ANÁLISIS· JAVIER BALLESTA, Profesor· Facultad de Educación. Universidad de Murcia
MURCIA 27.06.08 - (LA VERDAD)
Ya están los estudiantes de los colegios y de los institutos de vacaciones, mientras sus madres y padres tendrán más trabajo del que anhelan. Una vez más se repiten las escenas propias de los finales de junio en los centros educativos: la fiesta final, la recogida de notas y las tutorías con los profesores para repasar o preparar la repesca porque las estadísticas nos dicen que salir limpios, con todo aprobado y, encima con nota, no es demasiado común en estos tiempos revueltos, donde la percepción del estudio, del esfuerzo y del cumplir, como debe ser, con ese trabajo autónomo del estudiante no está, demasiado valorado por los propios alumnos. Ahora, la experiencia nos dice que son pocos los que se titulan en junio, por lo que hay que seguir con esos esfuerzos que no se invirtieron a lo largo del curso o que no han dado resultado.
Y es que no se lleva, al parecer, ser un estudiante que se signifique en el oficio o en el arte del estudio. La estudiantina de ESO, por lo que vemos, se deja llevar por esas aguas turbulentas, sin mucho destacamiento y a ver cómo pasan los días, las horas y los minutos, sin destacamientos son muchos los profesores que se quejan de esta visión miope, de baja monta, poco nivel en el alumnado y falta de alicientes intelectuales, refiriéndose a esa cultura del esfuerzo que no está de moda y que brilla por su ausencia, en una sociedad que bosteza continuamente entre el conformismo, lo políticamente correcto y una permisividad basada en aquello de que cada palo aguante su vela Algunos colegas del oficio lo dicen, otros se callan y miran el almanaque, deseando que venga la fecha para pasar a otros menesteres propios de una merecida jubilación y también los hay, pocos, que se envalentonan como quijotes frente a los molinos de viento en la lucha contra esas inercias desmotivadoras.
La actualidad de estos días, ya la conocemos, no es nueva y se repite, porque estamos ante la cosecha del fin de curso, donde los alumnos tienen que recoger sus bártulos de los pupitres y, muchos, tendrán que ponerse las pilas en el verano, entre academias, profesores particulares y dedicarse a pegarle fuerte, para poder sacar el curso pendiente. Estos jóvenes, sin ganas, intentarán darle un empujón a esos libros adormecidos y monótonos que fueron abandonados durante los meses pasados en las mochilas. La historia interminable sigue, se aplaza porque cada año es más normal que el curso acabe en septiembre y que sean muchos los que tengan que ponerse delante del estudio en el tiempo de veraneo. Atrás quedaron las vacaciones largas y pausadas. Sólo los escolares de los primeros años tienen esa sensación de corte, de dejarlo todo y tirarse al disfrute. Al mismo tiempo, en este mes de fiebre académica y burocracia pedagógica, los docentes tienen que poner los puntos sobre las íes, listar y promocionar al personal, encajar los sin sabores y orientar la desmotivación y las pocas ganas de saber y apostar por aquello que calienta más la cabeza que lo fácil y lo efímero... Difíciles días para los profesionales de la enseñanza, donde hay que ponderar, medir, orientar y abordar cien mil historias que son, sin duda, ingratas, poco gratificantes y cansinas, porque se trata de dar el corte, la poda, el dejar para luego, poner las cosas en orden, dentro de las limitaciones propias de un sistema que sigue siendo limitado para resolver el enorme fracaso educativo, no escolar, porque el asunto de la desgana, la desmotivación y el poco estímulo por el estudio no se resuelve en las cuatro paredes de las aulas, está en la calle, en las familias, en lo que se lleva
Una vez más, cuando llega el calor y estas fechas se nos escapan, siento la impotencia, como la de muchos, por ver que todo sigue igual, la monotonía vence a los cambios, las inercias son las de siempre y las asignaturas pendientes las tenemos sin resolver. Como siempre las dejamos para mañana, para la vuelta, para septiembre. Ahora, si puede ser, no estaría nada mal desconectar y recargar las baterías y apaciguar los ánimos que mucha falta nos hace a todos, a la estudiantina y a los sufridores de la película que son los que tienen que seguir motivando al personal, para que no tire la toalla y siga en el empeño. LA VERDAD
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