Educate Street

 Los chicos del Portal C  11-15 a.

    

martes, 05 de agosto de 2008

Publicado por Seina @ 8:00


Los Jonas Brothers son la banda de rock con el público más joven de la historia
Miles de preadolescentes de todo el mundo viven obsesionados con estos tres hermanos de educación puritana lanzados por la poderosa Disney
·  Son los grandes ídolos de los `tweens´, un macromercado de niños de entre seis y 15 años que mueve millones de euros. También en España.


01:28 Joe, Nick y Kevin son los  Jonas Brothers

Fernando Goitia 03 AGOSTO 2008 XLSemanal

Si uno cierra los ojos y escucha los gritos, se imagina en una película de terror en medio de Manhattan. Al abrirlos, sin embargo, se descubre un cuadro bien diferente. Joe, Nick y Kevin son los Jonas Brothers, tres hermanos que, allá por donde pasan, dejan una estela de histerismo preadolescente. Hoy presentan su primera película, Camp Rock [un telefilme de Disney Channel, en realidad], en el Ziegfeld Theater, en la calle 54, en cuya puerta cientos de niñas de entre nueve y 15 años testan la resistencia de la fachada acristalada del vecino Hilton con sus agudos gritos infantiles. Los Jonas no se alteran, sonríen, se acercan a las fans, posan de buen grado, dejan su firma sobre todo tipo de superficies y atienden a la masa de periodistas que flanquea el acceso al teatro.

A su edad –Kevin tiene 20; Joe, 18, y Nick, 15–, se comportan como si llevaran media vida en la cumbre. Aprenden rápido. En apenas un año se han convertido en un fenómeno mundial. Son los últimos beneficiarios de la poderosa maquinaria Disney y su fórmula infalible de creación de mitos en la senda de Hilary Duff, High School Musical o Hannah Montana. Para hacerse una idea de la dimensión del fenómeno, días después de la premier en Nueva York, más de 21 millones de personas vieron en EE.UU. el estreno televisivo de Camp Rock [en España será el 20 de septiembre en Disney Channel].

Si tiene usted más de 16 años, es posible que todo esto le suene a chino, pero seguro que sus hijos, sobrinos o primos preadolescentes tienen una visión bien diferente. Emily y Caroline, por ejemplo, miran a los tres hermanos con los ojos como platos. Estas amigas, de 11 y 12 años, viven al otro lado del Hudson, en Nueva Jersey. Son las cuatro y media de la tarde y llevan desde las seis de la mañana apostadas ante el Ziegfeld, esperando a los Jonas. No tienen invitación, no entrarán al cine, pero las diez horas de espera merecen la pena tras conseguir el autógrafo de sus ídolos. No es su primer trofeo. Muestran, orgullosas, una fotografía rubricada en la que aparecen con una sonrisa rompepómulos junto a sus ídolos. «Fue hace un año, tras un concierto –cuenta Emily, emocionada por el recuerdo–. Casi me desmayo.»

La historia de los Jonas Brothers guarda paralelismos con previos astros del pop juvenil, como los Jackson 5 o Hanson, pero nunca una banda de pop-rock había conquistado tantas admiradoras de tan corta edad. Con siete años, o menos, su hija puede estar completamente enamorada de Nick, Joe o Kevin. No en vano estos tres adolescentes de mirada inocente son la nueva punta de lanza del fenómeno tween, ese segmento del mercado dirigido a niños entre los seis y los 15 años que mueve 120.000 millones de euros anuales sólo en EE.UU. y en el cual la todopoderosa Disney es casi un monopolio, con emisoras de radio, canales de televisión, sellos discográficos, videojuegos, cine… «Hemos sido muy afortunados –asegura Gary Marsh, presidente de entretenimiento de Disney Channel Worldwide, sobre el descubrimiento de los Jonas–. Tenemos muchos medios a nuestro alcance para lanzar un grupo como éste. Además, encajan perfectamente dentro de la filosofía Disney.»

La filosofía de la que habla Marsh se basa en crear productos con los que los padres se sientan tranquilos mientras dejan a sus hijos ante la televisión e, incluso, que puedan sentarse juntos ante el aparato. «Hacemos películas sobre lo que defendemos: cree en ti mismo, persigue tus sueños, celebra tu familia –afirma el ejecutivo–. Camp Rock habla de todas esas cosas. Más que ninguna otra película que hayamos hecho antes.»

En Camp Rock aparecen chicos de distintas razas y clases sociales, todos muy trabajadores, multifacéticos y tolerantes; aquí, los buenos son muy buenos y los malos, muy malos, aunque, eso sí, se redimen al final. Los fines educativos de Disney incluyen varias escenas en las que los Jonas conversan en el interior de su limusina, llevando siempre puesto el cinturón de seguridad, aunque el vehículo esté estacionado. La cinta, una peculiar versión de Cenicienta, termina con los dos protagonistas al borde de un beso que nunca llegará. «Ella tiene 15 años y se acaban de conocer –explica Marsh–. Puede que el público quiera que se besen, pero no lo creemos adecuado.»

Los Jonas no sólo encajan en este esquema puritano, de hecho sus perfectos adalides. Hijos de un pastor evangélico, los tres hermanos llevan en el dedo anular derecho anillos de pureza, que comprometen al portador a permanecer virgen hasta el matrimonio. «La gente nos dice: `¿De verdad? No, ¡es imposible!´ –comenta Joe Jonas–. Fue una sugerencia de papá y mamá, y dijimos: `Sí, claro, ¡es genial!´» Los chicos se llevan de maravilla entre sí y ni siquiera se interrumpen cuando conceden entrevistas juntos. «Los ayuda haber tenido que pelear antes de ser famosos –suele comentar el mister Jonas–. En sus comienzos, ellos mismos cargaban con sus equipos e instrumentos. Cuando has actuado ante diez personas en un local, no sabe usted cómo se agradece ver a tus pies una sala llena hasta los topes. ¿A quién no le gustaría ser parte de la mayor empresa de entretenimiento del planeta? ¡Estamos en todas partes!»

Papá Jonas conoce mejor que nadie la trayectoria de sus hijos. Siempre está a su lado. Cuando se van de gira, toda la familia –con papá, mamá y Frankie, «the bonus Jonas», el menor, de siete años– viaja en un autobús privado y la señora Jonas se encarga del catering disponible en los camerinos. «Sus albóndigas son insuperables», comenta Kevin. El resultado son tres chicos que aparentan una madurez insólita para su edad y que destinan el diez por ciento de sus beneficios a la lucha contra la diabetes, enfermedad que padece Nick. «Hemos crecido con la idea de que, aunque estés en la cumbre, debes actuar como si estuvieras abajo –afirma Kevin–. Crecemos y aprendemos juntos; es importante seguir siendo quienes somos y cuidar de nuestra familia.»

Como se ve, Disney ha encontrado, una vez más, el producto perfecto para esa fábrica de sueños que el tío Walt fundó en 1923, convertida hoy en una gigante multinacional que en 2007 ingresó más de 35.500 millones de dólares. Ahora, gracias a la nueva comunidad tween, la casa de Mickey Mouse será de las pocas compañías que este año puedan decir aquello de: «¿Crisis, qué crisis?». Los tweens, además de numerosos –más de 29 millones en EE.UU.; cerca de cuatro millones en España– tienen una capacidad de consumo jamás vista antes en su franja de edad. Sólo los adolescentes y preadolescentes norteamericanos gastan al año cerca de 80.000 millones de dólares, por otros 110.000 de sus padres, que muchas veces comparten gustos con sus hijos.

«Todo esto llegará pronto a Europa, ¡ya verá! –asegura Gary Marsh–. En cuanto la gente escuche su música va a ser impresionante. Hace un año eran una banda con un gran sonido, un producto atractivo, pero no habían arrasado. Ahora son una supernova.» Las cifras lo certifican; en 2007, los tres hermanos ingresaron más de 12 millones de dólares, incluyendo su nombre en el puesto 89 de la lista de los mejor pagados del negocio musical de la revista Forbes.

Hace dos años, sin embargo, la banda estuvo a punto de dar con su carrera en el cajón de los saldos. Surgidos a partir del prodigio musical de Nick –desde los siete años actuaba en musicales de Broadway como Los miserables y a los 12 firmó un contrato discográfico como cantante de pop cristiano–, los Jonas escucharon, por sugerencia de un alto ejecutivo de Columbia, a bandas como Ramones o a Elvis Costello antes de grabar su primer disco, It’s about time. Aunque apenas vendieron 65.000 copias, tuvieron suerte. Rich Ross, presidente de Disney Channels Worldwide, los vio actuar en Dallas, en octubre de 2006 –«No conseguía hablar de otra cosa», rememora Ross– y dos meses después ya eran parte de Hollywood Records, el sello de Disney.

El disco Jonas Brothers se publicó hace un año y reventó la barrera del millón en sólo cuatro meses, gracias a una intensa campaña que sigue activa. En primavera un reality seguía a los tres hermanos dentro y fuera de los escenarios. Este otoño Disney emitirá una serie, J.O.N.A.S., donde interpretan a tres estrellas del rock que actúan como agentes secretos. «Con los Jonas, el límite es el cielo –sostiene Alan Sacks, productor de Camp Rock–. Todo este fenómeno, las niñas enloquecidas llenando las calles, me recuerda a los 60, cuando se estrenó A hard day’s night. ¡Estoy alucinando!» El propio Kevin acepta que esto no es normal. «Nos pellizcamos todos los días», confiesa. Una situación que podría alcanzar mayores dimensiones el 12 de agosto, cuando sale el nuevo CD de la banda, A little bit longer, aprovechando el éxito de Camp Rock.

En el interior del Ziegfeld no hay butacas libres. Cada vez que alguno de los hermanos aparece en pantalla, al empezar una canción, al finalizarla..., el histerismo púber se apodera de la sala. Acaba la proyección y en la calle no se ha movido una sola fan. Gritan ante la presencia de los Jonas, pero también al ver a los otros protagonistas de la cinta y, sobre todo, en cuanto descubren que una cámara de televisión las está enfocando. Para llegar al local frente al teatro, donde se celebra la fiesta posterior, los de seguridad se emplean a fondo. Los pases de prensa y las invitaciones para el sarao se cotizan alto entre las admiradoras. «Daría un millón de dólares por entrar ahí», dice Sarah, de 11 años, aunque no esté entre sus posibilidades económicas concretar la oferta. «¡Por favor, déjame entrar contigo!», insiste su amiga Christine, de diez, pero el control a la entrada del local es tan estricto como en una cumbre del G-8. «Cuando salgas, entonces, regálame el pase», se conforma. Un recuerdo, un objeto, es un tesoro, la felicidad absoluta. No dudan en reconocerlo. «Me gustan desde hace dos años –confiesa Sarah–, pero empecé a obsesionarme con ellos cuando los vi en persona hace unos meses. Estoy enamorada de los tres, aunque mi favorito es Nick.» Es más, si pudiera decirle algo, sin dudar un segundo, afirma: «Nick, ¡cásate conmigo!».

DISNEY, A TODO TREN

Disney, a todo tren Camp Rock sigue la estela de los dos últimos bombazos para preadolescentes fabricados por Disney.

High School Musical.
Esta actualización de Romeo y Julieta es la saga más exitosa de la historia de Disney Channel. Cuenta con dos secuelas para el canal, una adaptación teatral y otra cinematográfica.

Hannah Montana.
Con 54 millones de espectadores, su estreno, en 2006, batió todos los récords de la tele por cable. Es la serie favorita de los preadolescentes y la gira de su protagonista, Miley Cyrus –tuvo a los Jonas de teloneros–, recaudó 36 millones de dólares.    
 

XLSemanal #1084.- Del 3 al 9 de agosto de 2008

 

http://www.jonas-brothers.es/


Tags: música, rock, Jonas, Brothers, Disney, twenn, fenómeno

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