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 Los chicos del Portal C  11-15 a.

    

viernes, 16 de enero de 2009

Publicado por Seina @ 8:00


EN CARTEL
¿Se puede hacer una película sobre la amistad y la familia inspirada en Rambo?
 
Pues aunque nos duelan las piernas hasta no sentirlas de reconocerlo, resulta que sí.
«El hijo de Rambow» introduce en esta ecuación al héroe cinematográfico en un desafío a la muerte del cine a manos del vídeo.

La película británica posiblemente sea el primer caso de cine infantil dentro del cine.
Narra la audaz experiencia cinematográfica de dos niños, uno de ellos obsesionado con Rambo. Es, también, una de esas historias de amistad que en los papeles parecen imposibles.



La historia se desarrolla en los 80, en Gran Bretaña, donde el joven Will Proudfoot (Bill Milner) es criado en soledad entre Los Hermanos, una secta de puritanos en la cual la música y la televisión están estrictamente prohibidas. Cuando Will encuentra su primera película, una copia pirata de «Acorralado», aquella cinta en la que Stallone se encontró con Rambo -su personaje favorito después de Rocky-, la imaginación del muchacho se dispara.

Ahora, Will se dispone a unir sus fuerzas con el chulito del instituto, el aparentemente diabólico Lee Carter, para crear su propia película épica de acción, diseñando incluso unos efectos especiales caseros. El objetivo de los chavales es conseguir unas tramas elaboradas para crear una película de compromiso total y de tensión al límite, mientras se esconden de Los Hermanos. El director, Garth Jennings («Guía del autoestopista galáctico» ), culmina un curioso ejemplo de cine dentro de cine.
ABC 09/01/2009

FICHA

El hijo de Rambow

Título V.O.: Son of Rambow
Año de producción: 2007
Distribuidora: Paramount Films de España
Género: Comedia
Clasificación: Pendiente por calificar
Estreno: 9 de enero de 2009
Director: Garth Jennings
Guión: Garth Jennings
Música: Joby Talbot
Fotografía: Jess Hall
Intérpretes: Jules Sitruk (Didier), Jessica Stevenson (Mary), Bill Milner (Will), Will Poulter (Lee), Charlie Thrift (Duncan), Neil DudgeonAnna Wing (abuela), Tallulah Evans (Jess) 
(Joshua),
20 minutos

CRíTICA
Sigan rebobinando, por favor


Manuel J. Lombardo | 15.01.2009 SEVILLA (DS)
Dignísima y por momentos muy divertida película infantil para treintañeros con buena memoria cinéfila y musical, El hijo de Rambow viene a emparentarse con la no menos entrañable Rebobine, por favor en su festivo y sentido homenaje a la era del vídeo, el cine y la cultura popular de la década de los ochenta. Puede que no sea casualidad que su director, el británico Garth Jennings (Guía del autoestopista galáctico), se haya forjado también, como Michel Gondry, en el terreno del videoclip. Ambos comparten esa mirada naïf hacia la infancia como espacio para la libertad y la fantasía, pero sobre todo como arcadia de la que recuperar un lúdico sentido de la creatividad de andar por casa que parece perdido en la era de la tecnología digital.

El hijo de Rambow hace así iconoclasta apología del artesanado y el amateurismo como vías de escape a la realidad de la familia y la escuela, en su delirante remake suecado de la popular e incorrecta saga de Rambo en los alrededores de un colegio interno británico con profesores coñazo, niñas con faldita, empollones repelentes y estudiantes franceses de intercambio a la última moda.

Garth Jennings filma así una suerte de autobiografía deformada que, aunque tarda algo en arrancar, es capaz de regalarnos hilarantes secuencias de acción paródica (el rodaje de la versión casera El hijo de Rambow es puro slapstick salvaje) y momentos de gamberrismo y camaradería infantil a prueba de corazones ñoños y paternalistas.

Capaz de conjugar siempre con eficacia sus dos niveles de lectura, la película funciona tanto como recomendable y original alternativa al cine infantil americano que inunda las pantallas y también como espejo de autorreconocimiento para una generación que creció con las canciones de The Cure, Duran Duran o Maniobras Orquestales en la Oscuridad y que ya no tiene por qué avergonzarse de ello.
DS

CINE

'El hijo de Rambow' o  La guerra de papá

BORJA BAS 09/01/2009 (EL PAIS)
 
¿QUIÉN no ha soñado de crío con protagonizar su peli favorita? Con 11 años, Garth Jennings vio de estrangis con sus amigos una copia pirata en VHS de Acorralado, la primera entrega de Rambo. Y, tal y como él mismo dice, "automáticamente supe a qué quería dedicarme durante el resto de mis días". Para una pandilla de chavales acostumbrados a hacer acampada en el jardín de su casa y quemar cosas por contemplar el poder destructivo del fuego, ver a un tipo que hace del bosque su hogar y acaba él solo con un ejército de 200 supuso una convulsión. Tanto que Jennings rescató la cámara doméstica del garaje familiar ("todo el mundo sabe que un padre no tiene ni idea de qué hacer con ella, ¡un niño sí!") para filmar su propia versión del filme que Stallone jamás imaginó convertido en pieza de culto.

Hoy, a sus 37 años, Jennings ha visto su sueño cumplido de nuevo. Esta vez, convertido en una película de verdad. El hijo de Rambow (la "w" se añade como licencia fonética infantil) cuenta la inesperada amistad entre dos chavales gracias a la película de marras y su afán por rehacerla. Todo ambientado en la Inglaterra de 1982, fecha del estreno de la original y excusa perfecta para teñir de nostalgia una cinta de difícil clasificación. En estos tiempos en los que la segmentación de audiencias se ha convertido en una máxima para hacer dinero concentrándote en tu público objetivo, El hijo de Rambow es un quebradero de cabeza para los responsables de marketing. "Lo difícil es lograr que la gente vaya a ver la película. Piensan: 'Una película de niños, ¡paso!' o 'es cine indie, no quiero ver una cosa artie'. Pero lo cierto es que la mayor parte de la gente que la ve se contagia de su sustrato positivo, sale feliz del cine y la recomienda a sus amigos. Creo que puede convertirse en un fenómeno latente, en una de esas películas que la gente acaba descubriendo por sí misma". Y Stallone ¿qué tiene que decir a todo esto? "Contamos con su bendición. No le conocemos personalmente, pero sabemos que la ha visto y todo lo que comenta sobre ella es muy cariñoso. Además, que la promoción de John Rambo [la cuarta parte de la saga] coincidiera con nuestro estreno nos vino de coña".

La cinta, por momentos, nos hace pensar en un Wes Anderson desprovisto de su flema intelectual o en una versión infantil y (realmente) de bajo presupuesto de Rebobine, por favor. Aunque Jennings señala como auténtica inspiración Harold y Maude, filme de culto de 1971 que refleja la amistad (y algo más) que surge entre un adolescente millonario con tendencias suicidas y una anciana chiflada aficionada a robar coches. "Aspiraba a reflejar una relación tan profunda como ésa. Aún hoy, cuando tengo que hacer un regalo especial a alguien, sigo optando por una copia en DVD de esta película. La habré regalado como 10 veces". El cineasta inglés se considera afortunado por haber crecido en los ochenta, cuando las películas adolescentes "no parecían de plástico". "Nos malcriamos con un cine increíble: La guerra de las galaxias, E. T., Indiana Jones, Regreso al futuro, El club de los cinco, Los Goonies... Veías una película de John Hughes y sabías que estaba hecha para ti y, visto con perspectiva, también para que la disfrutara el público adulto. Ése es el espíritu que busqué".

Algo retiene a Jennings en el mundo infantil. Su debut en largo fue la adaptación al cine de Guía del autoestopista galáctico, plagada de enloquecidas criaturas del espacio. En su próximo proyecto incurre por primera vez en el campo de la animación. Y su carrera como realizador de videoclips le ha permitido experimentar con cartones de leche con vida propia (Coffee and TV, de Blur) o músicos convertidos en marionetas gigantes (Pumping on your stereo, de Supergrass). Su currículo incluye nombres tan impresionantes como R.E.M., Badly Drawn Boy, Pulp o Beck. "Ando plenamente concentrado en el cine, pero he hecho un par de cositas últimamente para Radiohead y Vampire Weekend. La gente se decepciona cuando busca grandes anécdotas de superestrellas tirando muebles por la ventana. Lo cierto es que la mayoría de los músicos con los que me he cruzado ha resultado ser encantadora".

* El hijo de Rambow se estrenó el pasado viernes en cines de Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Valladolid.
PA

EL HIJO DE RAMBOW, DE GARTH JENNINGS

Vagabundos y aventureros

La película británica posiblemente sea el primer caso de cine infantil dentro del cine. Narra la audaz experiencia cinematográfica de dos niños, uno de ellos obsesionado con Rambo. Es, también, una de esas historias de amistad que en los papeles parecen imposibles.

 Por Horacio Bernades, 10 ENE 2009 ARGENTINA (PAGINA12)

Créase o no, aún hoy, amparados en la idea de que la imagen corrompe, ciertos grupos fundamentalistas prohíben a los niños exponerse al más mínimo influjo audiovisual. De hecho, Paul Schrader, célebre guionista de Taxi Driver y La última tentación de Cristo y criado en un hogar calvinista, vio su primera película a los 18 años, momento a partir del cual la cinefilia se le hizo vicio. Algo parecido le sucede, pero ya en la ficción, al pequeño Will Proudfoot. Con la diferencia de que su obsesión no pasa por el cine de Carl Dreyer, Robert Bresson y Yasujiro Ozu (como le ocurrió a Mr. Schrader) sino por un héroe ligeramente menos sofisticado: el Rambo de Stallone. Son los primeros ’80, Will no tiene papá y la del tipo con las venas hinchadas es la primera película que ve en su vida. De allí en más se imaginará a sí mismo como El hijo de Rambow, título de esta verdadera “tapada” de origen británico (la doble v de más obedece a las diferencias de pronunciación de uno y otro lado del Atlántico), que AVH acaba de lanzar en DVD.

El hijo de Rambow es el opus 2 de Garth Jennings, tras el delirio algo forzado de Guía del viajero intergaláctico, adaptación de la infilmable novela homónima de Douglas Adams, que en la Argentina se editó unos años atrás. El hijo de Rambow es, básicamente, una de esas historias de amistad que en los papeles parecen imposibles. En este caso, la que el solitario Will –que despunta su inminente vocación, animando secuencias dibujadas en clase– entabla con el “chico malo” del colegio, un pequeño truhán llamado Lee Carter. El modo en que se conocen no suena prometedor. Will espera en el pasillo que el profesor termine de proyectar un audiovisual que, para él, equivale poco menos que al Demonio. En ese momento echan a Lee, por hinchar con una pelotita de tenis. Lee ve a Will y le tira la pelotita por la cabeza: es el inicio de una bella amistad.

Inicio, también, del que posiblemente sea el primer caso de cine infantil dentro del cine, a partir del momento en que el pequeño vagabundo introduce al otro en sus dominios. Lo hace como el Dodger de Oliver Twist, cuando guía a Oliver –ese otro huérfano– a la guarida de Fagin. El equivalente al rey de los ladrones sería aquí el hermano mayor de Lee, que con sus modales de líder de barrita tiene al otro trabajando como esclavo personal. Lo cual no impide a Lee la administración de sus propios negocios, que incluyen la venta de grabaciones piratas. Cámara de video ya tiene: una camcorder, de esas que vistas hoy parecen armatostes prehistóricos. Ahora, Lee cuenta también a su lado con un cineasta en potencia. Y un modelo cinematográfico: la película del tipo ese de las venas hinchadas. De exteriores están llenos los alrededores. Sólo falta que el dúo de minicineastas en potencia se anime. Uno, plantando en medio del campo un trípode medio mocho. El otro, pintándose la cara y atándose una vincha en la cabeza. El hijo de Rambow empieza a rodarse.

Los méritos son varios aquí. El estar contada a la altura de sus protagonistas, sin glamorizarlos ni minimizarlos, no es el menor (así como los miembros de la secta integrista no son degradados a la subhumana condición de monstruos o caricaturas). La identificación del realizador con Will y Lee (según sus declaraciones, la película se inspira en experiencias infantiles) alcanza niveles verdaderamente gozosos, a partir del momento en que los chicos emprenden su temprana quijotada cinematográfica. Las escenas de riesgo, sobre todo, comunican la felicidad de hacer cine, con una cualidad física que no se veía desde las primeras de Jackie Chan. “¡Acción!”, grita Lee, y su amigo sale disparado como bala humana. O se tira de cabeza desde la copa de un árbol. O se lanza de una liana a un lago. Will no sabe nadar, pero qué importa. Lo que importa es la película, aventura que un cuarto de siglo atrás era todavía concebible como tal. Sobre todo, si se tenían diez u once años y una familia que lo prohibía.
PAGINA12


Tags: cine, película, rambo, rambow, amistad, vídeo

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