
Finlandia ha logrado que el 94% de los alumnos acabe con éxito la etapa de enseñanza obligatoria
UN PAÍS EN DATOS
Finlandia: 5,2 millones de habitantes.
Lenguas oficiales: Finés, 92% y sueco, 6%.
Religión: Luteranos (85%) y ortodoxos (1%). Sin afiliación religiosa (13%).
Inversión en Educación: El 6% del Producto Interior Bruto (en España es de poco más del 5%).
Estudiantes: Más del 97% estudia en la red pública. 700.000 en la
enseñanza obligatoria (de 6 a 16 años). En FP media y superior,
326.000. En la Universidad, 176.000.
Centros: Cerca de 5.000 escuelas e institutos de las etapas obligatorias y 20 universidades.
En Finlandia la luz del sol es el bien
más escaso. Y más en febrero. Aún no son las nueve de la mañana y un
gris plomo envuelve el pueblo de Raisio, situado a las afueras de
Turku, antigua capital, a 200 kilómetros de Helsinki. De los bosques y
senderos que rodean la escuela Kerttula Koulu aparece un goteo de niños
caminando, con esquís de fondo o avanzando a duras penas en bicicleta
por la nieve. La temperatura roza los tres grados bajo cero y los
patios están nevados. Los pequeños dejan sus esquís y bicicletas
apoyados en las paredes de esta escuela con aspecto de acogedora casita
de cuento y se lanzan a jugar al fútbol o a escalar montones de nieve.
La enseñanza obligatoria se inicia en Finlandia a los 7 años en
escuelas como la de Raisio -pequeñas y de ambiente familiar-, que
imparten la primera etapa hasta los 12 años. Aquí comienza a gestarse
el 'milagro' educativo finlandés, una fórmula que tratan de descubrir
muchos países europeos y que ha colocado a Suomi -en finés: 'el país de
los pantanos'- en los primeros puestos en la prueba de PISA en materias
como Lengua, Matemáticas y Ciencias, realizada a adolescentes de 15
años. EL CORREO ha recorrido escuelas finlandesas para conocer las
claves. Comienza la búsqueda.
No llegan autobuses de transporte escolar a las puertas de Kerttula
Koulu, ni padres que lleven a sus hijos en coche. No hay madres que
carguen con las mochilas de sus pequeños o les griten que no se mojen
con la nieve. Aparcan dos taxis en la entrada con varios niños. Los
escolares campan a sus anchas.
En este país de 338.000 kilómetros cuadrados y 5,2 millones de
habitantes no existe el transporte escolar. El Ayuntamiento, que lleva
las riendas de la enseñanza en cada municipio, asigna a los escolares a
un centro educativo a menos de cinco kilómetros de su casa. Hay varios
colegios de tamaño pequeño en cada pueblo -una decena para los 24.000
habitantes de Raisio-, lo que contribuye a facilitar una enseñanza muy
individualizada. Kerttula Koulu tiene 300 alumnos y 18 profesores. Si
el niño vive en una zona muy alejada, el municipio le paga el taxi a
diario. «Cuando empezó mi hija le traía en coche. Me llamó el director
y me dijo que tenía que venir andando como el resto. Aquí quieren niños
independientes», explica Begoña del Barrio, profesora de español nacida
en Bilbao y que vive en Raisio.
Refuerzo escolar
Los pequeños entran al colegio, se quitan anorak, pantalones
de esquiar, botas, guantes y gorros y los dejan en sus colgadores. Hay
orden y limpieza. La jornada escolar ya está en marcha. Hay alumnos que
han empezado a las ocho de la mañana para dar clases de refuerzo.
Recibir ayuda escolar es algo habitual. No etiqueta a los alumnos como
'torpes'. En los colegios de Finlandia es frecuente ver a un docente
sentado junto a un alumno en una mesa del pasillo, en la biblioteca o
en un aula. Los estudiantes aprovechan el descanso, entran una hora
antes, o salen una más tarde para esas sesiones.
El director de Kerttula Koulu, Ollie Ranta, lo resume: «Aquí nunca
dejamos solo a un niño con problemas de aprendizaje. Es uno de los
secretos de los resultados que obtenemos en PISA». El profesor de cada
materia es el que se encarga de dar las clases de refuerzo de su
asignatura. En Finlandia, el 94% de los estudiantes finaliza con éxito
la etapa obligatoria -en España apenas llega al 70%-, y el otro 6%
acaba por reincorporarse al sistema educativo años más tarde a través
de la Formación Profesional.
Sanna Reiman está en clase con una alumna inmigrante que aprovecha
el descanso para poner al día su trabajo escolar. Es la profesora de
Lengua Materna, como se llama en Finlandia a la asignatura. El 92% de
la población habla finés y el 6%, sueco -el 'saame' sobrevive en áreas
de Laponia-. Los alumnos tienen derecho a estudiar en cualquiera de las
dos lenguas oficiales. Todos se escolarizan en su idioma materno y el
otro lo cursan de forma obligatoria como asignatura, dos horas
semanales.
El sistema educativo de este país nórdico se vuelca en el
aprendizaje de la lengua, sobre todo en los primeros cursos, entre
primero y cuarto -de los 7 a los 10 años-. Hay más de siete horas a la
semana. «Es el fundamento de la enseñanza. Deben aprender a expresarse
bien, a escribir, a leer. De ello depende su futuro escolar», remarca
Sanna. La mayoría de las clases de refuerzo hasta los diez años se
dedican al dominio del idioma materno.
La de Lengua es una de las clases que se desdobla junto con Inglés
y Matemáticas. Forman grupos de 10 ó 12 alumnos -las clases son de 20 a
25-. «Leemos, hacemos redacciones, teatro, grabamos vídeos», añade.
Todos los viernes, la profesora acude a la biblioteca municipal con los
niños. Y hay autobuses-biblioteca que se desplazan por los colegios
para prestar libros a los escolares. «La riqueza de vocabulario de los
niños finlandeses es sorprendente», comenta el catalán Manuel Pelegrín,
traductor de finés.
Suena una música suave, relajante, como el ambiente de este
colegio, donde ¿no se oyen gritos!; la melodía marca el fin de cada
clase. Los niños salen al patio a jugar. La vida escolar de Kerttula
Koulu es intensa, no hay tiempo de aburrirse. Las clases son de 45
minutos y hay 15 de descanso después de cada asignatura. Tienen media
hora para comer. «Aquí no se pierde el tiempo», dice Begoña del Barrio.
Los profesores se colocan chalecos amarillo reflectante cuando salen a
vigilar los patios -para que les vean entre la penumbra de las 11 de la
mañana-.
Los maestros hablan con orgullo de su labor. «¿El secreto de PISA?:
Los profesores. Son brillantes», sentencia con una sonrisa Markku
Vanala, el especialista de Carpintería. Es otro de los pilares del
sistema: la formación del docente. Cursan una carrera universitaria y
ciclos de pedagogía. Para obtener el título deben enfrentarse a un
tribunal de expertos y otro de niños, con el fin de demostrar que saben
explicar.
Es una profesión con un gran prestigio social. Está reservada para
los mejores estudiantes. Apenas un 15% de los aspirantes logra plaza
para entrar en las facultades. «Los profesores son vocacionales y
tienen un gran entusiasmo», dice el director. Sólo se quejan del
sueldo. Entre 2.200 y 2.600 euros.
-¿Cuántos alumnos suspenden?
-Aquí no hay suspensos. (A Begoña, la profesora de español que ejerce de traductora, le sorprende la pregunta).
-¿No hay suspensos? ¿Nadie? En España es habitual que un escolar traiga dos, tres, cuatro...
-Las notas van del 4 al 10. Pero 4 no se pone casi nunca. Antes de que llegue el suspenso ya se ha detectado el problema.
-Y repeticiones... En España, entre un 30% y un 40% de los alumnos repite curso.
-No se repite. Es muy raro.
Un grupo de alumnos de Raisio sale del colegio para su hora de
Educación Física. Van a patinar sobre hielo. En otra clase han cogido
los esquís de fondo y se dirigen al bosque a pasear. Se pierden en
medio del paisaje gris. Los alumnos acaban a las cuatro de la tarde.
Dan de 20 a 30 clases semanales, según las etapas. Similar a cualquier
país europeo. Pero su calendario sí es más largo: Los niños finlandeses
tienen 190 días lectivos, 15 más que en España, de mediados de agosto a
finales de junio. ¿Deberes para casa? A diario. «Entre media y una hora
todas las tardes», aclara Emilia Raitio, de 12 años.
Respeto al profesor
En Finlandia utilizar el coche es un lujo. Los impuestos que
se pagan por los vehículos -como por todo- son altos y la gasolina,
cara. La población utiliza el transporte público, puntual y abundante.
El autobús que sale a las siete y media de la mañana de Helsinki en
dirección a Nummela lo cogen a diario estudiantes que acuden al
instituto de este pequeño pueblo situado a 50 kilómetros al norte de la
capital, dedicado a Secundaria, de 12 a 16 años. Para los escolares es
gratis.
La autopista está helada. El conductor se detiene en pequeñas
paradas con techos de madera. En ellas esperan grupos de adolescentes.
Llegan del bosque que rodea la autopista, de casitas de madera que se
adivinan entre los árboles. Llevan puestos sus auriculares. Durante el
trayecto hasta Nummela charlan, repasan apuntes o escuchan música. No
alborotan.
El instituto Nummelanharhun Koulu está en una pequeña colina
nevada. Cruzar la puerta del centro es como entrar en una exposición de
muebles de Ikea. Mesas, sillas, pizarras... parecen recién estrenados.
Los libros están apilados en las estanterías por colecciones. Hay
periódicos en las mesas de los pasillos, en la biblioteca, en las
aulas, en la sala de los profesores. Finlandia es el país europeo con
más lectores de periódicos. En los tablones cuelgan trabajos sobre la
Unión Europea. Ni una pintada, ni un papel en el suelo. Parece mentira
que entre esas paredes se muevan a diario 500 adolescentes. Cada clase
tiene un ordenador y la biblioteca dispone de una veintena. No hay
lujos, pero sí los medios necesarios. El Gobierno gasta entre 5.000 y
8.000 euros por alumno y curso según las etapas -En Euskadi la factura
es de 6.500 en la red pública-.
Matemáticas es la otra materia en la que pone el acento el sistema
finlandés. Tres o cuatro horas semanales durante toda la enseñanza
obligatoria. Similar a España. La clase de Geometría para los alumnos
de 14 años la imparte el subdirector, Olli Holma. No tiene que levantar
la voz en ningún momento. Los alumnos finlandeses se dirigen a sus
maestros con confianza, pero les tienen respeto.
El profesor saca una caja de cartón con cartabones y los reparte.
En Finlandia, el material escolar es gratuito durante la etapa
obligatoria. Los libros se heredan de curso en curso hasta que se
estropean. Por eso hay que cuidarlos. Los estudiantes emplean unas
libretas sencillas que les da el colegio -un cuaderno de tapas duras
cuesta entre 15 y 20 euros-. En las aulas se respira austeridad.
La clase es participativa. El profesor hace problemas en la pizarra
y pregunta a los alumnos. No se pierde el ritmo. «Si vemos que alguien
va mal le damos refuerzo», explica Holma. Tuija Turkki imparte
castellano en Nummela. Lo tiene claro: «La forma de enseñar es muy
importante. Es más eficaz que descubran las cosas por sí mismos. Deben
investigar, hacer trabajos. No se trata de llegar a clase y soltar la
explicación». «Los docentes están muy motivados y hacen un trabajo
creativo, con mucha libertad», apunta la directora, Erja Ilo.
En la sala de profesores hay reunión. «El éxito de PISA se gesta
aquí», dicen divertidos. Los colegios tienen gran autonomía para
elaborar sus programas y se preparan ya para los nuevos retos
educativos: «Descentralizar más la toma de decisiones en la enseñanza,
mayor inversión para la educación obligatoria, que los estudios de
profesor tengan rango de máster y soporte escolar a los más
desfavorecidos», resume un portavoz de la Dirección de Educación.
El puzzle se completa. Una buena formación de los docentes, la
prioridad por el aprendizaje de la lengua y matemáticas, refuerzos
educativos para chicos con dificultades, clases prácticas que fomentan
la creatividad y respeto al maestro. Es la fórmula finlandesa. A las
cuatro de la tarde es ya noche cerrada en Helsinki. El frío y la
oscuridad invitan a ir a casa. A leer, conectarse a Internet, escuchar
música, o hacer un curso de español o de cultura vietnamita, que los
hay. ¿Será también el clima parte del secreto finlandés?
Las pruebas realizadas por la Junta ratifican los malos resultados del informe PISA en alumnos andaluces
Los test de Educación para conocer el nivel de los estudiantes de instituto revelan problemas con la comprensión y peores notas en Lengua que en Matemáticas Profesores, padres y sindicatos piden planes de choque y refuerzo escolar
08.01.08 - P. R. QUIRÓS/I. LILLO/ M.C. CALLEJÓN
No se le hizo mucho caso al informe PISA sobre el nivel de los estudiantes en Andalucía. Seguramente, porque los malos resultados en comparación con el resto de España -es la única comunidad que está por debajo de la media del país en Matemáticas, lectura y Ciencias- dejaban a los alumnos andaluces y, por ende, a la Consejería de Educación, en una mala posición.
Pero los resultados de la prueba de diagnóstico que realizó la Junta de Andalucía el pasado octubre entre alumnos de Secundaria no han hecho sino corroborar los datos de ese informe. Tras conocer algunas notas de esos exámenes en varios institutos se pone de relieve una clara conclusión: pobres calificaciones tanto en Lengua como en Matemáticas, aunque las referentes a la primera materia son aún más preocupantes. Según la media de las calificaciones en seis institutos, la nota en Lengua es un bajo 4,9; y, en Matemáticas se sobrepasa levemente el aprobado -5,1-.
Los problemas de los alumnos andaluces con la Lengua son llamativos, sobre todo, en el ámbito de la comprensión oral. De hecho, los examinadores evaluaron tres aspectos lingüísticos (comprensión oral -entender una explicación-, comprensión escrita -entender lo que se lee- y expresión escrita -capacidad para redactar sobre un tema concreto-).
El campo en el que sacaron peor calificación fue en comprensión oral -con un 4,1-. Aquí, los pedagogos inciden en que las nuevas tecnologías han calado tanto entre los jóvenes que sólo prestan atención a los contenidos interactivos y no a la típica explicación magistral. En cuanto a las notas en expresión escrita, tampoco se llegó al aprobado -4,2-, mientras que los estudiantes sacaron un bien -6,5- a la hora de comprender el significado de un texto.
Mejor en Matemáticas
En términos generales, las notas en Matemáticas son mejores que en Lengua, tal y como señalaba el informe PISA. En esta asignatura, los campos que se evaluaron fueron interpretación de la información -entender el enunciado de un problema-, en el que se obtuvo una media de 6,5; expresión matemática -ser capaz de fijar un enunciado de un problema a partir de los resultados-, con un 4,7; y plantear y resolver problemas, con un promedio de 5,4.
Ante esta situación, profesores, padres y sindicatos confirman que, sobre todo, faltan planes de choque y refuerzo para superar este mal bache por el que pasan los alumnos de Secundaria. El docente y miembro de la Asociación de Profesores de Instituto -APIA- Gonzalo Guijarro, fue el más duro con estos resultados: «Para empezar, las pruebas de diagnóstico tienen un nivel bajísimo, así que el hecho de que las notas sean bajas todavía nos debería preocupar mucho más. Y estos resultados nos indican claramente que hay que hacerle caso al informe PISA. Las pruebas que actualmente se realizan a los estudiantes de Secundaria tienen un nivel tan bajo, que son más bien preguntas propias de Primaria».
El pasado mes de octubre, la consejera de Educación, Cándida Martínez, en una entrevista para IDEAL acusó del fracaso escolar en la comunidad -un 36 por ciento- al lastre sociocultural que arrastra esta región. «Hace pocos años nuestro objetivo era la alfabetización de la población, ahora es otro bien distinto», dijo.
Posición de partida
También en este sentido se ha manifestado el delegado provincial de Educación, Francisco Maldonado, que recuerda «la posición de la que partíamos con respecto a otras comunidades como el País Vasco, por ejemplo, con bastante delantera respecto a nosotros no sólo en educación sino también en industria y desarrollo social». Insiste, no obstante, en que «aunque no estamos a la cabeza de Europa, nos encontramos al mismo nivel que otros países del Mediterráneo como Italia, Portugal o Grecia».
Aún así, asegura el representante provincial de la Administración educativa, «no vamos a mirar hacia otro lado» y, por ello, confía Maldonado en que la nueva Ley de Educación de Andalucía -LEA- subsane cualquier déficit existente. «Andalucía no ha obtenido buenos resultados y no nos podemos contentar, pero la LEA ya se adelanta a estos ellos y por eso se establecen más horas de Matemáticas, más horas de Lengua, más horas de lectura en Primaria y en Secundaria, refuerzo escolar y el adelanto de la enseñanza de idiomas desde las edades más tempranas».
Desde la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos -CEAPA- afirman que esta situación de España y Andalucía se corregiría con más recursos para la escuela pública y para desarrollar medidas concretas que contribuyan a reforzar la calidad y equidad del sistema educativo.
El primer paso, a su juicio, es mejorar la formación psicopedagógica inicial y permanente del profesorado, así como reforzar las tutorías para que la colaboración entre la familia y la escuela sea una realidad. Defienden, en este sentido, que «según distintos estudios, una comunicación fluida entre las familias y el centro educativo contribuye a un mejor rendimiento académico y a una mejora de la convivencia escolar».
Abogan, asimismo, por la incorporación de profesores de apoyo en las asignaturas instrumentales y por la reducción de alumnado por aula, además de extender a todos los centros los programas de refuerzo, orientación y apoyo.
Sería interesante, según CEAPA, aumentar el número de orientadores en los centros con el objeto de detectar cualquier problema de manera prematura y, también, atender a la diversidad de alumnos con una educación más individualizada.
Para el secretario provincial del Sindicato de Enseñanza de CC OO, Antonio Valdivieso, los datos «ponen de manifiesto que la estrategia mantenida estos últimos años por la Consejería de Educación no dan respuesta a los problemas actuales del sistema educativo andaluz». Valdivieso considera, por tanto, necesario incrementar el presupuesto educativo hasta alcanzar el 6 por ciento del PIB, poner en marcha un plan de choque para la Educación Secundaria, reducir el número de alumnos, desdoblar los grupos o aumentar el número de docentes y personal de administración y servicios potenciando su formación permanente, entre otras medidas contempladas en la LEA, una ley «de marcado signo progresista que ha sido posible gracias al consenso de las fuerzas políticas andaluzas, fundamentalmente, de las de la izquierda». ideal
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