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martes, 06 de mayo de 2008

Está planificada a la medida de los adultos en edad laboral y con coche, llena las calles de inseguridad y recluye a la población dependiente.
· Las iniciativas para “ir al cole solos y andando” señalan el camino del esfuerzo infantil para “reconquistar las calles”
· La autonomía de los niños pierde en la urbe, mientras la del adulto gana
»21 colegios de Madrid tendrán caminos seguros para sus escolares


27:55 Francesco Tonucci. Proyecto 'La Città dei bambini. La ciudad de los niños'.
 
Madrid, 26/04/08 Manu Mediavilla (COLPISA)
 “Las ciudades se olvidan de los niños, que son cada vez menos y cada vez resultan más invisibles”. Desde el movimiento de renovación pedagógica Acción Educativa (AE), Fidel Revilla añade que los marginan “a la hora de planificar” y les dejan “sin espacios para poder jugar”, lo que entorpece su normal desarrollo humano. Para intentar remediar este desastre formativo y social, AE creó el Grupo de Trabajo “La Ciudad de los Niños”, que es también el título del libro que sirvió al psicopedagogo italiano Francesco Tonucci para lanzar su tesis de que “necesitamos a los chavales para salvar nuestras urbes”.
 
 “Los niños cambian la ciudad cuando participan en su gobierno”, ha recordado el propio Tonucci en el V Encuentro “La infancia y la ciudad: una relación difícil” organizado por Acción Educativa en la madrileña Casa Encendida. “Y si vuelven a las calles –añade--, impulsan la responsabilidad de los ciudadanos. El camino vuelve a ser seguro, las aceras vuelven a estar limpias, el tráfico se relaja y controla. Si hay chiquillos en la calle, somos mejores”.
 
 La realidad a 1,20 de altura

 Pero ese beneficioso “regreso” infantil a su espacio vital callejero sólo será posible, apunta Revilla, “si vemos los problemas desde su óptica, si vemos la realidad a 1,20 metros de altura”. Todo lo contrario de lo que sucede ahora, porque, como denuncia Tonucci, quienes planifican y gobiernan nuestras urbes han tomado como ciudadano-modelo a un hombre adulto, en edad de trabajar y con coche. Y ese modelo, como subraya el catedrático de Urbanismo Fernando Roch, es “cada vez más hostil para las poblaciones dependientes, que quedan confinadas en espacios cada vez más especializados”: guarderías y parques infantiles, residencias y centros de día para mayores, centros asistenciales para personas con discapacidad, hospitales para enfermedades invalidantes, incluso el propio hogar en caso de problemas de movilidad.

 Una de las grandes lacras de las urbes modernas es precisamente el automóvil, que hace muy peligrosas las calles al apropiarse del espacio más amplio y más cómodo, mientras los peatones deben subir y bajar escaleras, utilizar pasos elevados y subterráneos, cruzar a toda prisa semáforos de verde fugaz y, por supuesto, soportar el ruido y tragar el humo de los coches. Y lo peor es que la “solución de los adultos” para paliar esa inseguridad es, o recluir a los niños en casa, aunque sea rodeándoles de todo tipo de artilugios para que se entretengan, o llevarles a los sitios en coche y esperarles. O sea, atarles en corto y cortarles las alas.
 
 Hay vida más allá del coche
 
 Por eso el proyecto de “La Ciudad de los Niños”, tanto en su versión italiana como en las que han seguido su estela en España y otros países, pone el acento en la autonomía y la participación. Autonomía, por ejemplo, de movimiento para “ir a la escuela solos” y así “reconquistar las calles”, como señalan Revilla y el italiano Dario Manuetti, responsable de la asociación “La ciudad posible” de Turín. Las iniciativas en el ámbito hispano, donde los desplazamientos escolares en coche o autobús pueden ser tan largos o más que los laborales, incluyen los madrileños “Caminos seguros al cole” –anticipo de “Madrid a pie”— y el donostiarra “Camino escolar”.
 
 Isabel Prieto, que coordina en el Ayuntamiento de San Sebastián el proyecto “Educar en la movilidad”, cuenta que arrancó en 2000-2001 en una “audiencia pública de niños” y que ese protagonismo infantil se ha reforzado. Con la actividad “Analiza tu calle, imagina tu ciudad”, los chavales investigan como auténticos técnicos los problemas alrededor de su colegio. Con “Atento, viene coche”, examinan usos automovilísticos y hábitos de conducción para, en palabras de Prieto, “desmitificar la moto y el carné, porque hay vida más allá del coche”. Y con “Todos al cole andando” materializan ese objetivo, que dará un paso más con el Pedibús, en el que un adulto hace de “autobús caminante” que va recogiendo a chavales de 2 a 7 años en puntos de encuentro “como si fueran paradas”. La idea funciona, porque en los ensayos tuvieron que esperar a los motorizados.

 Adaptarse para vivir mejor

 “La ciudad de los niños” no es una ocurrencia de un pedagogo voluntarioso y bienintencionado, sino un proyecto internacional promovido desde 1991 por un organismo del Consejo Nacional de Investigación italiano, el Instituto de Ciencias y Tecnología del Conocimiento. Y su punto de partida, que Francesco Tonucci considera “sencillo pero revolucionario”, se ha confirmado con cada experiencia: “Cuanto más se adapta la ciudad a los niños, mejor viven todos sus habitantes”.

 De hecho, las iniciativas para recuperar espacios para el juego y para ir solos y andando a la escuela han demostrado, en geografías tan distantes entre sí como Roma y el Gran Buenos Aires, que “los niños en la calle hacen segura la calle”. Esa “muchachada visible” lleva a vecinos y adultos en general a ejercer con discreción pero con eficacia una “vigilancia social” que en el cinturón urbano bonaerense, por ejemplo, redujo un 50% los delitos contra las chavalas y chavales.

 Dicho con voces infantiles, “el espacio debería repartirse a la mitad entre coches y niños para que tengamos sitio para jugar” (Aurelio, 9 años), y los adultos “tienen que enseñarnos a ser independientes, pero sin acompañarnos” (Pamela), porque “cuando seamos grandes, no podrán hacerlo, y entonces tendremos miedo” (Ezequiel). En suma, exigen “reinventar la ciudad” con parques preparados para el correteo y el juego infantiles y no sólo con senderos y bancos para el paseo y reposo contemplativo de los adultos, con aceras –las calles de los chavales-- limpias y sin obstáculos, con pasos de peatones seguros, con “calles residenciales” de velocidad limitada hasta 15 kilómetros por hora... Como gusta de decir Tonucci, “cuando la ciudad olvida a los niños, olvida a todos sus ciudadanos, y también a sí misma”.
By: COLPISA

http://www.lacittadeibambini.org/

21 colegios tendrán caminos seguros para sus escolares

El alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, ha presentado este martes el programa “Madrid a pie, camino seguro al cole”

MADRID 06-05-2008 - MDO
Un proyecto que pretende fomentar la autonomía y la movilidad sostenible entre los más pequeños, mejorar la seguridad ciudadana en el entorno de los centros escolares y la seguridad vial en todos los medios de transporte. Esta iniciativa está incluida en el Plan de Seguridad Vial 2007-2011, que entrará en funcionamiento este mismo año.

Según el regidor, la idea es garantizar a los chavales una ruta segura a semejanza de los países del norte de Europa, donde funciona desde hace ya tres décadas. Además de fomentar la actividad física de los escolares y su independencia, el Gobierno de Madrid pretende promover un modelo de movilidad que reduzca el uso del vehículo privado para los desplazamientos al colegio. Algo, que en palabras del alcalde, repercutirá positivamente en el tráfico al reducir la congestión circulatoria y, por tanto, las emisiones de gases contaminantes en los alrededores de los centros.

El Ayuntamiento está seleccionando 21 colegios, uno por distrito, para poner en práctica el programa este mismo año. En 2009, aseguró Ruiz-Gallardón, serán otros dos más por distrito; en 2010, tres y en 2011, cuatro. El objetivo es que en 2012 cerca del 50 por ciento de los centros escolares de la ciudad tengan un entorno seguro en un radio aproximado de medio kilómetro, que es la distancia media que recorren los alumnos desde sus casas.

Desplazamiento a pie

La experiencia piloto realizada en dos colegios ha revelado que el 70 por ciento de los alumnos se desplaza a pie hasta el centro, mientras que un 15 por ciento lo hace en transporte público y el 14 por ciento restante, en vehículo privado. En el proyecto están implicadas varias áreas de gobierno municipales y se basa en la participación ciudadana, especialmente de los más pequeños. “Porque ellos, desde su particular visión de la ciudad, entre otras cosas por su estatura, son los que nos tienen que ayudar a identificar sus propias necesidades, y todo aquello que constituye un obstáculo o un riesgo en el trayecto que realizan a diario”, argumentó el alcalde.

Conseguir un camino escolar seguro y de convivencia requiere intervenir en tres ámbitos: el centro escolar, el barrio y los servicios municipales. El Gobierno de Ruiz-Gallardón va a convocar a la comunidad educativa, incluidos padres y profesores, así como a los vecinos y comerciantes de la zona para que contribuyan en el proceso.

También se va a elaborar un mapa de movilidad a pie. Fijará, además de la ubicación del colegio (destino de todos los escolares), el punto de origen (domicilio) de cada uno de los niños. A partir de ahí, aquellos tramos que sean recorridos por, al menos, el 5 por ciento de los alumnos se considerarán caminos escolares. Y será en esos tramos, se comprometió Ruiz-Gallardón, en los que se aplicará el programa.

Entre las medidas que incluye el Camino Escolar Seguro figuran la mejora de las aceras y la señalización o el templado del tráfico (seguridad vial); vigilancia preventiva de las rutas o programas de inspecciones, y de transporte, como el acondicionamiento de las paradas (seguridad ciudadana); también de regeneración urbana, como la adecuación del mobiliario urbano o la limpieza de los recorridos establecidos (movilidad sostenible). MADRIDiario
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PS
ENTREVISTA A FRANCESO TONUCCI

"Los padres se han vuelto sindicalistas de sus propios hijos"

El pedagogo del Consejo Nacional de Investigación (CNR) italiano critica la hiperprotección a los niños porque cree que perjudica su desarrollo a largo plazo

ÓSCAR MENÉNDEZ - Madrid - 24/10/2008

En un mundo de niños sobreprotegidos, el pedagogo Franceso Tonucci (1941, Fano, Italia) es un auténtico revolucionario. Creó en 1991 la idea de la ciudad de los niños, una iniciativa que involucra no sólo a la comunidad educativa sino también a los vecinos y comerciantes de los barrios, así como a los políticos de los municipios. El objetivo consiste en que los pequeños vayan solos al colegio y recuperen así el juego en las calles. La experiencia de Tonucci se ha vivido ya en algunas ciudades españolas como Soria o en el cinturón barcelonés, y en otros países, en urbes como Pesaro en Italia o Rosario en Argentina. Según él, los niños ganan y los adultos, también. Unos, porque recuperan el concepto de vivir la aventura. Los otros, porque forjan a los futuros adolescentes en el conocimiento de sus propios límites.

– Las ciudades actuales, ¿no son para niños?

– Los niños son rechazados por la ciudad, viven fuera de ella. La conocen a través de la ventanilla de los coches de los padres, que los llevan, o a través de la televisión. La viven como los peces viven el mundo desde el acuario.

– Y usted asegura que esa distancia puede ser muy nociva.

– No hay estudios en el tiempo como para saber qué va a pasar. Pero hay muchos problemas relacionados con esto en la adolescencia, como, por ejemplo, el acoso escolar, la hiperactividad, el uso precoz de alcohol y drogas, los accidentes de moto... Todo eso lo resolvemos diciendo que son cosas de la adolescencia, pero yo no lo creo. Creo que es realmente un problema de la infancia. Es la consecuencia de una infancia que ha perdido la oportunidad de vivir el riesgo.

– Estamos creando niños que no son autónomos.

– Los niños, de por sí, van buscando el riesgo a medida que lo necesitan. Van superando obstáculos y construyéndose. Es importante conocer la aventura y la frustración de pequeño, no a los 14 años. Los riesgos son elementos necesarios del juego. La presencia constante de adultos en los juegos de los niños impide que esto ocurra.

– Usted defiende que los niños pueden ir solos al colegio desde los 6 años.

– Sí. Lo único que hay que superar es el miedo de los padres.

– Pero, en las grandes ciudades, el tráfico es un gran peligro.

– En la ciudad, el tráfico es un problema cuando el niño va de la mano de su padre y se suelta. No cuando va solo. En nuestros proyectos, los niños van juntos al colegio. Y ven los principales problemas, como los cruces peligrosos. En ese caso, conseguimos que colaboren ancianos, que se colocan en esos puntos para controlar y asegurar el paso.

– Los padres también tienen miedo de que sean adultos los que abusen de sus hijos si los dejan solos.

– La violencia contra los niños existe, desgraciadamente, pero no ocurre fuera, sino dentro. No es obra de personas desconocidas, sino de personas bien conocidas. Las estadísticas dicen que los abusos, en más de un 90%, provienen de padres, parientes, educadores, curas... De ello podemos sacar dos conclusiones. Una, que es muy difícil engañar a un niño, a menos que él tenga confianza en ti. Otra, que una de las peores cosas que podemos hacer es enseñar a los niños a desconfiar.

– Usted también es muy crítico con la escuela.

– La escuela está viviendo un mal momento. No le gusta a los chicos, aunque se dice que eso siempre ha pasado. No le gusta a las familias, y eso es algo que antes no pasaba. Y los padres están adoptando un papel muy dudoso, son sindicalistas de sus propios hijos, y son capaces de denunciar a otros padres y a la escuela. En Italia, hay casos de padres que denuncian a los maestros por cómo evalúan a los niños.

– Los maestros tampoco están contentos.

– Efectivamente. La enseñanza es una de las profesiones con mayor índice de enfermedades laborales. Y esto no se entiende. Es cierto que es una profesión muy dura, muy sacrificada, pero también tendría que ser una muy gratificante. El problema es que el colegio ha querido pasar de ser una escuela de pocos a ser una para todos, pero se ha mantenido como una escuela de pocos. En mi época, la mayoría de los chicos dejaba la escuela, porque eran de familias pobres. Los que seguían lo hacían porque tenían familias ricas o cultas, donde se vivía la experiencia cultural y había una base sobre la que escuela añadía más cosas, como la caligrafía, la historia, etcétera.

– Entonces, ya no es una escuela para minorías.

– Afortunadamente se ha ampliado el acceso a la escuela: prácticamente todos van y casi nadie abandona. Pero la escuela se ha quedado igual. Está basada en el complemento y en muchos casos, no hay sobre qué complementar, porque la mayoría de los niños que van hoy día a la escuela no tiene esa base cultural. PUBLICO


Tags: movilidad, ciudad, niños, autonomía, juego, ocio, Tonucci

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