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martes, 06 de mayo de 2008

Publicado por Seina @ 8:00


España copia a un novato
El DCSF inglés, nacido hace apenas 10 meses, se empieza a enfrentar a duras críticas

Las universidades británicas temen perder poder para gestionar el dinero
·  No está claro quién es responsable de la educación entre 16 y 19 años

   
 Universidad vinculada a la empresa
   
 A los estudiantes les preocupa Europa

 · El campus responde con debates a las protestas sobre la reforma de las carreras
 · Los alumnos rechazan la 'mercantilización' y piden participar en el cambio
WALTER OPPENHEIMER - Londres - 05/05/2008 (EL PAIS)
 La decisión de José Luis Rodríguez Zapatero de reorganizar la estructura gubernamental de la educación, la asistencia social y la investigación científica se inspira en el modelo británico. Los nuevos ministerios de Educación, Política Social y Deporte, por un lado, y de Ciencia e Innovación, por el otro, son una réplica de los ministerios británicos para los Niños, Escuelas y Familias (Children, Schools and Families), por una parte, y de Innovación, Universidades y Capacidades (o habilidades, o destreza, según se quiera traducir el nombre en inglés de Universities and Skills) por otra.

 Sorprende que el Gobierno español se inspirara en el modelo británico porque éste tiene tan solo 10 meses de existencia y, aunque fue bastante bien recibido al principio, cada vez recibe más críticas. El objetivo del primer ministro Gordon Brown al impulsar esta reforma ha sido integrar todas las áreas de Gobierno que afectan directamente a la infancia y la juventud y orientar por otro lado las inversiones en investigación al mundo de la empresa.
 
 Aunque esos principios suscitan cierto consenso en el Reino Unido, el Parlamento ha advertido de que no está claro quién es ahora responsable de la educación de los jóvenes de 16 a 19 años, las universidades temen perder poder a la hora de decidir en qué se gasta el dinero destinado a investigación y las escuelas han puesto el grito en el cielo por el proyecto del Gobierno de enjuiciar su eficacia en función de las tasas de embarazos juveniles, obesidad, drogadicción, criminalidad en el entorno escolar, cumplimiento de la ley, compromiso con la comunidad y otros factores que responden en realidad a factores fundamentalmente externos a la actividad escolar.
 
 Al frente del DCSF (como se conoce al Ministerio de Niños, Escuelas y Familias de acuerdo con sus siglas en inglés), Brown ha colocado a Ed Balls, uno de los pesos pesados del Gobierno y mano derecha del primer ministro durante su larga etapa en el Ministerio del Tesoro, lo que le da una innegable autoridad para dirigir un departamento con numerosas competencias cruzadas con otros departamentos. El DCSF coordina toda la actividad interministerial relacionada con los jóvenes y la política de familia. Su objetivo es promover el bienestar, seguridad, protección y cuidados de los jóvenes, incluyendo la política social de la infancia.
 
 Es responsable de la enseñanza a los menores de 16 años y tiene cierto papel en los estudiantes de 16 a 19 años porque, aunque académicamente dependen del nuevo ministerio universitario, la financiación se realiza a través de los municipios, que son quienes tutelan las escuelas de primaria y secundaria. Además, asume o comparte con otros ministerios las responsabilidades sobre la lucha contra la pobreza infantil, el vandalismo, la justicia juvenil, la sanidad infantil y el deporte entre los jóvenes.
 
 Estelle Morris, veterana política y maestra que fue durante un breve periodo ministra de Educación en tiempos de Tony Blair -lo dejó por voluntad propia porque no podía soportar la tensión del vigoroso escrutinio al que someten los medios británicos a los miembros del Gobierno- defiende el nuevo sistema porque, a su juicio, sintetiza y funde las distintas políticas del pasado. En los años setenta el objetivo político era la igualdad, por lo que los profesores acabaron haciendo más de asistentes sociales que de enseñantes. En los ochenta y los noventa la prioridad era elevar los estándares mínimos de calidad, "con lo que todo se focalizó en enseñar y aprender, sin tener en cuenta que el entorno del hogar afecta a la manera en que los niños progresan", opinaba Morris en un artículo en el diario The Guardian.
 
 "El nuevo departamento resuelve ese dilema", prosigue. "Algunos argumentan que no se pone bastante el acento en los estándares de las escuelas. Pero al enfatizar la importancia de la salud y el bienestar de los niños y sus familias, así como los estándares de las escuelas, se reconoce que sólo ofreciendo buenos servicios a los niños tanto dentro como fuera de la escuela se consigue que estos puedan tener éxito. Ahora los maestros se centran en la enseñanza y el ministerio con responsabilidad sobre los estándares de las escuelas es también responsable de acabar con las barreras para llegar al éxito que tienen su origen fuera de la escuela", subrayaba Morris.

 Temores en la escuela
 
 Pero las escuelas temen que acaben siendo también ellas responsables de lo que ocurre fuera. El ministerio quiere que el nivel de cada escuela se mida con todos los parámetros: no sólo el nivel educativo de los alumnos, sino lo que hacen fuera del recinto escolar, desde lo que comen a si se drogan, si tienen sexo no seguro, el gamberrismo, etcétera.
 
 "Esos indicadores pueden ilustrar bien la composición social de los alumnos y la segregación social en nuestras escuelas. Pueden incluso mostrar qué escuelas son un oasis de calma y seguridad en comparación con el mundo habitado por jóvenes más allá de sus verjas de entrada. Pero sugerir que las escuelas deberían ser responsables de ese mundo es una locura", ha denunciado Martin Johnson, secretario adjunto de la Asociación de Maestros y Profesores.

Universidad vinculada a la empresa

La fusión de las universidades, la enseñanza de adultos y la investigación tiene coherencia en un país en el que la investigación está tradicionalmente vinculada al mundo de las empresas y la actividad económica. Es una manera de orientar hacia ese mundo la investigación universitaria, de hacerla más práctica. Al menos sobre el papel.
 
 No han faltado voces críticas con la maniobra, temerosos de que el Gobierno británico esté socavando la naturaleza académica de la universidad para mejorar la productividad nacional, pero el ministro responsable de la nueva cartera, John Denham, insiste en que las reformas no van a erosionar la independencia de las universidades. Aunque no tiene el poder de Ed Balls, Denham es un hombre respetado políticamente porque en su día dimitió del Gobierno Blair por su desacuerdo con la guerra de Irak pero no por eso se convirtió luego en un rebelde dentro del partido. Y ha sido bienvenido por su relativa cercanía a la educación: fue presidente del Sindicato de Estudiantes de la Universidad de Southampton y responsable de temas educativos durante ocho años en sus tiempos de concejal.
 
 La reforma hará más fácil captar dinero de las empresas para las universidades, pero éstas temen que eso les reste capacidad de decisión sobre cómo se ha de gastar el dinero.
 
 Las empresas han firmado un convenio para financiar 30.000 plazas universitarias en lo que se espera que sea sólo un primer paso. Y los alumnos de las nuevas carreras orientadas al mundo empresarial podrán completar su formación en las compañías. En lugar de tres cursos académicos, esas carreras se comprimirán en dos años más intensos a costa de recortar las largas vacaciones que disfrutan los estudiantes en la actualidad. EL PAIS

A los estudiantes les preocupa Europa

El campus responde con debates a las protestas sobre la reforma de las carreras - Los alumnos rechazan la "mercantilización" y piden participar en el cambio  

S. T. / J. A. A. - Barcelona / Madrid - 05/05/2008 (ELPAIS)
   Bolonia es una ciudad del norte de Italia, de unos 370.000 habitantes, famosa por haber sido históricamente cuna de movimientos obreros. Pero hoy, en España, la palabra Bolonia ha perdido ese significado y tomado otro, el del acuerdo que se firmó allí en 1999 para crear un espacio común de universidades, con unas reglas similares, en toda Europa.

 
 Pero, a partir de ahí, vuelven las confusiones, los malentendidos y probablemente la falta de información sobre esa reforma que ha tomado nombre de ciudad y que tiene que estar lista en 2010. Pese a las campañas que han hecho las universidades, lo demuestran las recientes protestas estudiantiles en Barcelona o el encierro de unos 200 estudiantes en la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid. Se quejan, principalmente, de que habrá mercantilización y privatización de la Universidad cuando se implante el nuevo sistema a partir del curso próximo, algo que niegan los responsables políticos y académicos. Pero, sobre todo, los universitarios se quejan de que nadie les ha consultado los cambios y reclaman un debate sobre su conveniencia.
 
 La Conferencia de Rectores (CRUE) ha anunciado un ciclo de encuentros con los estudiantes dentro de los gobiernos de cada campus. El presidente de la CRUE, Ángel Gabilondo, participó ya en uno en la Universidad de Alcalá de Henares, y también debatió hasta la madrugada con los estudiantes encerrados en la Complutense. Las universidades catalanas presentaron información sobre los cambios a los miles de estudiantes que visitaron el Salón Estudia, en la Feria de Barcelona, pero asumen que hará falta más información. Para la comisionada de Universidades de la Generalitat catalana, Blanca Palmada, "la etiqueta Bolonia simplifica demasiado la discusión y puede acabar pervirtiéndola. Conviene hacer un esfuerzo para escoger cada uno de los cambios que se están haciendo. El riesgo de privatización que algunos anuncian no tiene ninguna relación con Bolonia. Depende de la voluntad de los ciudadanos y de los gobiernos".
 
 Es cierto que los argumentos más repetidos por los estudiantes tienen más que ver con temores que con los contenidos de la reforma -como la mercantilización o la pérdida de calidad de las carreras por pasar a ser todas de cuatro cursos-, pero el tema del encarecimiento de los estudios sí tiene, como poco, muchos matices.

 El precio de los másteres

 
 "Las titulaciones van a seguir costando el 15% del coste y los másteres oficiales seguirán siendo a precio público", señala la rectora de la Universidad de Girona, Anna Maria Geli. Es cierto, pero también lo es que los másteres, aunque a precio público, son más caros que la carrera (el futuro título de grado), y muchos estudiantes temen que sea ese el diploma decisivo a la hora de encontrar trabajo. La responsabilidad, sin embargo, de que nadie se quede sin hacer un máster por falta de recursos será de las Administraciones.
 
 "Si el proceso de Bolonia supusiera supeditar las universidades a los intereses del mercado, no lo apoyaríamos", asegura Carlos Berzosa, rector de la Complutense, que también participó en un debate con los alumnos encerrados. Berzosa explica el proceso, simplemente, como "un compromiso para facilitar la movilidad de los estudiantes y para que un título de cualquier país europeo sirva para trabajar en todo el continente". De hecho, no se trata de una directiva europea, no es una obligación, sino una serie de acuerdos entre los gobiernos de cada país que (milagrosamente para algunos) se han ido cumpliendo. Y más allá de dividir las titulaciones en grado, máster y doctorado, que cada asignatura contemple el trabajo por su cuenta del alumno y no sólo en clase, y que haya unos estrictos controles externos para garantizar la calidad de cualquier carrera de cualquier universidad de la UE, el resto de decisiones las va tomando cada gobierno, y de hecho varían.
 
 En España, los grados (las antiguas licenciaturas y diplomaturas) serán de cuatro cursos, cuando muchos otros países lo han establecido en tres. Además, cada universidad diseñará los títulos como le parezca y un organismo público del Gobierno central, la Agencia de Calidad, garantizará que lo que diseñen cumple con unos mínimos de calidad.
 
 A partir de ahí, hay una serie de cambios paralelos, pero no estrictamente vinculados a Bolonia, como la mejora de las metodologías docentes o la revisión de la financiación universitaria. Esta última revisión aún está por llegar y muchos se quejan de que sin dinero la reforma europea será una falacia. Además, junto a ese cambio se ha planteado mejorar la eficiencia de las universidades, con carreras sin apenas alumnos repartidas por unos campus que no han dejado multiplicarse mientras se reducía el alumnado. Y ahí es donde se ha visto la posible desaparición de carreras con pocos estudiantes. Pero los responsables de esta iniciativa aseguran que no se trata de eliminar carreras, sino, por ejemplo, en lugar de tener tres facultades de filosofía con muy pocos alumnos a muy poca distancia, hacer una sola.
 
 En cualquier caso, señala el rector Berzosa, "el debate siempre es sano, se agradece". Pero para ser justo, lo cierto es que no siempre culpa es de Bolonia. EL PAIS

Tags: MEC, ministerio, educación, política, social, británico, universidad

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