Con la vuelta al ‘cole’, regresan también las clases de música o de deporte
Las actividades extraescolares ayudan a los niños a mantenerse
más activos, y a relacionarse con otros niños
· Resulta
una buena opción para que los padres concilien los horarios para
el trabajo y para la familia
 EL PELIGRO.
Niños hiperocupados en un activismo extraescolar agobiante
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Por la OCU 18 SEP 2008 (HOLA)
Empieza de nuevo el curso y los niños están más
llenos de energía que nunca. Las actividades extraescolares
tienen muchos efectos positivos, y no solo para nuestros hijos. Les
hacen aprender a relacionarse en nuevos entornos, aprenden a ser
más extrovertidos, más creativos y desarrollan su
imaginación y su forma física. Además, es una
manera estupenda de que quemen energía y se mantengan más
activos y felices. Pero además, las actividades extraescolares
son un buen refugio para todos los padres trabajadores que no consiguen
la tan ansiada conciliación entre el trabajo y la familia.
Elegir una de estas actividades debe de tomarse en serio, porque de
ello dependerá la disposición del niño a lanzarse
a experiencias nuevas. Sin embargo, hay tantas opciones que en muchas
ocasiones los padres pueden tener dudas.
La música y el deporte, las más comunes
Padres e hijos suelen decantarse por actividades artísticas o
deportivas. Si bien se pueden cursar en centros reconocidos donde se
podrá desarrollar una carrera profesional más adelante,
lo más interesante es que el niño disfrute con lo que
hace, aprenda y se divierta. Por ello, hay escuelas de música y
danza (que suelen depender del ayuntamiento en colaboración con
la comunidad autónoma y academias; o bien clubes
específicos deportivos. Dentro de los deportes, los preferidos
suelen ser el fútbol, el baloncesto, el judo y la
natación.
La federación, una decisión ventajosa para las actividades deportivas
En principio, para realizar actividades deportivas, no es necesario
estar federado. Sin embargo, sí hay que pertenecer a una
federación deportiva y obtenerla licencia en determinados
deportes, como las artes marciales, y siempre que se desee participar
en competiciones oficiales.
Cuando un deportista se inscribe en una federación está
obligado a abonar una cuota, que reporta varias ventajas. En primer
lugar, uno de los aspectos más importantes, federarse garantiza
que los profesores cuentan con una titulación expedida y avalada
por organismos públicos, como el Consejo Superior de Deportes,
lo que indica que el niño va a aprender bien y en buenas manos
el deporte que escoja.
Por otro lado, el niño cuenta con la posibilidad de participar
en competiciones y con el reconocimiento oficial de las
categorías que haya ido superando. Con esto, se
fomentarán las ilusiones del niño y aumentará su
autoexigencia.
Un buen seguir deportivo es un aspecto muy importante en caso de que el
niño se lesione. Perteneciendo a una Federación,
dispondrá de un seguro deportivo, cuya cobertura incluye
básicamente la asistencia sanitaria, farmacéutica y de
rehabilitación para afrontar los riesgos, independientemente del
derecho a la asistencia por parte de la Seguridad Social.
Además, los seguros de algunas federaciones, como la de
kárate, ofrecen coberturas muy interesantes.
Si nuestro niño se aficiona mucho al deporte y destaca en
él, podrá acceder a posibles prestaciones no
competitivas, como cursos o becas.
¿Qué pasa si se producen daños?
No es extraño que los niños se vean envueltos en
percances, unas veces como víctimas y otras como causantes. En
este último supuesto, la ley es clara: son los adultos que los
tienen a su cargo quienes deben responder de ello. Los padres son
responsables de los daños causados por los hijos que
estén bajo su guarda, pero ¿y cuando los niños
están desempeñando una actividad, sin estar sus padres
delante?
Legalmente, las personas o titulares de un centro de enseñanza
deben responder de los daños o prejuicios que causen sus alumnos
menores de edad durante el tiempo que estén bajo el control del
profesorado del centro.
Así, si los daños se producen en el propio colegio, la
responsabilidad recae en el centro si no ha adoptado las medidas
necesarias para que se produzca. A su vez, se podría exigir a
los profesores responsabilidad sobre los daños.
Lo mismo ocurre si la organizadora de la actividad es cualquier
empresa, y no necesariamente el colegio, pero en cualquier caso, los
adultos responsables quedarán exonerados si se demuestra que
obraron con diligencia para prevenir el daño.
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