vida familiar
Con las vacaciones llega la pesadilla de qué hacer con los hijos
Los talleres y los campus parecen una gran opción, pero ¿son lo mejor para ellos?
Sara Carreira 20/6/2008 A CORUÑA (LVG)
«Aquí los únicos que concilian son los niños y los abuelos». Eso es lo que cree Belén Riveiro, secretaria de la Confapa (las APA de colegios públicos de Galicia) y madre. Ella resumía de esta manera tan gráfica la situación de miles de niños gallegos que, a partir de la próxima semana, tendrán que saltar de la cama y aún con los ojos cerrados ir a casa de sus abuelos mientras los padres se marchan a trabajar. Eso si no se quedan a vivir con sus mayores.
Riveiro, haciendo gala de un sentido común indiscutible, considera que «el asunto de los niños y el verano es muy complejo y no hay una única solución buena, porque cada familia tiene una casuística singular». Lo que tiene claro es que «los niños tienen demasiado tiempo de vacaciones en verano» para la forma de vida actual. Dos meses y medio sin clase es un lío organizativo para cualquier hogar en el que trabajen los adultos.
Por eso, surge la pregunta de qué se hace con los niños y qué es realmente lo que tendríamos que hacer. José Manuel Suárez Sandomingo, presidente de los pedagogos gallegos (Apega), funcionario del departamento de menores de la Xunta y padre de una chica de 18 años, da dos claves fundamentales para describir la situación mejor: primero, hay que compatibilizar familia con gustos y escuchar al niño a la hora de organizarle el verano; y segundo, y más importante, dedicarle tiempo. «Si tú no educas a tu hijo -resume Suárez- otro lo hará y tal vez no te guste lo que aprenda». Organizar actividades al salir del trabajo (el día es largo), comer con ellos y atenderlos son las opciones. Y nada de enloquecer con los horarios: acostarse y levantarse dos horas más tarde es suficiente.
«Papá» Estado
Entiende Suárez Sandomingo que cada vez el Estado está haciendo más el papel de adulto en una sociedad de eternos adolescentes. Y eso tendrá un precio muy alto a medio y largo plazo.
¿Y qué piensa la Administración? Guadalupe Rodríguez, concejala de Educación en Santiago, cree que la Administración «debe facilitar a los vecinos un espacio para que sus hijos estén atendidos. Hay familias que pueden atender a sus hijos pero otras no, y yo tengo la obligación de facilitarles, a estas últimas, un espacio seguro y educativo». Por eso, abren los colegios públicos en la última semana de junio y la primera de septiembre, y en julio se organizan talleres y campamentos urbanos.
Como Santiago, casi todos los ayuntamientos grandes hacen amplias ofertas -superadas por una mayor demanda- de actividades para niños en centros cívicos, albergues y colegios. Hay además iniciativa privada que entretiene a los chavales de 9 a 17 horas o más. Lo cierto es que muchos profesionales de la educación sienten que los campamentos y talleres son auténticos aparcamientos para niños, que no pueden disfrutar del verano.
Una de las alternativas a tanta actividad -muchas suponen madrugar tanto como para ir al cole- es echar mano de los abuelos. El 36% de los mayores españoles ayudan a la crianza de sus nietos, cifra que se eleva al 50% en verano, y son diez millones en todo el país.
La opción más cara
La tercera gran opción es contratar a alguien para que atienda en casa a los niños. Sin duda es la mejor, pero también la más cara. Permite a los niños disfrutar de la calle -playa, piscina o paseo- y compartir por lo menos comida y cena en familia. Esa es la opción de Juan y María, con dos niños de 8 y 11 años. El pequeño estará quince días en un campamento urbano (de 10 a 14 horas y come en casa) y el mayor, quince días en uno de la Xunta. El resto, con ellos.
Les encantaría poder recorrer Europa con sus hijos pero «no a costa de volver locos a los abuelos, que los niños dan mucho trabajo». Por eso, concluye con humor: «Ya viajaremos cuando terminen la universidad». LVG
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