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viernes, 18 de julio de 2008

LAS FAMILIAS ANTE LAS VACACIONES
Alternativas municipales para atender a menores con padres que trabajan
En Galicia se generalizan, aunque los servicios difieren mucho de unos concellos a otros
Forges- /Hemeroteca EL PAIS
Jorge Casanova / A CORUÑA (LVG)
Si es usted vecino del término municipal de Ames -uno de los ayuntamientos demográficamente más pujantes de la comunidad gallega-, el final del curso escolar no habrá venido acompañado de esa habitual sensación de angustia que atenaza a muchos padres por estas fechas. Cualquier familia de este concello coruñés que se enfrente a la problemática de qué hacer con los niños -al menos hasta que llegue el momento de las vacaciones de los progenitores- dispone de una serie de opciones que, en el peor de los casos, cubrirán al completo el tiempo que el niño pasaba en el colegio, incluido transporte y comedor.

Si no es vecino de Ames, pero vive en Lugo, la cobertura ofrecida por el Ayuntamiento no tendrá comedor, pero será gratuita; y si reside en A Coruña, puede que haya podido encontrar acomodo para su hijo o puede que no.

En realidad, la posibilidad de acogerse a las políticas de conciliación, que este verano se han generalizado en la mayor parte de los grandes ayuntamientos de Galicia, es una pequeña lotería que depende del lugar de residencia de cada ciudadano. No solo en lo que tiene que ver con el servicio en sí, sino también con su precio, con un amplio espectro que va desde la gratuidad total a los 200 euros que cuesta un campamento de 15 días con comedor incluido en Lugo, por ejemplo, uno de los municipios más avanzados de la comunidad autónoma en este tipo de coberturas.

El primero


Este verano del 2008 va a ser el primero para no pocos concellos que han entendido la imperiosa necesidad de sus administrados y han puesto en marcha programas de campamentos urbanos, el modelo escogido por la mayoría. Es el caso de Ourense, donde se han abierto los centros escolares, bibliotecas, ludotecas y hasta los institutos de secundaria de la ciudad para albergar a los chavales ourensanos. La concejala delegada de educación, Ana Garrido, explica que han utilizado todos los recursos propios de que han podido disponer: «Hemos implicado a técnicos municipales para que hagan campañas de lectura o enseñen en talleres de música. Y, adonde no hemos podido llegar con nuestra gente, contratamos personal». De momento, y ante el éxito de la iniciativa, la concejalía ya se plantea establecer el año que viene una cuota de diez euros e incluir servicios de comedor.

Los ayuntamientos emergentes (Ames, Cambre, Teo...) son los que llevan la iniciativa en este tipo de políticas. En las ciudades, la cobertura es más desigual. Desde la que ofrece Lugo, con el uso de colegios públicos que permiten dejar a los niños en cualquier horario de 9 a 14, hasta los problemas de otras ciudades como A Coruña, donde la demanda supera cada año ampliamente a la oferta. Fuentes municipales señalaron la necesidad de que se implique la comunidad educativa para poder atender las peticiones, algo que ya ocurre en Vigo, donde las propias asociaciones de padres capitanean una parte importante de la oferta.

Talleres, informática, excursiones, deporte, idiomas

El abanico de actividades preparado por los concellos parte del catálogo de las ludotecas y las empresas de tiempo libre que, muchas veces, asumen la programación. Los talleres en aulas son el punto inicial, a partir del cual, y en función de las condiciones meteorológicas, se diversifican con salidas al aire libre, juegos cooperativos e incluso excursiones.

En Ourense se impulsa un programa con estudiantes de otros países desplazados a la ciudad para desarrollar actividades relacionadas con el francés, el inglés y el italiano para jóvenes en los centros de secundaria. Los campamentos de inglés son frecuentes (Pontevedra, Santiago, por ejemplo), y cuentan con profesores para agosto. En Vigo, Ferrol y otras urbes los talleres cuidan las nuevas tecnologías, y en A Coruña, por ejemplo, la torre de Hércules será el eje sobre el que pivotará una quincena. Los concellos con más experiencia son también los que más diversifican. La mayoría usa edificios municipales para los talleres, aunque cada vez son más los que aprovechan las ventajas de los colegios públicos, que mantendrán sus puertas abiertas todo el verano.

La ola conciliadora se extiende por Galicia e incluso concellos con poco vigor demográfico, como el de Monforte, impulsan su programa de verano para menores, de 9 a 14 horas, cubriendo las plazas dotadas este año por vez primera. En muchos casos, el servicio solo se ofrece en julio, sin posibilidad de comedor ni transporte, lo que suelen ofertar solo concellos con más experiencia. LVG 6/7/2008

Testimonios | DOS CASOS, DOS MUNICIPIOS, DOS SERVICIOS

«Las alternativas para conciliar son claramente insuficientes» «El verano pasado fue un infierno, tenía que llevar al niño a la oficina»

Luisa Mahía | Usuaria de un campamento privado en A Coruña
JUAN CARLOS ZAMAR | Usuario de los campamentos urbanos de Ames


A CORUÑA| Bertamiráns | 6/7/2008
Doscientos euros sin comedor. Eso es lo que pagan Luisa Mahía y su marido, Fernando, por el campamento urbano al que envían a su hija de 4 años. Desde luego, ella da el típico perfil de usuaria de las más de 1.700 plazas que ofreció el Concello de A Coruña: empleada municipal, profesional de la educación infantil, con horario fijo de ocho a tres y con un marido que trabaja todo el santo día. ¿Y por qué no está la niña en un campamento municipal? «Pues porque las plazas salieron tardísimo. Nosotros preguntamos muy temprano, a finales de abril. Nos dijeron que todavía no estaban convocadas pero que ya nos avisarían», explica con un gesto de fastidio. Y les avisaron, solo que a mediados de junio: «Nosotros no podemos esperar tanto, porque sé que no hay plazas para todos y, claro, no te pueden garantizar que van a cogerte a los niños. Y para nosotros es indispensable tener una alternativa todo el mes de julio. Imagínate que me la aceptan solo la primera quincena, o solo la segunda. ¿Qué hago yo entonces?».

Efectivamente, no hay sitio para todos. A pocos metros del parque donde conversamos está el centro cívico municipal en el que todavía permanecen expuestas la lista de admitidos y la de espera. A primera vista ya se aprecia que la segunda tiene bastantes más nombres . «Las alternativas que hay aquí para conciliar son claramente insuficientes. Yo creo que la Administración todavía está un poco alejada de la realidad», reflexiona Luisa. Según cuenta, tiene dos hermanos; uno vive en Madrid y otro en un pequeño pueblo de Aragón: «Y allí tienen el colegio abierto todo el verano, con unos monitores que se hacen cargo de los niños. Ya ves, resulta que en el pueblo están mucho más adelantados que en las ciudades», se lamenta.

La primera experiencia

El verano pasado la pequeña aún asistía a la escuela infantil, donde es posible mantener escolarizados a los niños durante el mes de julio, así que no hubo problema, ya que la familia disfruta las vacaciones en agosto. Este año, Luisa y Fernando se han encontrado con que el verbo conciliar se conjuga a golpe de 200 euros y sin comedor. El campamento al que finalmente acude su hija durante este mes de julio está organizado por un colegio privado y atiende a la pequeña desde las nueve de la mañana hasta las dos de la tarde: «Tienen muchas actividades, muy variadas y muy interesantes; en ese sentido estamos muy contentos».

-¿Le parece caro?

-Depende. Si lo comparamos con los cincuenta euros que me habría costado el campamento municipal, sí. Juan Carlos Zamar deja a su hijo de 4 años en el campamento municipal sobre las nueve de la mañana y lo recoge a las dos de la tarde. Está contento: «Para nosotros ha sido un alivio, relativo, pero un alivio. Sobre todo si lo comparamos con el año pasado, que fue un auténtico infierno». Zamar es de esos trabajadores que no acaban nunca. Y su esposa dedica a la vida laboral seis horas; una semana por la mañana y, a la siguiente, por la tarde. Así que ambos forman una de esas familias de conciliación casi imposible. Viven desde hace tres años en Bertamiráns y no cuentan con apoyo familiar. El verano del 2007, con el niño mayor con 3 años y la pequeña recién nacida, fue, como él dice, infernal: «No me quiero ni acordar. Nos enteramos tarde de la oferta del Ayuntamiento y no pudimos aprovecharla, así que nos vimos obligados a dejarlo en ludotecas, a apelar a algún vecino e incluso a llevármelo de vez en cuando a la oficina». No es extraño que el pequeño se lo esté pasando cañón este verano. Desde que acabó el curso, Zamar ha puesto a su hijo en manos del campamento urbano: «Y se lo tiene que estar pasando muy bien porque cuando vuelve solo quiere comer y dormir».

A Juan Carlos le gustaría encontrar alguna alternativa para que el chaval pudiera estar mejor atendido las tardes que su madre tiene que trabajar. No conoce las que el Concello de Ames tiene en marcha y, de hecho, este verano se enteró de casualidad de los campamentos de verano en los que finalmente inscribió a su chaval: «Quizás deberían hacer un poco más de publicidad de estos servicios, porque son muy importantes y, la verdad, nosotros casi ni nos enteramos». De lo que sí conoce este agente de seguros es de las penurias de otros compañeros que trabajan en Santiago y que se encuentran con el mismo problema que él: «Se vuelven locos -explica-, porque no saben qué hacer y al final les pasa lo que nos ocurrió a nosotros el año pasado».

Juan Carlos asegura no haber utilizado los servicios municipales de conciliación en otras épocas del año. Durante el curso, su hijo se pasa la mayor parte del día en el colegio: «Lo dejamos a las nueve de la mañana y lo recogemos a las ocho de la tarde, porque hay un programa con cuidadoras que están con ellos las últimas dos horas».

-Mucho tiempo en el cole, ¿no?

-¿Y qué vamos a hacer? ¿Dejar de trabajar?

Este verano, al menos, tienen la cobertura asegurada hasta las dos de la tarde. El pequeño Zamar va a quedar bien servido de actividades, aunque seguro que se lo pasa mejor que en la oficina de su padre.

LVG

INICIATIVA DEL INSTITUTO DE LA MUJER. 
Un programa facilita las vacaciones a madres con hijos a su cargo
Las beneficiadas disfrutarán de 7 días en un hotel de la costa.


EXTREMAADURA 09/07/2008 EL PERIODICO
Un programa social de la Junta de Extremadura posibilitará que entre 77 y 125 madres que cuidan en exclusiva de sus hijos puedan disfrutar con ellos de siete días de vacaciones en un hotel de la costa española, con régimen de pensión completa. El Diario Oficial de Extremadura (DOE) publicó ayer la orden que recoge esta convocatoria de ayudas destinada a mujeres que tienen especiales dificultades sociales o económicas. El plazo de presentación de solicitudes finaliza el próximo 18 de julio. 

El Instituto de la Mujer es promotor de esta convocatoria que ofrecerá un mínimo de 77 plazas y un máximo de 125, cuya asignación se hará en función de las disponibilidades presupuestarias. Las ayudas van destinadas a mujeres con menores a su cargo con especiales dificultades económicas o sociales. Entre ellas, la Junta menciona a víctimas de la violencia machista, inmigrantes, mujeres que han cumplido condena por algún delito o mujeres en proceso de rehabilitación por drogodependencia. Las beneficiadas también podrán participar otras actividades de habilidades sociales. ePEx


Tags: concilia, plan, conciliación, laboral, familia, verano, campamentos

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