ANÁLISIS · CARMEN GALÁN · Profesora de la UEX
El primer dedo prensil es la estrella de la sociedad tecnológica
Con sus movimientos sobre el teclado de los móviles, el democrático pulgar lo comunica todo. Ya decide quién va a Eurovisión, y pronto, quién gobierna
· El móvil significa estar conectado en todo momento, abierto y localizable para todos
· La moderna economía sin vocales de los SMS ya la utilizaron los alfabetos fenicios hace 3.000 años
 HOMO MOVILIS / seina |
EL PAIS 12/05/2008
En la historia iconográfica encontramos imágenes simbólicas de los dedos de la mano que se han sucedido hasta quedar semánticamente fijadas. El índice, por ejemplo, se ha representado casi siempre como un dedo que "habla" (indica) de nosotros y a los otros; de ahí que sea el más apropiado tanto para desatar la controversia, pues se usa al acusar, reprender, negar o imponer silencio, como para entablar el diálogo pacífico: es el dedo que levantan los alumnos entusiastas para responder a una pregunta y el dedo con que sugerimos que alguien se acerque. Es un dedo indudablemente culto (representa el gesto de pensar, el de hojear libros) y comunicativo (con él escribimos palabras en el aire o dibujamos).
Sin embargo, cuando hace dos millones de años la especie Homo descubrió las posibilidades tecnológicas de la capacidad prensil del pulgar, no podía sospecharse que mucho tiempo después este dedo "pinza" sería la estrella de la nueva sociedad de la Red.
Sin duda, en este caso ha sido la función la que ha potenciado el órgano: a partir de aquel primer pulgar prensil, o aquel arbitrario que decidía la vida o la muerte de los gladiadores, hemos descubierto un democrático pulgar tecnológico que comunica, saluda, llama la atención, corteja, seduce, amenaza o decide, pues un movimiento de miles de pulgares sobre el teclado de un teléfono móvil define la suerte de un programa de televisión y, no ha de tardar mucho, los candidatos que nos gobiernen. Entramos en la era de la "generación del pulgar", como gustan de llamarse los jóvenes tecnológicos menores de 25 años expertos en tecnologías que caben en la palma de la mano.
De entre todos los artilugios tecnológicos modernos sujetos al imperio del pulgar es quizá el teléfono móvil el que ha modificado más radicalmente los modelos de relación social y de comunicación. Vivimos en la llamada sociedad de la información y, sin embargo, esa misma información se ha convertido en un objeto de valor que hay que consumir compulsivamente porque tiene fecha de caducidad. Estar informado significa ahora estar conectado en todo momento, abierto y localizable para todos. No de otra forma han de interpretarse los "toques" con que los adolescentes manifiestan su presencia constante, pero muda. En otras palabras, la función narrativa de sus orígenes (que parece haber quedado relegada al teléfono "fijo") ha adquirido la fuerza de un imperativo: "hay que estar ahí".
Por otra parte, el teléfono móvil se ha convertido en una prolongación imprescindible de nuestra imagen social al tiempo que funciona como signo distintivo frente a los demás ("personalizamos" la pantalla, las melodías y hasta la voz del buzón). Curiosamente, aquellos primeros teléfonos celulares que se veían como un signo de ostentación se han convertido en el principal, si no el único, medio de expresión de la juventud. Así pues, el 99% de los jóvenes tiene móvil aunque, ciertamente, cabría mejor decir que dispone de una "navaja suiza tecnológica", pues sus funciones comunicativas son casi irrelevantes frente a su uso como reproductor de música, máquina de fotos o portal de videojuegos. El hecho de que en términos de mercado los jóvenes sean considerados heavy users (usuarios compulsivos) ha disparado la alarma social hasta el punto de que se tratan ya patologías del adicto tecnológico, figura que coincide con el adolescente "enganchado" a la Red y al móvil.
Conviene recordar, sin embargo, que en un principio, en la década de los noventa, los mensajes SMS (Short Messages Service) no formaban parte de la planificación tecnológica de los móviles, pues habían sido diseñados para cumplir una función similar a la del teléfono, pero con las ventajas de Internet. El inesperado éxito que tuvo la opción "mensajes" sorprendió a todas las operadoras, que se vieron obligadas a modificar sus servicios sin sospechar la revolución lingüística que se iba a desatar en los límites de las pantallas.
Desde luego, hoy más que nunca el medio es el mensaje. Es cierto que el teclado condiciona la cantidad de información que puede escribirse y el tamaño de la pantalla la cantidad de información que puede leerse. Esta limitación técnica explicaría que los usuarios condensen sus mensajes porque disponen de poco espacio y, además, el exceso informativo cuesta dinero, como en los antiguos telegramas. Pero las limitaciones tipográficas sólo explican una mínima parte de la configuración de los SMS, pues no suelen utilizarse más de 70 caracteres de los 160 permitidos.
La razón es mucho más profunda y deriva del nuevo concepto de "comunicación" basado en la inmediatez y en la constante disponibilidad que ha impuesto la era de la imagen: desde luego, es menos costoso "ver" el mundo como sucesión de imágenes que "interpretarlo" verbalmente. En consecuencia, los mensajes son fugaces porque la información caduca y debe ser tan condensada como rápida y eficaz.
Por eso, y a pesar de su condición escrita, los SMS nunca serán depósitos de la memoria, pues su función se limita a responder a la urgencia impuesta, a la intrascendencia de un lenguaje inmediato "aquí y ahora" entre iguales que juegan a subvertir códigos sin la conciencia de que sus divertimentos, alharacas revolucionarias, son parte de la esencia misma del lenguaje. Desde luego, es más rápido escribir sin vocales cuando se tiene la certeza de que podrán ser adivinadas y recuperadas por el sonido de la consonante, sólo que esta moderna economía ya la practicaron los primeros alfabetos fenicios hace 3.000 años; de la misma forma, la reutilización de algunos números o signos matemáticos que pueden ser leídos por su valor o por su sonido (sl2 >saludos; d+ >demás) ya se encuentra en el principio jeroglífico de los primeros silabarios del siglo XV a.C. Y las abreviaturas (tk >te quiero) y amalgamas léxicas (APS >amigas para siempre) son tan antiguas como la escritura misma.
Ahora bien, estas tendencias fonético-ortográficas no han de convertirse en norma en ningún caso, pese a la proliferación de diccionarios SMS en la Red, porque este proceso unificador significaría que el lenguaje SMS ha alcanzado la categoría de código convencional. Pero tampoco ha de permitirse que salga fuera del medio para el que fue pensado porque en ningún caso la eficacia compensaría la pérdida de contenido o resolvería las ambigüedades. Por otra parte, está por ver hasta qué punto afectará a nuestra capacidad para procesar el mundo si el lenguaje se reduce tan drásticamente.
Aún así, es innegable que está surgiendo un cuarto medio de comunicación a medio camino entre lo oral, lo escrito y lo gestual. Y, aunque es muy improbable que este cuarto medio suplante a los ya existentes, parece fuera de discusión que se producirán cada vez con mayor frecuencia situaciones mixtas que modificarán, a su vez, los límites -ya de por sí inestables- entre los medios. Esta situación no debería desencadenar la crítica exacerbada, pues ya contamos con ejemplos similares de hibridación de códigos.
Es mucho más preocupante la actitud de quienes defienden que -aunque sea en la pantalla y burdamente- cada vez leemos y escribimos más. El hecho de que la inmediatez que gobierna la composición de estos mensajes se refleje en una escritura minimizada de contenido superficial es una cuestión que no debe justificar en absoluto su uso fuera de este medio ni por razones de expresividad. El pulgar es poco apto para novelas, diarios o canciones. En estos casos, más nos valgan 10 dedos y, acaso, no nos sobren letras sino que nos falten palabras. EL PAIS
* Carmen Galán Rodríguez es profesora titular de Lingüística de la Universidad de Extremadura.
Un homínido descubre la "capacidad prensil del pulgar" (2001: Una odisea en el espacio).

El lenguaje y los SMS
Las nuevas tecnologías han impulsado un distinto 'uso del lenguaje', más económico y rápido para los usuarios, que distorsiona términos y frases para reducirlas a su mínima expresión inteligible. Algunos expertos temen que esta moda influya negativamente en el idioma. Para otros, es una enriquecedora novedad, que no traspasará el nivel de comunicación en el que se desarrolla.
MURCIA 07.05.2008 - ÁLVARO SÁNCHEZ (LA VERDAD)
Mientras un puñado de escogidos científicos analizaba en San Millán el uso del español por los jóvenes, cientos de miles de estos utilizaban su móvil para remitirse millones de mensajes SMS. Su menor preocupación al hacerlo era la corrección en el uso del lenguaje: recurren a acrónimos y abreviaturas, siguen un patrón fonético o ahorran vocales. Sometido a tales torsiones, el idioma puede parecer amenazado, pero si es verdaderamente fuerte decantará aquello que le es útil de aquello que es pasajero y superfluo. Y nunca antes habrá gozado de canales de comunicación de inmediatez y potencia equiparables.
Los mensajes, con sus contenidos casi crípticos, son elocuentes desde un punto de vista económico: sólo en las Navidades de 2007, los españoles intercambiaron unos doscientos millones de SMS, toda una gallina de los huevos de oro para las compañías operadoras. El promedio de envíos entre los adolescentes coreanos es de unos dos mil mensuales por móvil -parece lógico que, metidos en tal frenesí, la ortografía sea la menor de sus preocupaciones-. El márketing se apropia rápidamente de los nuevos códigos: así, una destacada caja llama a sus potenciales clientes jóvenes diciendo: «Si eres joven, eres lkxa»; y parece hábil que emplee esa argucia para caracterizar su oferta juvenil.
Dado que los mensajes SMS se emiten y reciben ahorrando tiempo y espacio (a menos mensajes, menor costo), reducen la necesidad de la lectura. Pero el empleo de estas tecnologías no es la causa de la falta de hábitos lectores, sino un síntoma más de esa carencia de honda raíz educativa. Si los muchachos intercambian mensajes sin freno es porque no se les pone límite a su uso; si lo hacen con unas claves concretas, alejadas de la ortografía y la gramática ortodoxas, es porque les es más cómodo comunicarse mediante un lenguaje propio y característico (¿generacional?); si cometen faltas de ortografía, o se echan a la fonética al redactar sus mensajes, es porque o bien no se les ha atraído a la lectura, o bien leen perfectamente audiovisuales, pero no libros: y en el sistema educativo, el viejo y esencial comentario de textos no va acompañado de ejercicios de comprensión audiovisual, de forma que el lenguaje se percibe en su reducción a asignatura y huele a añejo. Cuando nos preocupamos por los jóvenes y el lenguaje, podemos estar valorando la realidad digital del siglo XXI mediante una escala de valores analógicos e ilustrados: es decir, propios del siglo XIX. Las cosas han cambiado, y la lengua se fortalece y evolucionará, pero en formas y direcciones a la vez pujantes e imprevisibles. El empleo compulsivo y omnipresente de los SMS (Short Message Service, servicio de mensajes cortos) y su repercusión en los hábitos de los escribientes, de modo especial entre los jóvenes, está inquietando a muchos puristas de la lengua. Efectivamente, es algo a tener en cuenta, pero si bien conviene ocuparse de ello, creo que no merece la pena preocuparse demasiado. Aunque sea algo que resulta chocante, tanto su uso masivo como su terminología de abreviaturas.
Lengua que no evoluciona, lengua que muere, dicen los lingüistas. En su momento surgieron las lenguas de germanías, del hampa, de sectores cerrados de la jacarandina cuya función, precisamente, era que fueran entendidas sólo por la gente que se encontrara dentro de su entorno cultural. Era autodefensa. Un mismo idioma ha tenido distintos modos de plasmarse, como puede ser la taquigrafía o el alfabeto morse. Son variantes de un sistema único que no se siente modificado.
Hace tres o cuatro años salió este tema en los exámenes de Selectividad. Cada examinando manifestó su opinión, la mayoría muy negativas, diciendo que su empleo repercutía en el empobrecimiento del idioma. Hubo uno, muy sensato, que decía que había que saber distinguir, que él empleaba un lenguaje correcto en los apuntes y exámenes y otro completamente roto y desmadejado en los SMS con los colegas, que a veces hasta resultaba algo ingenioso. Es decir, sabía dominar los niveles lingüísticos. Ahí no hay peligro.
Creo que no hay que darle demasiada importancia. El vocabulario y nomenclatura de abreviaturas está condicionado por el uso de corto espacio y el decir el máximo. Son formas de comunicación dentro de un contexto. Cuando hablamos, empleamos distintos discursos según la situación en que nos encontramos. Ante el médico, decimos «tengo un dolor intenso en la cabeza»; ante gente de poca confianza, «no me aguanto con el dolor de cabeza»; con un amigo, «tengo una mierda de dolor en el cogote que no me tengo»... adornado de dos tacos sonoros. Lo malo es quien no sabe distinguir los niveles y emplea siempre el mismo registro, normalmente muy bajo. Será un empobrecimiento para quien lo tiene pobre por propia adicción y mérito.
A tiempos nuevos, cambios necesarios y mente abierta. La RAE estudia elaborar un diccionario de abreviaturas para los SMS. A lo largo de los años, toda innovación resulta chocante al principio, cuesta admitirla. No importa si el enamorado recibe una carta, una frase hermosa, un tqmch, que no hay que ser muy lince para interpretarlo.
Ojalá recibiéramos todos los días un: tscribo xqtkieromch.
LA VERDAD
Tags: movil, homo, evolución, lengua, pulgar, SMS, comunicación