Si el ministerio se limitara a incluir contenidos objetivos, la asignatura se acercaría más al modelo europeo.
"Todos los países europeos están de acuerdo en la necesidad de incluir
Educación para la Ciudadanía. No
existe un enfoque general que haya sido
adoptado por la mayoría de los países”. Eurydice.

G. Sánchez de la Nieta- 02 FEB 2009- MADRID (LA GACETA)
A lo largo de estos tres años de discusión sobre la conveniencia de incluir Educación para la Ciudadanía en el programa educativo de España, el Gobierno ha insitido en que se trata de una asignatura que se imparte en la mayoría de países europeos. Un informe sobre La Educación para la Ciudadanía en el contexto escolar europeo, realizado en 2005 por Eurydice (Red de información sobre educación en Europa) concluye que, si bien es cierto que la asignatura se extiende por toda Europa, existen grandes diferencias en la concepción y en el planteamiento de la materia.
En primer lugar, por el modo de ofertarse. En la mayoría de los países se concibe como una materia transversal o integrada en otras tradicionales como filosofía, historia o ciencias sociales, tal y como ocurre en Finlandia, Noruega, Alemania o Hungría. En Italia y el Reino Unido se establece como obligatoria a partir de la secundaria básica (11 años) o en secundaria superior (a partir de los 15 años) en Francia.
Sólo España y Grecia ha impuesto la asignatura de forma obligatoria desde primaria y en las tres etapas educativas. En primaria, la mayoría de países tienden a integrar la asignatura en otras materias o a abordarla como tema transversal.
Por el contrario, en Educación Secundaria (o en determinadas etapas de ésta), casi la mitad de todos los países europeos ha introducido una materia propia para enseñar Ciudadanía a los alumnos.
Criterios de evaluación
Por otra parte, tampoco hay un modelo común de evaluación. Mientras en la mayoría de los países se evalúa sobre contenidos objetivos, España exige una valoración de actitudes de los alumnos. Tal y como se recoge en el Real Decreto 1631/2006 de la Ley Orgánica de Educación, se pretende que los alumnos “mejoren las relaciones interpersonales al trabajar las habilidades encaminadas a lograr la toma de conciencia de los propios pensamientos, valores, sentimientos y acciones”.
Además, “la Educación para la Ciudadanía contribuye al desarrollo de la competencia de aprender a aprender fomentando la conciencia de las propias capacidades a través de la educación afectivo emocional y las relaciones entre inteligencia, emociones y sentimientos”.
Entre los criterios de evaluación específicos, señala el de “descubrir sus sentimientos en las relaciones interpersonales, razonar las motivaciones de sus conductas y elecciones y practicar el diálogo en las situaciones de conflicto”.
Por otra parte, también se incluye el objetivo de “diferenciar los rasgos básicos que caracterizan la dimensión moral de las personas (las normas, la jerarquía de valores, las costumbres, etc.) y los principales problemas morales”, además de “identificar y expresar las principales teorías éticas”.
El documento de Eurydice concluye que “en general, todos los países europeos están de acuerdo en la necesidad de incluir Educación para la Ciudadanía. No obstante, su definición y organización varía considerablemente de un país a otro y parece ser que aún no existe un enfoque general que predomine sobre los demás y que haya sido adoptado por la mayoría de los países”.
Actitudes y valores cívicos
En toda la batalla política y social desde que se impuso la materia, defensores y detractores han discutido sobre la “legalidad” de incorporar contenidos referentes a la moral. Lo que comparten unos y otros es que Educación para la Ciudadanía no supone una mera transmisión de conocimientos sino que propone una formación en “actitudes y valores cívicos positivos”.
Sin embargo, según las asociaciones familiares y profesionales que se oponen a la materia, “España es el único país donde además de estudiar el funcionamiento de las instituciones democráticas, el multiculturalismo o los derechos humanos, se abordan temas como los distintos tipos de familia, el relativismo, la educación sexual o la identidad de género”. Lo cierto es que España, a pesar de ir a la cola en la inclusión de la asignatura dentro del currículum escolar, es el único país donde la materia ha provocado reacciones tan contrarias.
Según Victoria Llopis, autora del Estudio Educación para la Ciudadanía en Europa, “en los países europeos tratan de transmitir unos conocimientos objetivos mientras que en España ha acabado derivando en un moldeamiento de los sentimientos de los alumnos con la excusa de transmitir valores democráticos”.
GACETA
Tags: ciudadanía, objeción, Europa, EpC, ética, pacto, sociall