Educate Street

Los chicos del Portal C 11-15 years       e11.ya.st «

    

jueves, 14 de febrero de 2008

Aumentar la educación física es más eficaz para combatir la obesidad infantil que cambiar los hábitos alimenticios
Cinco horas de ejercicio a la semana servirían para frenar la pandemia
· El 13,9% de los españoles de entre 2 y 24 años es obeso, según Sanidad
· El 29% de los menores madrileños entre 2 y 15 años tienen sobrepeso u obesidad, el 33% en el caso de los inmigrantes según informa el Ayuntamiento de Madrid

La obesidad infantil es una pandemia en el mundo desarrollado

· Las clases de gimnasia a veces son más teóricas que prácticas
· El sobrepeso se asocia a la diabetes y a la resistencia a la insulina

Falta ejercicio
· Los alumnos están acostumbrados a que nadie les exija un esfuerzo
· Dicen que están agotados aunque sólo estén al 70% de su capacidad

Faltan pautas de alimentación
· Exceso de consumo de bollería industrial y aperitivos infantiles
CARLOS ARRIBAS 12/02/2008 EL PAIS
Los niños engordan no porque se hinchen a comida basura, una dieta hiperproteica, hipergrasienta e hipercalórica que hacen descender al hinchado estómago con bebidas azucaradas carbonatadas (o no sólo), sino porque no se mueven, porque con la poca educación física del colegio, la única actividad para muchos, no pueden combatir la sobredosis calórica.

La solución, pues, no es la dieta. Numerosos estudios han advertido de la poca eficacia que tienen las modificaciones nutricionales en la disminución de la obesidad a medio plazo, e incluso son cuestionadas en periodos de crecimiento crítico.
"La escasa actividad física y deportiva escolar genera, más que la mala alimentación, sobrepeso, obesidad infantil y riesgo de síndrome metabólico", dice Gerardo Villa, médico del deporte y profesor en la Universidad de León, que acaba de ser distinguido con el Premio Nacional de Investigación en medicina del deporte por un trabajo sobre el asunto. "Investigué con chavales de 11 a 13 años", dice Villa. "Los dividí entre sedentarios (los que no hacían más ejercicio semanalmente que las dos horas obligatorias de educación física), activos (cinco horas semanales) y deportistas (los que practicaban deporte federado y competían: más de siete horas semanales de actividad física). Los tres grupos comieron la misma comida del comedor escolar, que les aportaba diariamente entre 2.000 y 2.100 calorías, hipercalórica, porque supera las 1.800 calorías recomendadas. A las cuatro semanas, los que realizaron cinco horas de ejercicio físico, a la misma intensidad moderada, con un gasto energético de unas 200 calorías por sesión, mejoraron sus indicadores de presión arterial, peso, índice de masa corporal y, significativamente, redujeron la resistencia a la insulina".

Luis Arranz, profesor de gimnasia en un instituto de Salamanca, recuerda que cuando él era chaval, hace no tanto, en clase había un gordito y un gafotas, que muchas veces era el mismo. "Y, en cambio, ahora, entre mis alumnos de 14 años, hay más y más obesos", dice Arranz, que imparte educación física a alumnos de ESO en el Martínez Uribarri.

No es nada nuevo lo que cuenta Arranz. La obesidad infantil es una pandemia en el mundo desarrollado. Los colegios han desarrollado un papel clave en la provisión de ejercicio físico a jóvenes y niños, y no sólo por las clases obligatorias. Hasta hace poco, los niños iban andando o en bicicleta al colegio, y los recreos eran pura expresión de energía y juegos activos. Pero los niños van ahora en coche o en autobús -no hay tiempo para ir andando y sí miedo de dejarlos solos, o en bicicleta-, y en los recreos juegan, sentados, con la gameboy.

En Estados Unidos sólo un tercio de los desplazamientos a escuelas situadas a un kilómetro y medio (o menos) se hacen a pie o en bici, y ese porcentaje desciende al 3% cuando el colegio dista tres kilómetros o más. Los niños son más activos que los adultos, pero su grado de actividad física declina según se acercan a la adolescencia.

Según datos del Ministerio de Sanidad, un 13,9% de la población de entre 2 y 24 años sufre obesidad (su índice de masa corporal, medida que toma en cuenta peso y altura, es igual o superior al 95% del percentil que le corresponde), y un 26,3%, sobrepeso (85% del percentil).

En un informe de Pál Schmitt, eurodiputado popular y ex campeón olímpico húngaro, para el Parlamento Europeo, se señala que el número de niños que sufren obesidad o sobrepeso en Europa aumenta cada año en más de 400.000, que se suman a los tres millones de niños obesos que hay en la actualidad. Uno de cada cuatro menores padece sobrepeso en Europa. Su causa principal no es tanto una dieta rica en calorías como la falta de actividad física: los niños no comen más, se mueven menos. "Mientras la obesidad aumenta, disminuye el número de horas dedicadas a la educación física en los colegios", concluye Schmitt, quien, en sintonía con Villa, propugna más horas de educación física obligatoria.

El problema no es estético. La preocupación no es sólo la corona de grasa que adorna los abdómenes de cada vez más niños y niñas. "La obesidad es una pandemia que se asocia a diabetes mellitus tipo 2 y a síndrome metabólico o de resistencia a la insulina, el cual recientemente ha comenzado a describirse en niños obesos", explica Villa. "Este síndrome se define como un conjunto de alteraciones asociadas a un elevado riesgo de padecer enfermedad cardiovascular y diabetes. En España, su prevalencia en niños y adolescentes obesos es del 18%".

Todo lo malo empezó, quizás, hace 12.000 años.

Hace 45.000 años, el primer homo sapiens anatómicamente moderno era cazador-recolector. Fuerte, fino, fibroso, se alimentaban de la carne que cazaba el hombre y de los vegetales que recogían las mujeres. No consumía más de lo que su cuerpo le pedía: proteínas, vitaminas, poca grasa, mucho ejercicio físico. Vivía en un hermoso equilibrio fisiológico que dependía obligatoriamente del movimiento. Hace 12.000 años, sin embargo, la humanidad, por necesidad, por la sequía, por el agotamiento de la caza, por el crecimiento de la población, se embarcó en un experimento llamado agricultura, y ni el ser humano ni el planeta se han recuperado aún. La agricultura trajo consigo una explosión demográfica, déficit de proteínas y vitaminas, exceso de calorías, nuevas enfermedades y deforestación.

La altura media de la población descendió varios centímetros, perdieron músculo, ganaron grasa. Su cuerpo se resintió del duro trabajo agrícola. Los dientes se les pudrían por la deficiente alimentación. Los animales domesticados les contagiaron enfermedades desconocidas.

La discordancia entre la rutina de inactividad de la sociedad sedentaria y el movimiento de nuestros ancestros cazadores-recolectores está detrás de una gran variedad de enfermedades degenerativas crónicas que afectan al hombre contemporáneo. El homo sapiens cazador-recolector, donde quedó fijada la fisiología del ser humano, tenía un gasto energético diario de 2.889 kilocalorías (1.605 para el metabolismo en reposo, 1.285 para actividad física). Pesaba unos 57 kilos, por lo que su gasto energético en actividad física llegaba a ser de 25 kilocalorías por kilo y por día. Un oficinista del siglo XXI gasta 2.000, de las cuales sólo 306 son producto de la actividad física diaria, unas míseras 4,4 kilocalorías por kilo y por día. Para igualar el gasto de los cazadores recolectores, y calculándole un peso medio de 70 kilos, el hombre actual debería correr diariamente 12,1 kilómetros durante una hora, lo que equivale a un gasto de 888 kilocalorías.

Aunque los estilos de vida han cambiado casi inconcebiblemente desde la revolución agrícola y la más reciente revolución industrial, nuestras capacidades, limitaciones y necesidades físicas siguen siendo las mismas que las determinadas por la selección natural en nuestros ancestros de la edad de piedra. Cuanto más nos alejemos de ellas, más enfermedad y disfunción nos esperan.

En un estudio longitudinal de José Antonio Calbet en Gran Canaria, se muestra cómo los niños que practicaron deporte extraescolar durante tres horas a la semana los tres años del estudio incrementaron su masa corporal en menor medida que los que no. Todos los sujetos que participaron en el estudio comieron libremente durante los tres años que duró. Ambos grupos tenían edades, pesos, alturas e índice de masa corporal similares. También eran similares las circunferencias corporales, excepto las caderas y la cintura, mayores en los que no practicaron deporte extraescolar. Incluso en los físicamente activos, la grasa iliaca y abdominal tendía a disminuir, mientras crecía en los otros.

"Fui a una clase de gimnasia de mi hija y tocaba aprender voleibol. En toda la hora no se movió de su sitio. Las clases de educación física escolar son insuficientes en duración, frecuencia e intensidad para impedir la tendencia al sobrepeso, obesidad y resistencia a la insulina", recalca Villa. "Multiplicar por 2-3 veces tanto su frecuencia como intensidad es un factor per se efectivo para combatir la obesidad infantil y evitar el síndrome metabólico y sus riesgos cardiovasculares".

El diagnóstico lo comparte José María Odriozola, presidente de la Federación Española de Atletismo, preocupado por la escasez de vocaciones entre jóvenes que sufre su disciplina. "La mayoría de los jóvenes no sabe ni que existe este deporte, quizás porque su profesor ha dejado de dar atletismo o porque le gusta sólo dar clases teóricas, lo que es también muy frecuente", dice Odriozola. "Les sienta y les explica el reglamento del baloncesto en vez de coger un balón y tirar a canasta. Y se ha perdido el gusto por sudar. A mí de pequeño y a mis amigos nos gustaba estar todo el día corriendo, practicando todos los deportes. Acabábamos derrengados, pero era una satisfacción". "Es verdad, damos mucha teoría y poca práctica", reconoce Arranz, que pinta un panorama desolador. "Son clases poco intensas porque los chavales se quejan enseguida y los padres protestan si les exigimos. Aparte de que en mi instituto no tenemos instalaciones deportivas apenas y no hay ni espacio donde correr. La clase en teoría son 50 minutos, pero los chicos se encargan de recortarla remoloneando para llegar... Hago la clase todo lo divertida que puedo, pero la programación obliga a enseñar los fundamentos de varios deportes. "Están acostumbrados", añade Arranz, "a que nadie les exija un esfuerzo, y cuando lo hacen lo confunden con agotamiento. En cuanto les cuesta hacer algo dicen que están agotados, aunque sólo estén a 140 pulsaciones, que es el 70% de su capacidad. Y luego, al día siguiente, vienen con una nota de sus padres para que les exima de la clase porque tienen agujetas. Una hora de actividad a 120-140 pulsaciones son unas 200 calorías. Si lo hiciéramos con la intensidad lógica serían 60 más, con lo que con dos a la semana lograríamos los objetivos".

"Incrementar las horas de educación física hasta cinco a la semana es la mejor estrategia para prevenir o tratar la obesidad infantil", repite Villa. "Un enfoque sanitario médico-deportivo (control del gasto energético propio de cada actividad física deportiva) podría resultar esencial para controlar y acotar la epidemia. En este sentido se debería integrar al médico del deporte en equipos multidisciplinares de trabajo, en los que además hubiera control nutricional".

Más clases, mejores, sí, pero cómo. "El número de horas lectivas de gimnasia es complejo", dice Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte, dependiente del Ministerio de Educación. "España tiene mucho horario escolar. Inglés, informática, lengua... Y el concepto de maría de la educación física sigue estando ahí". elpais

  • El 29% de los menores madrileños entre 2 y 15 años tienen sobrepeso u obesidad, el 33% en el caso de los inmigrantes
    El Ayuntamiento alerta del exceso de consumo de bollería industrial y aperitivos infantiles y recomienda pautas de alimentación


    Deporte contra ObesidadMADRID, 12 Feb. (EUROPA PRESS) -
    El 29 por ciento de los menores madrileños de entre 2 y 15 años sufren obesidad o sobrepeso, un dato que se eleva hasta el 33 por ciento en el caso de los niños inmigrantes de la capital, según un estudio realizado por el Ayuntamiento de Madrid en 2005 y que se complementa con otro, de este año, en el que el Gobierno municipal alerta del consumo de bollería industrial y aperitivos infantiles, así como del sedentarismo de los pequeños, y recomienda pautas de alimentación adecuadas.

    En concreto, el 6,6 por ciento de los menores de la ciudad sufren obesidad, mientras que el 22,4 por ciento tiene sobrepeso, cifras que se correlacionan con la de los adultos de Madrid, un 10,6 por ciento obesos y un 33,8 por ciento con sobrepeso. En cualquier caso, ambos valores se sitúan por debajo de la media española y con bastante distancia respecto a otros países como Estados Unidos.

    En general, las principales causas de estas cifras son, por una parte, la incorrecta alimentación de los niños pero, por otra parte, también juega un papel decisivo la falta de actividad física y el sedentarismo.

    Según las cifras facilitadas por el Ayuntamiento, el 5 por ciento de los niños madrileños entre 12 y 15 años ven dos o más horas de televisión y juegan dos o más horas al ordenador cada día, mientras que el 39,4 por ciento de los menores no practican ninguna actividad física, cifra que se eleva hasta el 44,3 por ciento en el caso de las niñas.

    En cuanto a la alimentación, los déficits de los pequeños, similares a las carencias que sufren los adultos, afectan a prácticamente todas las familias de alimentos, que se consumen demasiado (dulces, embutidos, carnes) o demasiado poco (pescados, verduras, legumbres). "Los niños comen mal porque los padres comemos mal", recordó el delegado de Seguridad y Movilidad, Pedro Calvo, durante la presentación del estudio.

    Al final, el sobrepeso y, en mayor medida, la obesidad de los menores conduce a problemas de salud, y según la encuesta municipal el 18,5 por ciento de los niños gordos acuden al médico a menudo, frente al 15,4 por ciento de los niños sin estos problemas.

    Es más: según un estudio que Madrid Salud realizó sobre un grupo de escolares de entre 9 y 11 años, el 20 por ciento de los chavales tenía niveles de colesterol superiores a 200 y el 6 por ciento, superiores a 220.

    BOLLERÍA Y PALOMITAS, ENEMIGOS DE LAS ARTERIAS

    A la luz de estas cifras, Calvo presentó hoy en la sede de Madrid Salud el último estudio de alimentación infantil realizado por el Ayuntamiento, del que se extraen conclusiones con respecto a diferentes alimentos cuyas repercusiones en la salud infantil no son totalmente claras.

    Así, la bollería industrial y a granel es una de las categorías de mayor riesgo. "Su consumo debería ser ocasional porque es poco cardiosaludable", subrayó el concejal, añadiendo que muchas de las etiquetas no contienen toda la información nutricional pertinente.

    Tampoco las palomitas de maíz salen bien paradas del estudio, ya que si se toman en establecimientos de ocio la cantidad suele exceder los 200 gramos, por lo que se recomienda a los consumidores que las tomen de manera muy esporádica y a los productores que mejoren su etiquetado.

    Las hamburguesas, por su parte, no son tan malas si se toman esporádicamente y no como complemento a una comida, y si el día que se consuman se completa la aportación alimenticia con frutas y verduras "para equilibrar", matizó Calvo.

    Con respecto a la pizza, se puede considerar un alimento equilibrado siempre y cuando sus ingredientes sean buenos, pero en exceso es hipercalórico para un niño. Los precocinados son más conflictivos ya que, además de presentar un exceso de grasas y de colesterol, tienen el riesgo de los aceites que se usen para su fritura.

    Los aperitivos infantiles como ganchitos, gusanitos y similares son también hipercalóricos y en casi ninguno viene bien especificada la cantidad de sal y de grasas saturadas, mientras que los embutidos, consumidos en exceso, también aumentan las grasas saturadas y el sodio, "lo que puede condicionar hipertensión arterial en la vida adulta si se consumen habitualmente", matizó el edil.

    RECOMENDACIONES Y CONTROLES

    Por todo esto, el concejal realizó una serie de recomendaciones alimenticias que pueden ayudar a los padres a orientarse a la hora de nutrir a sus hijos, recordó que el Ayuntamiento realiza campañas divulgativas con folletos y desde su página web, y subrayó que Madrid Salud también lleva a cabo muchas otras campañas en esta línea.

    En concreto, el director general de Madrid Salud, José Manuel Torrecilla, apuntó a tres vías de trabajo para mejorar la alimentación de los niños madrileños. Por una parte, el programa 'Ayudando a Crecer', para padres con niños de 0 a 16 años, que durante 2007 atendió a 3.122 padres en sus diferentes talleres.

    Además, el Ayuntamiento también realizó otros 13 talleres específicos de cocina para enseñar a los adultos cómo combinar los alimentos para que aporten y no resten a la nutrición de los menores, y por último están los 'Desayunos Saludables', en el Área 1 (Vallecas Puente y Villa y retiro) que, en colaboración con la Comunidad de Madrid, organiza charlas y difunde folletos informativos.

    Con respecto a la labor de control de Madrid Salud, este organismo realiza las inspecciones rutinarias de las campañas programadas en el municipio, así como los análisis del agua de la ciudad y cualquier intervención en casos de alerta. En total, unos 200 análisis al año según explicaron trabajadores de los laboratorios de microbiología durante la visita del concejal.

    Asimismo, los comedores escolares de la ciudad, donde acuden el 44 por ciento de los niños, están sometidos a una vigilancia continua por parte de la inspección municipal, así como también el transporte del catering de los colegios, donde "casi no se encontraron infracciones durante el año pasado", insistió Calvo.

    "El estado de los comedores es bueno, pero los padres tienen que aprender a completar el menú que los niños toman en los colegios, para evitar el consumo excesivo de cualquier tipo de parámetro", concluyó el concejal. ep

  • ___
    PS

    La obesidad infantil se duplica y el sobrepeso casi se triplica, en Aragón

    Las cifras de los últimos veinte años registran datos preocupantes

    La obesidad infantil se ha duplicado en Aragón y el sobrepeso casi se ha triplicado en los últimos veinte años, alcanzando a las comunidades autónomas con mayor incidencia, como Canarias y Andalucía. Los bajos niveles de educación física y la escasa actividad deportiva de los niños aragoneses son, además de otras cuestiones nutricionales, parte responsable de esta situación.

    ZARAGOZA. 23 FEB 2008 EFE
    El 17 por ciento de los adolescentes aragoneses tiene sobrepeso y obesidad frente al 31 por ciento de la población infantil, sin embargo los niños de entre 13 y 17 años tienen una condición física por debajo del umbral de salud y peor que los menores de esa edad.

    Los bajos niveles de educación física escolar y la escasa actividad deportiva extraescolar de los niños aragoneses, además de la alimentación, contribuyen a este sobrepeso y obesidad y suponen un riesgo para la salud, según concluyen tres investigaciones de la Universidad de Zaragoza presentadas ayer.

    Estos trabajos sobre la relación entre sobrepeso y condición física de los escolares aragoneses han sido desarrolladas por el Grupo GENUD (Growth, Exercise, Nutrition and Development), de la Universidad de Zaragoza, y coordinados por José Antonio Casajús, profesor de la Facultad de Ciencias de la Salud y del Deporte, de Huesca.

    Casajús lanzó un mensaje a los padres: "que tengan a los niños en forma física para contrarrestar los efectos negativos que tiene el sobrepeso sobre la salud", ya que la actividad física extraescolar (más de dos veces por semana) ejerce un papel protector sobre la composición corporal y la salud cardiovascular.

    Los trabajos, elaborados a partir de un amplio estudio sobre características físicas y hábitos deportivos de 1.068 escolares aragoneses de entre 6 y 17 años, revelan que la obesidad infantil se ha duplicado y el sobrepeso casi se ha triplicado en los últimos veinte años en Aragón, y han acercado a la Comunidad aragonesa a las de mayor incidencia como Canarias y Andalucía.

    Este "alarmante" crecimiento de la prevalencia de sobrepeso y de obesidad, del 31 por ciento y del 6 por ciento, respectivamente, entre los escolares de Primaria responde, en la mayor parte de los casos, a un desequilibrio entre lo que se come y lo que se gasta, afirmó Casajús en rueda de prensa.

    Sin embargo, entre los alumnos de Secundaria la incidencia es del 17 por ciento.

    El sobrepeso y la obesidad no difiere según el lugar de residencia, ciudades o pueblos, ni con la participación o no en actividades extraescolares organizadas, sin embargo los niños que hacen menos ejercicio tienen mayor cantidad de grasa, peor condición física y su salud presente y futura corre más riesgos.

    EJERCICIO FÍSICO

    Así se deduce también de estos estudios que han medido por primera vez en Aragón la condición física de su población infantil, y en el que se destaca que un porcentaje muy elevado de niños y niñas de Primaria ven más horas de televisión en un día que ejercicio físico en toda la semana.

    Estos datos son aún más preocupantes en el caso de las adolescentes, de las que el 70 por ciento son sedentarias y realiza exclusivamente la actividad física curricular.

    La importancia del ejercicio se pone de manifiesto en que los que realizan sólo el programado en la escuela, con dos a tres horas a la semana de educación física, tienen mayor cantidad de grasa y peor condición física que los que realizan dos horas más de actividades extraescolares deportivas.

    Ello ocurre, según Ignacio Ara, profesor de la Facultad de Ciencias de la Salud y del Deporte, de Huesca, porque los niños activos logran reducir con el ejercicio extraescolar la acumulación de tejido adiposo en su cuerpo, que su distribución de grasa sea más saludable y que, en definitiva, tengan una buena salud cardiovascular.

    Si no se modifica la tendencia de sobrepeso y la deficiente condición física de los niños aragoneses, agregó Ara, se está construyendo una población adulta con pronóstico desfavorable de salud.

    En el caso de los adolescentes, el 20 por ciento (21 por ciento en las chicas y 19 por ciento en los chicos) tiene un nivel de condición aeróbica y cardiorrespiratoria por debajo de lo saludable, lo que supone un incremento del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares en la edad adulta.

    Los estudios, que acaban de ser publicados en tres revistas de prestigio científico (Annals of Nutrition & Metabolism, Obesity Research y Apunts. Medicina de L'Esport), se titulan "Actividad física y educación física en la escuela en niños españoles con sobrepeso", "Adiposidad, actividad física y salud entre los niños de Aragón, España" y "Relación entre la condición física cardiovascular y la distribución de grasa en niños y adolescentes". DDA

     


    Tags: deporte, sobrepeso, ejercicio, obesidad, infancia, dieta, calorías

    Online mi@: click en el número    

         

    Ver perfil público del propietario del blog

    Problemática educativa en Educación Secundaria Obligatoria -España. Contribuir a Dignificar la etapa de los 11 a los 15 años Nuevas tecnologías Centros Q

         

         

    Buscador

         

         

    Nube de tags

         


         

    Calendario

         


         

         


         

    Categorias

         


         

    Archivo