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jueves, 23 de octubre de 2008

Publicado por Seina @ 8:01


Es una comida fundamental para los niños
Por comodidad, muchas veces el bocadillo es desplazado por los snacks y la bollería industrial

La publicidad insiste en que son «sanos y naturales», sin embargo, conviene leer la letra pequeña
Uno de cada tres niños no toma verduras ni hortalizas a diario
Según estudio médico en Castilla La Mancha


Importante merendar bien.Linda Grilli- 12 OCT 2008- MADRID (Revista XLSemanal)

Comidas preparadas, bebidas gaseosas, bollería industrial, aperitivos salados… Todos los días acaban en el carrito de la compra y de ahí pasan a la mesa y a las mochilas de nuestros hijos: nos dejamos seducir por los envases y tranquilizar por los spots publicitarios que los describen como alimentos «naturales y sanos». Sin embargo, en la mayoría de los casos son productos que aportan muchas calorías, pero carecen de nutrientes fundamentales. La comunidad científica internacional lleva tiempo advirtiendo de la relación entre su consumo excesivo y la epidemia de sobrepeso. Aun así, en pocos años estos alimentos han reemplazado el consumo de frutas, cereales y otros productos básicos de la dieta mediterránea.

Así lo confirma un investigador de la FAO, Josef Schmidhuber, según el cual en los últimos 45 años los países del Mediterráneo han abandonado este tipo de alimentación, sustituyéndola por comidas «demasiado grasientas, saladas y dulces». En algunos de los países examinados, entre los que se encuentra España, además de Italia, Grecia, Portugal, Chipre y Malta, el consumo de calorías ha aumentado el 30 por ciento en los últimos 40 años, con el consiguiente incremento de personas obesas y con sobrepeso, sobre todo entre los jóvenes y los adolescentes.

Según la mayoría de los nutricionistas, la merienda es fundamental. Debería cubrir aproximadamente el 10 por ciento del aporte nutricional diario, frente al 25 por ciento del desayuno, el 35 por ciento de la comida y el 30 de la cena. Merendar es un hábito alimenticio especialmente importante para los niños y los adolescentes, en los que resulta decisivo para su desarrollo que la alimentación sea equilibrada y variada. Además, el aparato digestivo de los más pequeños está aún en pleno proceso de maduración y no está preparado para sufrir largas horas de ayuno.

En Francia, como consecuencia de un llamamiento del Ministerio de Sanidad ante el aumento de la obesidad infantil, algunos supermercados han decidido apartar los snacks del alcance de los niños. Y el Gobierno está estudiando implantar incluso un impuesto contra la obesidad para desmotivar el consumo de estos tentempiés y bebidas gaseosas. También de Estados Unidos llegan señales de un cambio en provecho de la salud: Arnold Schwarzenegger, gobernador de California, ha sancionado una ley que va a desterrar las grasas hidrogenadas de los restaurantes del Estado.

Que el fenómeno de los niños extralarge o alimentados de forma inadecuada es ya alarmante lo confirman las webs del Ministerio de Sanidad y del Instituto Superior de la Salud, donde el espacio dedicado a sobrepeso infantil (con consejos e informaciones) es cada vez más amplio.

La información correcta es un aspecto cardinal. Sin embargo, la publicidad consigue transformar una bolsa de patatas fritas ricas en grasas y sal en un aperitivo «que despierta el apetito»; y no cita, en lo que se refiere a las hamburguesas, «de carne bovina en un cien por cien, sin grasas añadidas», el queso y las salsas supercalóricas que las acompañan. 

Precisamente, en estos días, la autoridad europea sobre la seguridad alimentaria ha desautorizado los anuncios que se basan en los beneficios para la salud que teóricamente aportan ciertos alimentos infantiles: productos a base de leche que prevendrían las caries, snacks que harían crecer a los niños sanos y robustos, bollos con lactobacilos que reforzarían el sistema inmunológico… Todo son sólo farsas sin fundamento. De ocho tipologías de alimentos examinados, siete no guardan ninguna relación causa-efecto entre los ingredientes y las promesas anunciadas.

Pero todavía hay más, «la publicidad es un estímulo constante a comer», confirma Carlo Cannella, presidente del Instituto Nacional de Investigación para los Alimentos y la Nutrición (Isran). «La publicidad parece indicar que todas las ocasiones son buenas para comer: en el cine, delante de un videojuego, navegando por Internet. De este modo, la mente no sabe percibir las emociones que puede procurar la comida: los anuncios convierten a los chicos en máquinas trituradoras de alimentos, cuya única sensación es la percepción de la saciedad.» 

El problema no reside tan sólo en que la bollería engorda. «Estos alimentos –asegura Gabriela Buracchi, autora de Cuidado con las malas meriendas– contienen grasas hidrogenadas, conservantes, colorantes, aromatizantes y aditivos potencialmente dañinos. Hoy, la industria del sabor puede producir químicamente cualquier olor, sabor y color.» Este extremo es más cierto cuanto más refinado, tratado y transformado sea el producto que se consuma. En la mayoría de los casos, la bollería parte de materias primas comunes y para hacerla más apetitosa se le añaden productos químicos. «Un ejemplo es el aroma de fresa, hecho con 48 ingredientes químicos», afirma.

No es mejor el caso de los alimentos en los que el azúcar es reemplazado con edulcorantes: algunos estudios, realizados entre 2005 y 2007 por la Fundación Europea de Oncología y Ciencia Ambiental B. Ramazzini de Bolonia, han revelado el carácter cancerígeno del aspartamo, edulcorante que se emplea en bebidas light, chicles, chuches, caramelos y yogures.

También los investigadores ingleses de la Universidad de Southampton han planteado dudas sobre los efectos de dos mezclas de algunos colorantes con el conservante benzoato de sodio en la conducta infantil. El estudio, que señala la probable relación entre estas dos mezclas y la hiperactividad de los niños, suscitó el interés de la Food Standards Agency inglesa, que pidió una opinión a la Autoridad Europea para la Seguridad Alimenticia (EFSA). «Si nos atenemos a las conclusiones de ésta –explica, sin embargo, Antonio Malorni, director del Instituto de Ciencias Alimenticias del CNR–, las pruebas de que los colorantes influyen en la conducta infantil no son suficientes para disminuir la dosis permitida en los alimentos. Así pues, se mantienen los colorantes y también las dudas. Tendría que valer el principio de la precaución, según el cual habría que consumir productos sin colorantes.»

La única ayuda que les queda a los padres son las etiquetas, aunque también aquí hay dificultades. «A partir de 2009 habrá una nueva unidad de medida para las calorías, el joule –adelanta Margherita Caroli, asesora de la OMS para la nutrición pediátrica–. Han hecho falta décadas para que los consumidores se acostumbren a razonar en kilocalorías y ahora habrá que empezar de nuevo, con el riesgo de generar confusión en la lectura de las etiquetas.»

La legislación europea prevé que las informaciones nutricionales, o la cantidad de proteínas, grasas y azúcares presentes, no sean obligatorias en los envases de los alimentos a menos que hagan gala de específicas propiedades de salud. Es el caso de mensajes como «Alimento rico en calcio» o «Producto con vitaminas». «Lamentablemente, el lenguaje empleado –concluye Caroli– hace que a los padres les impresione más el anuncio publicitario que la etiqueta nutricional. Y si el anuncio dice `más leche y menos cacao´, podemos estar seguros de que ninguna madre se molestará en calcular la cantidad de calcio o leche que contiene realmente el producto; ya no digamos en transformar los joules en kilocalorías.» XLSemanal
 

Uno de cada tres niños no toma verduras ni hortalizas a diario

El 40% de los niños de Castilla y León ingiere chucherías seis veces a la semana.
Estos hábitos, junto a la poca práctica de actividades físicas, pueden causar diversas enfermedades al menor durante su infancia así como en la edad adulta
   
SORIA- 22 OCT 2008- Heraldo
Adquirir unos buenos hábitos alimenticios desde la infancia es sumamente importante para el correcto crecimiento de los niños, así como para su salud con el paso de los años. Comer de todo y en las cantidades adecuadas son factores primordiales que los niños deben aprender en sus hogares. Verduras, pescado, carnes, legumbres y frutas deben constituir diariamente la dieta de un niño en edad escolar. Por el contrario, se debe reducir el consumo de chucherías, chocolates, bollería y otros tipos de productos con un alto contenido graso.

La obesidad en los niños crece a grandes pasos en nuestra sociedad, produciendo problemas de crecimiento así como otras enfermedades. Para evitar esta dolencia, médicos y dietistas recomiendan, además de alimentarse con una dieta variada, la realización de algún deporte y otras actividades físicas. La obesidad infantil en Castilla y León está estrechamente ligada a las horas que pasan los niños viendo la televisión y a la falta de actividad física, según un estudio de la Red de Médicos Centinela.

Uno de cada tres niños de la comunidad no come verduras y hortalizas a diario, mientras que el 40% toma chucherías seis o más veces a la semana, con una frecuencia media de cuatro días, según se desprende del estudio sobre la obesidad infantil en menores de 15 años, elaborado por la Red de Médicos Centinela Sanitaria de Castilla y León. La investigación se ha realizado teniendo en cuenta el crecimiento de la enfermedad que, a juicio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), está alcanzado niveles epidémicos en todo el mundo y un elevado porcentaje de casos comienza en la infancia y la adolescencia. Además, la obesidad infantil se asocia a un mayor riesgo de desarrollar en la edad adulta obesidad y otras enfermedades como la diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.
El informe, realizado a lo largo de los dos últimos años, se efectuó a partir de 724 casos registrados por los médicos de atención primaria de la comunidad, de los que el 63%, 454 casos, fue de nuevo diagnóstico.

Las tasas de incidencia para todos los grupos de edad fueron de 0,8 menores con obesidad por cada 100 en el primer ejercicio y de 0,6, en el segundo. Por grupos de edad, las cifras más altas se registraron en el de entre 10 y 14 años, con 1,1 niños obesos por cada 100 en el año 2006, frente al 1,4 recogido en 2005. En el de entre cinco y nueve años fue algo más baja, con 0,8 casos (0,9 en 2005), y la menor cifra se dio en el grupo formado por los niños menores de cinco años, 0,2 casos por cada 100 en los dos años estudiados (2006 y 2007). No se detectan diferencias significativas en la distribución de los casos por sexo (56% en niños y 44% en niñas), aunque sí en las edades (el 57% de los casos se diagnosticaron entre los 10 y los 14 años).

Además, también se detectaron diferencias en los factores de riesgo estrechamente relacionados con un estilo de vida sedentario, reflejado en el tiempo medio que los niños de Castilla y León dedican a ver la televisión, jugar a videojuegos, así como otras actividades 'sedentarias', unas 2,4 horas diarias, frente a las 4,6 horas semanales que dedican a realizar actividades físicas fuera del colegio.

Malos hábitos


A estos riesgos se unen los malos hábitos alimenticios (relacionados con mayores probabilidades de sufrir obesidad), puestos de manifiesto en que el 63% de los niños de ambos sexos ve la televisión mientras come; el 50% no realiza regularmente las cinco comidas recomendadas.

A estos porcentajes se añade que el 60,5% de los niños en edad escolar no toma verduras y hortalizas a diario y sólo algo más de la mitad (el 58%) no toma dos raciones diarias de fruta. Si se analizan estas variables, se observa que el grupo de edad de cinco a nueve años es el que representa mayores porcentajes de hábitos incorrectos. Así, el 68% de los niños que se encuentran en esta franja de edad ve la televisión mientras come; el 28% no desayuna con regularidad; el 48% no realiza las cinco comidas de manera habitual; el 56% no toma un mínimo de dos piezas de fruta diarias y el 68,5%, también por encima de la media, no come verduras y hortalizas todos los días. En esta cohorte llama la atención las diferencias entre niños y niñas que no toman un mínimo de dos frutas a diario. El 63% por ciento de los niños posee este mal hábito alimenticio frente al 49% de las niñas. También es ligeramente superior el porcentaje de los varones que no comen verduras y hortalizas (71% y 66%, respectivamente).

Antecedentes familiares

El 53% de los menores de 15 años con obesidad infantil cuenta con antecedentes familiares y, en el 17% de los casos los padres eran obesos, según el citado estudio. Entre los casos que tienen hermanos, el 36% de los mismos también son obesos. Estas cifras corroboran la importancia de mantener unos correctos hábitos alimenticios dentro de la unidad familiar.

Por lo que respecta a los antecedentes personales que se relacionan con mayor riesgo de presentar obesidad infantil, se encuentran el bajo peso en el momento del nacimiento y la duración de la lactancia.

Así, de los casos aportados por la Red de Médicos Centinela, el peso medio en el momento del nacimiento era de 3,2 kilos y recibieron lactancia 520 menores, con una duración media de cinco meses.

En cuanto a la forma de detección, más de la mitad de los casos de obesidad infantil se detectó por medio del programa de reconocimiento del niño sano en todos los grupos de edad. En segundo lugar, en una consulta por otra patología y solamente en un 6% por síntomas relacionados con la obesidad. En más del 75% de los casos la obesidad tenía una causa exógena, externa, mientras que en un 7% eran endógenas. Un 10% se encontraba en fase de estudio en el momento de la elaboración del informe y en 48 casos no se consignó el tipo de obesidad. El 25% de los casos presentó alguna patología asociada, siendo la más frecuente los problemas psicosociales y osteomusculares. La integración de los profesionales en la Red de Médicos Centinela es voluntaria y su misión pasa por controlar la evolución de determinadas patologías que afectan a la población así como detectar hábitos que puedan derivar en campañas de prevención y promoción de la salud. Por ejemplo, hace unos años observaron que, de forma progresiva, las madres estaban dejando de amamantar a sus bebés, lo que propició la creación de programas de fomento de la lactancia materna, puesto que esta práctica se convierte en la primera vacuna para el niño y tiene efectos muy beneficiosos también para la madre.

Obesidad infantil

La obesidad infantil ha aumentado en la última década, y cada vez son más los niños que optan por tomar comida basura. Anuncios sobre aperitivos, chocolatinas, patatas fritas, hamburguesas, pizzas, y un amplio etcétera, bombardean continuamente a los más jóvenes. ¿Existe una salida a esta círculo vicioso? Los expertos afirman que sí la hay: la industria de alimentos sanos debe contar con la misma estrategia publicitaria que sus colegas, y la legislación debe modificarse para no permitir ciertos abusos.

Los anuncios de televisión en horario infantil están sobre todo enfocados en cuatro grandes pilares: los desayunos con cereales azucarados, las bebidas gaseosas, los dulces y los aperitivos salados. Además, la promoción de tiendas de cómida rápida, es posible que convierta a este grupo en el quinto elemento. Aunque no es fácil valorar el efecto de esta forma de publicidad, los anuncios afectan a las preferencias que los niños tienen sobre el tipo de comida que eligen, lo que compran o lo que les piden a sus padres. Además, la promoción de estas dietas no se basa en la salubridad de sus nutrientes sino en que son divertidas, fantasiosas o con sabores atrayentes.

Una de las técnicas publicitarias más frecuentes consiste en pagar a estrellas del deporte o de la música para anunciar comida basura, o en hacer 'regalos sanos', como balones de fútbol, a cambio de envoltorios de productos, como chocolatinas. HERALDO


Tags: alimentación, dietética, hábitos, merienda, bolleria, industrial, verduras

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