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jueves, 09 de octubre de 2008

Tardes para jugar y aprender
Hay que dejar a los niños tiempo para estar en familia, estudiar, divertirse o no hacer nada
 
"Es negativo cargarlos en exceso en su tiempo libre", según experto de la UMU
· Un día o dos a la semana de aprendizajes extras
Club de ajedrez, una alternativa
Patinaje artístico, inglés, gimnasia rítmica, violín, artes marciales, teatro, ajedrez, informática... Muchos padres se ven abrumados estos días por las dudas. Es el momento de elegir las actividades extraescolares que sus hijos realizarán a lo largo del curso, y algunos no saben cómo acertar. Los niños ¿deberían dedicar el tiempo a actividades que se les dan bien, o aquéllas para las que sean más torpes? ¿A cuántas clases es conveniente matricularles? ¿Es mejor que sigan en el colegio o que salgan fuera? ¿Qué materia es más adecuada para un niño tímido? ¿Y para uno muy nervioso?

Tres expertos responden a estas y otras preguntas. Para Antonia Fernández Cruz, maestra, psicóloga y orientadora de la Delegación de Educación de Granada, las actividades extraescolares deben ser lúdicas y formativas a la vez, y el papel de los padres es ayudar a los niños a elegirlas. Lucas Gutiérrez, psicólogo del colegio Arco Iris de Motril y psicólogo clínico en el Centro de Psicología CEI, considera «una barbaridad» apuntar a niños muy pequeños a disciplinas «repetitivas» y «específicas» -como la práctica de un instrumento musical, el judo o el tenis- que van en contra de su desarrollo neurológico. Juan Torres, doctor en Educación Física y profesor de Didáctica de la Expresión Musical, Plástica y Corporal de la Universidad de Granada pone el acento en la importancia de la práctica deportiva para contrarrestar el sedentarismo de la jornada escolar.

¿LÚDICO O ACADÉMICO?

Jugar también es aprender

Juan Torres recuerda que las actividades lúdicas y las formativas «no son incompatibles». Lo que nunca deben ser las clases vespertinas es una ocupación «reglada, basada en un aprendizaje memorístico o cognitivo». El profesor considera clave que algunas de estas actividades impliquen ejercicio físico. «Unos niños que están sentados durante cinco, seis o más horas al día necesitan movimiento. Si las actividades extraescolares que les proporcionamos son sedentarias, incrementamos los problemas de sobrepeso, obesidad, falta de coordinación...», destaca.

«El conocimiento se asienta en las emociones y en el disfrute -recuerda la maestra Antonia Fernández-. Hace 30 años los niños nos formábamos por las tardes jugando en la calle. Los juegos tradicionales de entonces -la rayuela, el trompo, la lima, el elástico, el quema o la comba- se podrían considerar hoy talleres de psicomotricidad, ritmo, puntería, música...».

Para Lucas Gutiérrez, las actividades extraescolares «deben tener un sentido más bien lúdico, social, de desahogo, sin muchas normas impuestas, después de tantas horas de estudio». A su juicio, la única excepción podrían ser los niños procedentes de familias «muy laxas, sin normas», que tienen dificultades para relacionarse, cooperar o desprenderse de objetos. A ellos les pueden convenir actividades con cierta disciplina.

¿APOYO O DIVERSIÓN?

A todos nos gusta lo que hacemos bien

Los expertos coinciden en que, si el alumno necesita clases de apoyo o refuerzo en alguna asignatura, debe recibirlas, pero éstas no deben ser sus únicas actividades fuera del horario lectivo. «Los niños tienen que tener experiencias de éxito y de disfrute con lo que aprenden -recalca la orientadora-. Si siempre les estamos dando más de lo que a ellos les resulta dificultoso, se agobian».

Fernández recuerda, citando al psicólogo estadounidense Howard Gardner, que las personas tenemos una «inteligencia múltiple». Aunque el sistema educativo sólo potencia la lingüística y la lógico-matemática, existen además la inteligencia musical, la corporal, la espacial, la interpersonal, la intrapersonal y la naturalista. «Hay que potenciar aquello para lo que el niño vale, que generalmente coincide con lo que le gusta», concluye la especialista.

¿CUÁNDO COMENZAR?

Hay que respetar el crecimiento

La maestra apunta que la incorporación al sistema educativo ya es un «reto grande» para los niños de 3 años, especialmente si nunca habían asistido a un centro infantil y han de acomodarse a un nuevo horario y madrugar, «en vez de escuchar su ritmo biológico». A su juicio, si el alumno comienza la jornada en el aula matinal y después almuerza en el comedor escolar, lo aconsejable sería que durmiera la siesta y merendara en casa.

No obstante, la edad de comienzo de estas actividades depende de las necesidades y el carácter del pequeño, de la familia y su ritmo de vida, del entorno social -no es lo mismo una gran ciudad que un pueblo- y del propio centro educativo. La maestra cree que el comienzo ideal sería a partir de los 4 ó 5 años, siempre que el niño manifieste un gusto especial por alguna actividad y ya no echara la siesta. Y el comienzo debería ser gradual: primero una hora a la semana y poco a poco ir aumentando.

Para el psicólogo, el error más frecuente no es tanto iniciar estas actividades demasiado pronto como hacerlo en disciplinas que van en contra del desarrollo del menor. «Es una barbaridad meter a los niños en actividades deportivas como tenis, judo, kárate, fútbol o gimnasia rítmica, o a tocar un instrumento, a los 4 años», asegura Gutiérrez. En su opinión, este tipo de actividades «superestructuradas», «específicas» y «repetitivas» son negativas «desde el punto de vista físico y psicológico». «El desarrollo psicomotor se cierra sobre los 12 años. Antes, el cerebro está en expansión y necesita actividades globales, abiertas, creativas..., no especificidades. Eso viene después», subraya.

Juan Torres coincide con este punto de vista. «Hasta el segundo ciclo de Primaria, el trabajo debe ser multilateral, para que los niños conozcan muchas cosas, se les abran muchas ventanas al mundo. A partir del tercer ciclo ya podrían hacer una elección más comprometida y acorde con sus gustos», señala el doctor en Educación Física.

¿CÓMO ELEGIR?

Paciencia y constancia

Los expertos coinciden en que, a la hora de elegir las actividades extraescolares, hay que tener en cuenta el carácter del niño, escuchar su opinión -sobre todo si ya es mayorcito- y dejarle probar, pero exigiéndole un poco de constancia.

Por ejemplo, a un niño tímido hay que animarle a emprender tareas en grupo en las que aprenda a expresarse y se relacione con los demás, como el teatro, el baile o los deportes de equipo. A un chaval nervioso o agresivo puede venirle bien alguna disciplina que exija concentración y autocontrol, como las artes marciales o el ajedrez. Un crío perezoso quizá necesite un empujón para apuntarse, pero le vendría bien alguna actividad solitaria que le obligue a hacerse responsable de su propio trabajo, como la práctica de un instrumento musical, el tenis o las artes plásticas.

Antonia Fernández asegura que los padres deben ayudar a sus hijos a elegir entre un «abanico» de posibilidades y darles un «empujoncito» si se ponen límites ante las novedades, pero al final respetar su elección. «Como es un terreno un poco más lúdico, el padre puede permitirse que el niño elija y se equivoque. Es un buen entrenamiento para enseñarles a tomar sus propias decisiones», asegura la maestra.

«En principio no es malo que los niños vayan cambiando. Tienen que decidir lo que les gusta por tanteo. Y eso no hay que vivirlo como un fracaso: normalmente, cuando el niño prueba varias cosas, al final descubre lo que le gusta y se estabiliza en una actividad», afirma Fernández. La especialista recuerda, no obstante, que hay que enseñar a los hijos que los conocimientos «hay que reposarlos». Si se apuntan en una actividad, deben mantenerse durante un tiempo mínimo; los padres a su vez se comprometen a permitirles cambiar de actividad si después de un tiempo sigue sin convencerles.

Lucas Gutiérrez encuentra a menudo a padres quejosos porque sus hijos son incapaces de mantenerse tres tardes en una misma clase. El problema, asegura, es que muchos progenitores no tienen en cuenta los gustos de los chavales -«No les conocen; no hablan con ellos»-, y algunos alumnos pecan de una inconstancia enfermiza. «Hay adolescentes que no son capaces de ver una película de principio a fin», afirma el psicólogo.

El zapeo a través de una oferta casi ilimitada de canales de televisión, juegos de ordenador y videoconsola ha formado una generación de chavales que no están habituados a empezar y acabar un proyecto: en cuanto su interés disminuye ligeramente, cambian de canal. Esa actitud, lamenta el terapeuta, fomenta la hiperactividad, la falta de autocontrol y la indisciplina.

¿DENTRO O FUERA?

El inicio y la especialización

Para Antonia Fernández y Juan Torres, lo deseable es que las actividades extraescolares se desarrollen en el propio centro escolar, porque así es más fácil percibir esa formación como un complemento de las clases de la mañana.

El profesor Torres recuerda que una reciente investigación ha concluido que los monitores que actualmente imparten las actividades extraescolares en los colegios de Andalucía son la «generación más formada de la historia».

Por su parte, Fernández recuerda que las actividades que ofrecen los colegios -generalmente a través de empresas especializadas- suelen ser de iniciación. Por lo tanto, si un niño repite varios años una materia que le gusta, lo natural es que al final busque centros más especializados: el conservatorio en solfeo, instrumentos o danza, los polideportivos o las federaciones deportivas, las academias o escuelas de idiomas...

En ese sentido, el psicólogo asegura que muchos padres no contemplan estas actividades como algo lúdico, sino como parte del currículo del chaval -como ya hacen algunas universidades norteamericanas- y, en consecuencia, las buscan fuera del centro educativo para conseguir títulos o diplomas.

Otro motivo para escoger clases fuera del colegio puede ser de carácter social: los alumnos que no tienen muchos amigos en su aula pueden verse inclinados a crear nuevos lazos sociales fuera.

¿CUÁL ES EL LÍMITE?

Miniprofesionales estresados

Mucho no siempre es mejor. «Algunos padres dicen: 'Mi niño puede elegir cualquier actividad menos el inglés o el conservatorio; eso es innegociable' -asegura Antonia Fernández-. Creo que es un error. Los niños tienen mucho tiempo por delante para aprender lo que tengan que aprender profesionalmente. Ellos están cumpliendo con su trabajo escolar por la mañana; lo de la tarde es un complemento, y así tenemos que plantearlo».

Los especialistas lamentan que hay progenitores que «profesionalizan» a sus hijos, con el anhelo de convertirlos en 'niños prodigio'. «No creo que un niño a los 7 años haya decidido que su futuro es el violín», apunta Antonia Fernández. «Una niña no es más feliz por ser campeona de gimnasia rítmica a los 14 años, después de haber estado presionada desde los 4», apostilla el psicólogo, que ve habitualmente en su consulta a niños física y psíquicamente exhaustos. Para Juan Torres, demasiados padres depositan en sus hijos no sólo sus deseos y esperanzas, sino también sus frustraciones.

Muchos críos no renuncian a determinadas clases vespertinas, pese a estar agotados, porque no quieren defraudar las altas expectativas de sus padres. «A veces el ritmo de las actividades extraescolares compromete el éxito escolar -advierte la maestra-. Hay niños que cuando llegan de esas actividades tienen el tiempo justo de darse una ducha, cenar y acostarse. Están demasiado cansados para hacer los deberes». IDEAL


Un día o dos a la semana

Un profesor de Psicología de la UMU recomienda que los niños hagan actividades extraescolares

 MURCIA, 8 Oct. (EUROPA PRESS) -
   El psicólogo Ángel R. Calvo, profesor de Psicología Evolutiva de la Educación de la Facultad de Educación de la Universidad de Murcia (UMU) y vocal de Psicología Educativa del Colegio Oficial de Psicólogos de Murcia, recomienda que los pequeños realicen actividades extraescolares que les motiven un día o dos a la semana.

   No obstante, puso de manifiesto, en un comunicado, que "es negativo cargarlos en exceso en su tiempo libre porque puede producir en los pequeños fatiga y estrés, además de restarles tiempo para relacionarse con los padres, los hermanos y los amigos".

   Y es que, a su juicio, "es bueno estimular a los escolares con actividades extraescolares pero no cargarlos en exceso, ya que el pequeño se ve obligado a mantener la atención durante las clases que recibe en el colegio por la mañana y también en las actividades extraescolares de la tarde y se fatiga".

   "Además, cuando finalizan las actividades extraescolares debe hacer los deberes en casa, restando tiempo a las relaciones familiares y a los amigos", enfatizó.

   En esta misma línea, Calvo indicó que cargar el horario de los pequeños de actividades extraescolares "es contraproducente para los padres, porque se convierten en taxistas de los pequeños, con el estrés que genera el tráfico, la búsqueda de aparcamiento y los horarios ajustados".

   Por todo ello, abogó por "favorecer momentos en el día en el que los padres se dediquen exclusivamente a hablar o jugar con sus hijos"; y que él denomina 'Tiempo especial de juego'.

   Consisten en periodos de tiempo diarios en los que los padres juegan con el pequeño con las reglas que el niño pone y hablan de lo que al pequeño le apetece.

   Esta propuesta la recomienda para los niños que tienen una agenda saturada de actividades y para aquellos que deben permanecer tiempo solos en casa. Así, afirmó que es una técnica que "mejora la comunicación entre padres e hijos y ayuda a resolver problemas como los celos entre hermanos y las peleas". EP

Las mejores actividades extraescolares

Xaro Sánchez - 16/09/2008 LA VANGUARDIA
La mejor actividad extraescolar es no hacer ninguna actividad extraescolar, sino "vivir lo que queda del día". Estar con los padres recibiendo afecto, seguridad y aprendiendo del mundo es la mejor actividad extraescolar. Los niños disfrutan con ello, y no porque sí: adquirir saber de los progenitores con una buena dosis de cariño es "cerebralmente" muy beneficioso: mientras está uniendo para siempre a hijos y padres, favorece la resistencia a algunos estados psicológicos anormales y moldea la socialización. Pero para ello es fundamental que los padres también disfruten de esos momentos. Si no, mejor llevarlos a hacer alguna actividad (una alternativa es hacer lo extraescolar juntos, padres e hijos). Si se decide finalmente que un niño pequeño debe adquirir unas habilidades específicas, nunca debe ser a costa de prescindir de la compañía óptima de los padres, y evidentemente han de contar con sus preferencias y su manera de ser. Por ejemplo, participar poco a poco en un club deportivo o social puede ser bueno para un niño tímido, pero, como introvertido que es, también es importante propiciarle que disfrute de ratos para estar solo. ...

ENRIQUE SARACHO PSIQUIATRA Y PSICODRAMATISTA

«Es muy sano que los niños se aburran, que pierdan el tiempo»

El especialista vitoriano cree que los pequeños están hoy «sobrecargados», lo que fomenta el estrés infantil

24.09.08 -MARÍA ZABALETA| VITORIA (EL CORREO)

-Con la vuelta al 'cole', las actividades extraescolares de los niños se multiplican. ¿Hasta qué punto son beneficiosas para el pequeño?

-Los niños están sobrecargados. Por un lado, los padres queremos que nuestros hijos hagan lo que nosotros no pudimos hacer y, por otro, vivimos en una sociedad muy competitiva, en la que el rendimiento se mide en éxitos. No basta con que el niño haga deporte para que se entretenga o se divierta. Tiene que destacar. Los pequeños captan enseguida esas expectativas que depositamos en ellos y las asumen como obligaciones. Y eso no es bueno. Es muy sano que los niños se aburran, que pierdan el tiempo porque, cuando eso ocurre, juegan, se entretienen, crean, se inventan cosas.

Criterio de realidad

-Pero también es bueno que jueguen al fútbol o que aprendan inglés.

-Sí, pero hay que fijar unos tiempos y reservar momentos vacíos de actividad. Los niños no tienen un criterio de realidad. Creen que lo pueden hacer todo, por eso es el adulto el que tiene que marcar ese criterio y darle la posibilidad de elegir.

-Consensuar y no imponer. ¿Ahí está la clave?

-Sí. Y hacerlo en función de las propias motivaciones del pequeño. Nosotros le podemos plantear un abanico de posibilidades, pero no darle las decisiones terminadas.

-¿Hasta qué punto el problema de sobrecargar a los hijos puede deberse a que los padres no tienen tiempo suficiente para estar con ellos?

-La logística de una familia es hoy muy complicada. Tanto que casi hay que hacer encaje de bolillos para organizar la semana. Muchos padres llegan a creer que no atienden bien a sus hijos porque no disponen de tiempo. Pero no es una cuestión de cantidad, sino de calidad. Cuando un niño necesita atención, la reclama y es entonces cuando debe disponer de alguien que le ayude a comprender su tensión o a manejar su angustia. Pero no hace falta estar permanentemente con ellos para hacer un seguimiento o para saber por dónde va tu hijo y lo que le está pasando. EC


El peligro de las actividades extraescolares

Sobrecarga infantil ante la falta de conciliación familiar y laboral

Los niños se sienten solos al llegar a casa. Para evitar esta situación, los padres se ven obligados a sobrecargar a sus hijos con actividades extraescolares, que en teoría no deben superar las cuatro horas semanales.

Marisa Díaz 25/9/2008 (gentedigital.es)

El 27% de los niños de España se sienten solos al llegar a casa tras la jornada el escolar. Para pasar el rato recurren al televisor o al ordenador, según la Encuesta de Infancia en España 2008 presentada hace días en Madrid.

Está claro que la conciliación familiar y laboral de los progenitores todavía no funciona, y es así como las actividades extraescolares se convierten en una obligación tanto para padres como para hijos. Unos y otros pasan menos tiempo juntos -aunque estas actividades no deben superar las tres o cuatro ahoras semanales- con el único objetivo de evitar la soledad de los más pequeños, llegando para ello a plantearles jornadas imposibles de cumplir.

ALGUNOS CASOS

Salimos a la calle y nos encontramos con Laura. Tiene siete años y una apretada agenda semanal. Después del colegio sus compromisos pasan por clases de inglés, danza y natación."No son tantas actividades. Me gustaría ir también a patinaje", opina. "Aunque cuando llego a casa nunca me da a tiempo a ver la tele. Se hace de noche y tengo que hacer los deberes".

Su padre, Gustavo, nos explica que tanto ella como su hermana son de las primeras en llegar a la escuela cada mañana, por su horario de trabajo. "Es que si no tendríamos que buscar a alguien para cuidarlas, y es mejor que hagan cualquier actividad que les sirva para algo que estar con los abuelos o con una niñera sin hacer nada", sostiene.

"LOS NIÑOS NECESITAN TIEMPO LIBRE"

Petra María Pérez, catedrática de antropología de la Universidad de Valencia, explica que "llega un momento que es demasiada la carga que tienen, porque los niños necesitan tiempo libre para sentirse a gusto consigo mismos y con los demás. No hay que olvidar que las actividades están dirigidas por adultos y están vinculadas a procesos de aprendizaje".

Como consecuencia de la sobrecarga, pueden aparecer en el niño dolencias como estrés o ansiedad, y la infancia se acorta poco a poco al llevar una vida impropia de su edad. "Los niños se apropian de modelos antes de tiempo, y entonces podemos ver a niños que con 11 años se introducen en el botellón, visten como adultos, usan móvil....".

Seguimos buscando las agendas semanales de padres e hijos. Almudena va a gimnasia artística y a piano, dentro del propio centro escolar, al que llega cada día a las 9:15 y del que sale a las 17:00 horas. Ángela, su madre, cree que "es un error de los padres sobrecargar a los hijos, pero ese es el problema de la madre trabajadora, que al final los que sufren son los niños".

Isaac y Jorge, de doce y nueve años, también salen a las cinco de la escuela, donde juegan al fútbol, pero por la tarde todavía les aguardan unas cuantas horas en el conservatorio, "que es lo que más tiempo les ocupa", dice su madre, quien asegura que "no los llevo a actividades porque no pueda atenderlos, eso no tiene nada que ver".

¿CUÁLES SON LAS ACTIVIDADES MÁS ADECUADAS?

Lo que está claro es que la mayoría de las actividades extraescolares son positivas y favorecen el desarrollo del niño, siempre que se correspondan con las habilidades del pequeño y no le exijan lo mismo que las clases obligatorias. María Jesús Mardomingo es jefa de psicología y psiquiatría infantil del Gregorio Marañon: "las actividades deben ser en función de los gustos y los intereses de los niños. El deporte es lo mejor, por el simple hecho de que el niño juega y eso es algo maravilloso que casi se ha perdido. Antes los niños salían a la calle o a la plaza a jugar, de modo natural y espontáneo. Lo más importante es jugar, luego el deporte y, por otro lado, las clases de música o de idiomas para reforzar el aprendizaje escolar no están de más. Lo que no puede ser es todo a la vez", explica.

¿QUIÉNES ELIGEN?

En el parque de la plaza de Santa Ana (Madrid) nos encontramos con Daniel. Tiene sólo tres años, pero su padre Emilio ya piensa en su futuro. "A mi hijo le gusta jugar al fútbol, pero me gustaría que también practicase algún arte marcial. Le preguntaré qué quiere hacer, pero también estaré pendiente de sus habilidades y de que se lo pase bien. Mejor que haga algo interesante si no puede estar con nosotros".

En otro parque madrileño, en Tirso de Molina, charlamos con Malena. "Mi hija no hace nada todavía después del cole porque puedo atenderla y porque hasta ahora era pequeña. Ella me pide ir a ballet, así que supongo que buscaré algo relacionado con el baile porque parece que a ella le gusta" confiesa.

Otra madre, María, inmigrante colombiana, nos dice que piensa "poner" a su hija Angeline en alguna actividad, "gimnasia o danza. Ella lo pide por sus compañeros de clase". Angeline, por su parte, exclama: "¡después de clase sólo quiero bailar y jugar!".

¿CUÁNTO CUESTA?

"Y ya que apuntar a nuestros hijos a actividades es prácticamente una imposición, lo mínimo es que nos faciliten el acceso a las mismas, independientemente de nuestro nivel económico". Yolanda Españó, portavoz de la Federación catalana de padres y madres de alumnos, pide que "las administraciones supervisen que ningún niño se queda sin actividad extraescolar por una cuestión económica, como pasa habitualmente. Los padres tenemos presiones, porque nuestro horario laboral acaba más tarde y haces lo que sea, cualquier esfuerzo, porque es una necesidad".

En cuanto a las opciones más recomendables, mantiene que "el deporte es fundamental, pero lo más relevante es valorar que las actividades se adecúen al niño. No a todos les gusta el fútbol o la música, y además la actividad debe ser de ocio, no un suplicio después de una dura jornada escolar. Un niño tiene que jugar, no competir, no tiene que ser el mejor jugador de fútbol, porque para ello ya están los profesionales. Por eso pedimos a los padres que tengan el máximo cuidado".

Ahora sólo queda que los mayores se aprendan la lección.

GENTE d

Tags: ACEX, actividades, extraescolares, juego, familia, tiempo, libre

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