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jueves, 15 de mayo de 2008

Los exámenes ya están aquí y los más rezagados vuelven a preguntarse lo de siempre: ¿cómo estudiar tanto en tan poco tiempo?
· Ciertas técnicas de los deportistas de élite encierran más de una lección

Una prueba de selectividadLa hora de la verdad ha llegado. No se trata de la Eurocopa ni de los Juegos Olímpicos: son los exámenes finales. Pero unos y otros tienen algo en común. Puestos a aprender, los estudiantes deberían fijarse en los deportistas… Éstos tienen mucho que enseñar.

Rodrigo Padilla, 12 MAY 2008 Madrid  (XLSemanal)

En sus marcas. Los pies, bien afianzados en los tacos de
salida. O el boli, en la mano y la hoja del examen, boca abajo. Respirar hondo y adelante. Toda la temporada está en juego. O todo el curso. O estos últimos años estudiando las oposiciones, muchas horas al día, sin concesiones. Una salida nula, o un fallo de concentración o el miedo a quedarse en blanco… los nervios. Y todo se va al garete. `Ansiedad académica´, así lo llaman los psicólogos.

Hay dos gremios que saben muy bien lo que es jugarse un año a un solo partido: uno es el de los deportistas; el otro, el de los estudiantes. Los primeros dedican buena parte de su preparación a afrontar la tensión de las grandes citas; para los segundos, desgraciadamente, es algo marginal, lo importante es empollar y, como mucho, tomarse una tila la noche antes del examen… o un termo de café para aguantar el atracón final. No tiene mucho sentido. Ahora que llegan los exámenes finales, la temida selectividad o las oposiciones, lo mejor sería fijarse en las tácticas que emplean los deportistas. El objetivo: no figurar en ese 25 por ciento de estudiantes que dice sufrir este tipo de ansiedad ante un examen.

El manejo de las emociones es la asignatura fundamental. De poco sirve entrenar sin parar si luego los nervios te superan. La base es la confianza fraguada durante meses. Los deportistas siguen un plan meditado para pulir su técnica y mejorar su condición física. Saben que una paliza la semana previa no es lo mejor, ni mucho menos. Todo está medido y pensado para llegar en las mejores condiciones a la cita clave. Un estudiante debería enfocar el año de la misma forma: preparar los temas con antelación, planificar el ritmo, dejar tiempo para los repasos e intercalar de vez en cuando sesiones de recuperación. Si la materia está dominada, la inseguridad se reduce.

Pero a veces los nervios son difíciles de controlar. La preparación ha sido la correcta, pero una salida nula o una ligera vacilación antes de lanzar la jabalina lo arruinan todo. El jamaicano Asafa Powell fue eliminado en los Mundiales de Osaka por una doble salida nula; dos años después batía el récord del mundo de los 100 metros lisos. Entrenar es una cosa, un estadio abarrotado de gente gritando es otra. Por eso, los atletas también ensayan las finales.

Conforme se acerca el campeonato incluyen sesiones que recrean las condiciones de competición, las mecanizan. Igual que repiten los gestos técnicos de su especialidad, repiten una y otra vez los mismos rituales que emplearán en la competición. Por eso, les vemos dar palmadas ante los tacos de salida, entonar salmodias o pasearse con la mirada perdida antes de un lanzamiento. Y también por eso deberían imitarlos los estudiantes: por un lado, hacer en casa exámenes del mismo tipo y responder las preguntas en el espacio y el tiempo determinados; por el otro, simular el escenario: utilizar siempre el mismo material y, si es posible, conocer de antemano el espacio donde tendrá lugar el examen. De esta forma se mitiga uno de los factores desencadenantes de la ansiedad: el miedo a lo desconocido. El otro factor es el miedo al fracaso.

Para combatirlo, los deportistas recurren a la disciplina mental. Pero la disciplina no es algo que se improvisa, se entrena. Los expertos en psicología deportiva coinciden en que la relajación y la concentración deben ser ejercitadas como cualquier otra habilidad física o técnica. Sustituir los pensamientos negativos por positivos no es algo que se aprenda en un día. No vale decir «voy a conseguirlo». Hay que aprender a hacer una pausa en los estudios y relajarse, saber controlar la respiración. Y, más importante aún, desarrollar el placer por el estudio, por el aprendizaje, la satisfacción de ver los progresos. Igual que los deportistas. Ese ansia de superación, el espíritu competitivo, es la otra cara del mundo de las emociones.

Los atletas saben que saltar a la pista con tranquilidad es fundamental, pero que la secreción de adrenalina que provoca la tensión también ayuda. El corazón late más rápido, los músculos reciben más oxígeno… y el cerebro, también. En el caso de los estudiantes, esa sensación de alerta es tan beneficiosa como el subidón físico que experimentan los deportistas. Conclusión: estar tranquilos pero no excesivamente confiados, mantener el control pero no perder la motivación, ser conscientes de la importancia del momento pero saber que se está preparado. El premio es una medalla o un diploma de licenciatura, pero también la marca mínima para ir a las Olimpiadas o la nota necesaria para cursar la carrera deseada.

Porque la vida es una carrera de obstáculos y las tácticas aprendidas durante la época de estudiante nos valdrán en los años venideros. Siempre nos encontraremos ante nuevos exámenes, en forma de entrevistas de trabajo o de resolución de problemas de estrés. Si sabemos que contamos con la preparación necesaria y que podemos controlar nuestros nervios, pasaremos la prueba. Hasta que llegue la siguiente…

XLSemanal Número: 1072,  Del 11 al 17 de mayo de 2008


relacionado CLASES DE REFUERZO

Las academias se llenan de alumnos rezagados en la recta final del curso

Escolares y universitarios dedican a estas clases una media de tres horas semanales para tratar de aprobar los exámenes Estos profesores «cubren carencias del sistema docente»

BAILBAO 07.04.08 - MARÍA CORCUERA (EL CORREO)

AL DETALLE
Precio: Unos 10 euros por hora para las clases de grupo.
Horas: 3 a la semana como mínimo, aunque el abanico es amplio.
Los alumnos: Las clases reúnen a una media de cinco estudiantes y también hay tutorías (más de 10 euros) con uno o dos alumnos.
Las asignaturas: En Primaria y Secundaria los 'huesos' son matemáticas, física y química, mientras que los universitarios refuerzan las asignaturas más técnicas de las carreras de Ciencias (Ingeniería, Arquitectura, etc).


La vida de estudiante tiene muchos 'pros', por algo se suele echar luego tanto de menos... La etiqueta que se cuelga al alumno le dibuja como alguien que vive despreocupado, que disfruta de largos periodos de vacaciones y que atesora un sinfín de divertidas anécdotas escolares que contará a los suyos cuando sea mayor al igual que se cuentan las historias de la mili. Pero los estudiantes también tienen que rendir cuentas. En los exámenes, que atragantan a más de uno el final de curso. Frente a aquellos que pasan limpios sin mayores problemas, en el otro extremo, un nutrido grupo de alumnos que necesita una ayudita extra para salir airosos. Y no de una 'chuleta' precisamente.

Estos chavales a los que las clases se les quedan cortas tienen que 'cumplir' por la tarde en la academia. Los centros hacen tras la Semana Santa su particular agosto y reciben una auténtica avalancha de estudiantes en la recta final del curso, alrededor de un 30% de nuevos alumnos a los que perderán la pista en junio. No reparten varitas mágicas que otorgan aprobados automáticamente, pero conocen bien el universo docente y «logran salvar una o dos asignaturas que el chaval ha dejado a estas alturas ya casi por imposible».

Claro que a veces el panorama es mucho más complicado. «Cuando por estas fechas nos vienen los padres apurados, y son muchos, valoramos el caso. Si lo vemos imposible les decimos la verdad, es lo más ético», advierte Luis Graña, de la academia Cima de Getxo. Sus alumnos pertenecen a los ciclos de Primaria y Secundaria, etapas en las que no es raro que necesiten un refuerzo académico. Falta de hábitos de estudio y de interés por las materias, dificultad en la comprensión... El abanico de problemas es amplio. Casi tanto como las asignaturas que más se les resisten. Aunque los 'huesos' por excelencia son las matemáticas, la física y la química, los responsables de estos centros quieren acabar con el «mito de las mates».

«Más que conocimientos específicos, a muchos les hace falta dar un empujoncito para que aprendan a estudiar por sí mismos y a comprender lo que les enseñan en clase. Pueden ser matemáticas, materias de ciencias, pero también lengua o idiomas. A veces, a nosotros nos toca cubrir las carencias que tiene el sistema docente», apunta Maite Seco, directora del centro Lakatos de Basauri y una profesional con más de dos décadas de experiencia.

Los profesores de la academia bilbaína San Agustín llevan enseñando cincuenta años. En sus pupitres se sientan chavales de los primeros ciclos de enseñanza y también otros que preparan el acceso a la Universidad. «Mucha gente comienza el curso por su cuenta, aunque con las primeras notas se da el gran susto y busca un remedio para que no vuelva a ocurrir y arreglar el curso», apunta José Luis Soler, director del centro bilbaíno.

Agenda saturada

Los universitarios también recurren con frecuencia a academias especializadas en asignaturas que se imparten en la Facultad, «sobre todo materias técnicas de carreras como Ingeniería o Arquitectura». En su caso, suspender algunos parciales en febrero y otros en junio supone encontrarse a la vuelta del verano con una agenda saturada de exámenes.

Tanto para los estudiantes de los ciclos escolares como para los universitarios, a veces para resolver con éxito el curso no queda otra que hincar los codos en la academia. A ello dedican un mínimo de tres horas a la semana y abonan tarifas que rondan los 10 euros por hora. Normalmente prefieren las clases en grupo, aunque existe también la posibilidad de apuntarse a las tutorías, con un profesor para uno o dos estudiantes -el precio se encarece por encima de los diez euros-. Menos demanda tiene el servicio de profesores a domicilio.

Unos y otros están acostumbrados a trabajar a contrarreloj, así son las exigencias de los alumnos. Pero los profesores no las tienen todas consigo. «Los chavales deben seguir el ritmo en clase, si no, es muy difícil que podamos ayudarles. Nosotros les allanamos el camino pero no hacemos milagros. Y en casa hay que seguir estudiando», apostilla Mikel Ors, de la academia bilbaína Zilargi. EL CORREO



Tags: pruebas, examen, selectividad, técnicas, estudio, concentración, deporte

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