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lunes, 14 de septiembre de 2009

Publicado por Seina @ 8:00


CONSEJOS MÉDICOS
Una o dos semanas pueden ser necesarias para que un niño se adapte al colegio después del verano
Aunque es necesario individualizar este proceso
Una buena comunicación entre padres e hijos es la base para conocer sus capacidades, limitaciones, ilusiones, habilidades y expectativas
Diez recomendaciones para los padres Trucos

Óscar Martín, 12 SEP 2009 (EL SEMANAL digital)
Llega el final de las vacaciones y, de la misma forma que muchos padres tienen que volver al trabajo, los hijos deben volver al colegio. Está llegando el momento en que los padres han de ejercer como tales y empezar a poner "nuevas" normas e ir dejando de lado los hábitos que se han practicado durante el verano. 

 VUELTA AL COLE
· Cómo sobrevivir al estrés escolar de los niños ante el regreso a clases 
· No tratar a tiempo los miedos e inseguridades de los menores, puede generar trastornos de aprendizaje.
· «Los niños necesitan horarios controlados y atención paterna». Eduardo Guijarro, psicólogo
· El acoso escolar, otra causa de estrés
Un profesor de IES y una alumna de ESO se sinceran ante el nuevo curso    
El Dr. Antonio Redondo Romero, perteneciente al Comité Ejecutivo de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) recuerda que una o dos semanas pueden ser necesarias para que un niño se adapte al colegio después de las vacaciones de verano. "Hay que ir preparándolos para la vuelta a su rutina", señala el pediatra.

Los cambios de rutina

Las vacaciones han permitido a los niños estar más relajados, sin prisas para irse a la cama, sin tener que madrugar, pudiendo olvidarse de estudios, deberes y otras obligaciones. Ahora, con la vuelta al colegio, es necesario pedir y ayudar en el esfuerzo de reajuste para asumir los cambios y poder volver a la rutina anterior, es decir, al paso a actividades menos lúdicas y más serias que impone el curso escolar.

Aparte de los ya comentados horarios, el hijo se va a poder encontrar con nuevos profesores, nuevos compañeros, nuevas asignaturas y, en ocasiones hasta un nuevo colegio. Según el pediatra, "siempre va a ser más fácil para los hijos si tienen el apoyo del binomio padres-educadores y éstos transmiten una impresión positiva de lo que representa la vuelta al colegio".

La readaptación



Los niños mayores, y aquellos que están deseando volver y ver a sus amigos, no suelen dar ningún problema. De todas maneras en una o dos semanas la mayoría de los alumnos se suelen adaptar a la normalidad escolar, partiendo del supuesto de que tanto el ambiente escolar como el familiar sean adecuados.

Hay algunos alumnos que van a tardar algo más; "con éstos hay que tener paciencia y tranquilidad, sin exigirles mucho y ofrecerles algo más de margen de tiempo para recuperar el ritmo, ya que cada niño puede reaccionar de una forma distinta. Siempre evitar las dichosas comparaciones", apunta el Dr. Redondo.

Durante las primeras semanas es importante organizar la programación de las actividades extraescolares. Los pediatras recomiendan hacer un uso responsable de este esfuerzo extra (idiomas, deporte, informática… ), y pensar que ellos necesitan tiempo cada día para descansar, estar con su familia, y para jugar, no sobrecargándoles con más obligaciones. 

El estado de salud

Si siempre es importante mantener un buen estado de salud, cuidar éste durante el curso escolar se convierte doblemente necesario para poder enfrentarse a las exigencias de un curso escolar.

Una alimentación completa y variada, empezando el día con un desayuno completo, y procurando no perder comida alguna. Aquí los excesos también se pagan.

Actividad física cotidiana, y, por qué no, con una actividad deportiva, ayudará a mantenerse en forma, tanto cuerpo como mente. Ejercer un buen control familiar de las actividades relacionadas con las nuevas tecnologías (tv, ordenador, Internet, teléfono móvil, etc.)

Han de estar bien vacunados, siguiendo las instrucciones de su pediatra, y vale la pena recordar las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría, sobre lo interesante que podría ser la vacunación de la gripe "estacional" para pacientes entre los 6 meses y 18 años de edad.

La primera escolarización

Esta primera incorporación de los hijos a las aulas va a ser la puerta de entrada del niño a un mundo nuevo y desconocido para ellos. La primera vez que dan este salto de la vida familiar a su primera escolarización, pasan de estar mucho tiempo en casa a compartir todo con otros niños, y de simultanear el cuidado y la atención familiar con los nuevos educadores profesionales; se va a requerir especial atención para saber cómo viven su adaptación.

Esta adaptación escolar es un proceso que niños y niñas van elaborando a medida que se separan del entorno familiar, el habitual hasta este momento, y se aproximan al medio escolar, y que está fundamentado en los distintos sentimientos que le toca vivir, de pérdida y de ganancia, hasta que llegan a aceptar plenamente este cambio.

Es frecuente que se sugiera un determinado horario de adaptación, que irá en función de la disponibilidad de tiempo por parte de los padres y de las normas de la escuela. Así se podrá ir acostumbrando, paulatinamente, a su nuevo entorno.

"Fundamental es volver a recordar, máxime en esta situación, la gran dosis de paciencia y comprensión que han de tener los padres, acompañado siempre de afecto, entusiasmo y actitudes muy positivas", comenta el pediatra.

Los padres, insustituibles

Los centros educativos se ven, con frecuencia, como el lugar adecuado para el desarrollo académico, cultural y social de los hijos, siendo imprescindible la complicidad de los padres para lograr el éxito en este proceso educativo.

No son pocos los padres que creen que a sus hijos los tienen que educar en el colegio. Los padres han de saber que, en el colegio y en sus educadores, van a encontrar, con un poco de diplomacia, interés y complicidad, grandes colaboradores para consolidar ciertos valores de la vida cotidiana o determinados hábitos como la higiene, la disciplina, el respeto, el orden, la tolerancia, el aprender a compartir, etc.

Los padres, los modelos de los hijos, no son conscientes de las malas vibraciones que pueden transmitir a sus hijos, en un momento determinado, cuando hacen comentarios desafortunados sobre la escuela. ¿Quién va a querer ir a un lugar desprestigiado, con profesionales desmotivados y dónde no se aprendan cosas útiles? Mejor que se hagan con una percepción positiva, y así se contagiarán de esta forma sus hijos.

"Una buena comunicación entre padres e hijos, aspecto primordial en esta etapa escolar, va a ser la base para poder conocer sus capacidades, limitaciones, ilusiones, habilidades y expectativas en este periodo.

Hay que hablar con ellos de la nueva situación, transmitirles confianza, pedirles su colaboración y su comprensión, y demostrarles lo orgullosos y seguros que se está de ellos. Así se sentirán arropados y serán capaces de enfrentarse a las dificultades que se les puedan presentar, potenciando su autoestima", concluye el Dr. Antonio Redondo.

Se puede participar con ellos cuando se va a comprar la ropa o el uniforme, la mochila, el material escolar o libros, ayudar a forrarlos, e incluso se les puede acompañar al colegio los primeros días.
ELSEMANAL / www.ayalasalud.es


VUELTA AL COLE

Cómo sobrevivir al estrés escolar de los niños ante el regreso a clases 

No tratar a tiempo los miedos e inseguridades de los menores, puede generar trastornos de aprendizaje.
«Los niños necesitan horarios controlados y atención paterna». Eduardo Guijarro, psicólogo
El acoso escolar, otra causa de estrés
Diez recomendaciones para los padres


Azucena Alfonsín,  9/9/2009  (LA VOZ Galicia)
Los padres no son los únicos que se estresan preparando el regreso a clases. Para los niños tampoco es divertido. Y aunque son muchos los pequeños que se toman las cosas con calma y disfrutan el inicio del ciclo escolar, la gran mayoría puede enfrentarse a un difícil período de adaptación.

El estrés en los menores aparece «cuando las exigencias de la vida diaria superan los recursos con que se cuenta», asegura Bibiana Infante Cano, directora del centro Supera Psicólogos.

La especialista añade que es necesario identificar a tiempo las situaciones de estrés escolar a fin de evitar los trastornos emocionales que puede desencadenar como depresión, ansiedad, tristeza, problemas de conducta, déficit de atención y psicosis.

De ahí que, durante los primeros días del ciclo, los padres deben estar atentos a los cambios de conducta de los niños. La doctora en psicología, Blanca Castro Valdivia, puntualiza que no es difícil darse cuenta porque los síntomas del estrés escolar son muy comunes: irritabilidad, angustia, somnolencia, tristeza, estreñimiento, falta de apetito y apego exagerado por ciertas personas.

«Es normal que los primeros días los niños se muestren más excitables e inquietos o presenten dificultad para conciliar el sueño», asegura Castro y añade que la tarea de los padres es favorecer la adaptación al nuevo ciclo mostrándose solidarios con los niños e involucrándolos en los preparativos.

En el caso de los niños que acuden por primera vez al cole, el período de adaptación puede ser más difícil. «Lo normal es que, si el alumno está bien y el ambiente que lo recibe es sano, el período de adaptación tarde entre 10 y 15 días, como máximo», comenta María Jesús Buceta Pouso, especialista en pedagogía. Si pasado ese tiempo el niño sigue sin querer ir al colegio, lo mejor es acudir con un experto.

El estrés escolar puede generar miedo e inseguridades que «inhiben toda capacidad de aprender y merma los recursos que el alumno pueda poner en marcha», asegura la pedagoga.

Ante todo, calma

El tedio de los niños ante el regreso a clases puede resultar molesto para los padres, pero no deben perder la calma. Si los mayores se enfadan y actúan agresivamente, los niños se estresan aún más.

Regañar o castigar a los pequeños por no querer ir al cole no es la solución. Lo mejor es relajarse y platicar con ellos para que puedan expresar qué es lo que les molesta. Escuchar a los hijos es de vital importancia para enfrentar el estrés. «Los padres deben entender que los niños están irritables y muestran problemas de conducta», dice Castro.

Perder el control genera en los pequeños un estrés aún mayor y se sienten impotentes al no tener la compresión de sus progenitores.

Los especialistas en psicología y educación sugieren afrontar los primeros días de clase con mucha tranquilidad, tolerar la actitud de los pequeños e intentar que se sientan apoyados en esta nueva etapa de su vida.

Diez recomendaciones para los padres


1. Los padres deben estar atentos a los cambios sutiles del comportamiento del niño que puedan reflejar ansiedad.

2. Es importante identificar el origen del estrés. Algunos de los factores más comunes son las altas expectativas respecto al rendimiento escolar, tanto en la escuela como en la casa, así como tareas excesivas, baja autoestima del niño y el acoso escolar.

3. Los padres deben participar con los niños en la realización de los deberes escolares, así como establecer un horario fijo y permitir períodos de descanso entre tarea y tarea.

4. Escuchar al niño con atención cuando exponga los problemas de la escuela y no tomar a la ligera lo que diga.

5. Si los padres se estresan, los niños también. Es importante levantarse con tiempo para que ir al colegio no se convierta en una actividad apresurada y agobiante por el poco tiempo con el que disponen.

6. Los niños más pequeños pueden llevar algún o bjeto que les resulta familiar y que le brinde seguridad, como el chupete, algún muñeco o su matita.

7. Es conveniente evitar las despedidas largas en el colegio.

8. Programar una incorporación progresiva a las rutinas de los deberes, el estudio y las actividades extra escolares, para que no empiecen con todo a la vez.

9. Mostrar a los niños una actitud entusiasta y alegre respecto a la escuela.

10. Acudir con un pediatra ante la presencia de cualquier malestar físico durante el período de adaptación. Si los síntomas se relacionan al estrés escolar, es importante consultar con un psicólogo.
LVG

«Los niños necesitan horarios controlados y atención paterna». Eduardo Guijarro, psicólogo

M. G. B. 10/9/2009 
La vuelta al cole es un momento esperado y odiado por los más pequeños, porque supone decir adiós a las laxitud del tiempo de vacaciones. «Volver a la norma, a la obligación después del verano siempre cuesta un poco, pero en general los niños no lo llevan mal», dice el psicólogo viveirense Eduardo Guijarro, que aporta unas pautas para que el retorno a las aulas sea «saludable» para toda la familia.

«Hay que empezar a retomar horarios controlados, que se acuesten, se levanten y coman a sus horas, porque ese planteamiento genera estabilidad. No se puede pedir rendimiento si están hasta las doce viendo la televisión. Todo lo que sea establecer un método de horarios, que no sea castrense, es bueno», señala este experto.

Guijarro aporta además un consejo «afectivo», que no es otro que prestar atención a los niños. «No se trata de que les preguntemos la lección todos los días, pero es importante que nos preocupemos por ellos, tanto para valorar su esfuerzo, no la apariencia de esfuerzo, como para reforzar».

Y hay una tercera recomendación que realiza el psicólogo, que los padres establezcan un diálogo más fluido con los profesores a lo largo del curso. «No es bueno hablar mal del colegio y el profesorado fuera, hay que respetar la institución y al profesorado, dialogar con ellos, que al final forman una parte importante de la educación de los hijos», señala. El profesional viveirense resalta también la importancia de la educación en valores que permitan evitar situaciones de violencia escolar .
LVG

El acoso escolar, otra causa de estrés


Los especialistas coinciden en resaltar la importancia de la confianza entre padres e hijos para combatir los abusos.
Azucena Alfonsín | Redacción digital 9/9/2009 Actualizada a las 21:52 h

El acoso escolar, también conocido como bulling, se ha convertido en la principal fuente de estrés de los niños. Los especialistas coinciden en resaltar la importancia de la confianza entre padres e hijos para combatir los abusos.

«Si la comunicación con los hijos es buena, los padres podrán detectar de inmediato que algo ocurre, pero cuando los menores tienen miedo y no se sienten en confianza, ocultan la situación de acoso», afirma la pedagoga María Jesús Buceta Pouso.

Además de los miedos e inseguridades que el niño debe enfrentar ante el bulling, aparecen también graves problemas de aprendizaje y un malestar general que puede repercutir en la salud mental del menor acosado.

La pedagoga considera que los maestros también deben estar alerta ante este tipo de violencia y tomar las medidas oportunas para prevenirla, porque «siempre sale el abusón por algún lado».
LVG

REPORTAJE: Vuelta al cole 

Lágrimas de septiembre

Trucos

JERÓNIMO ANDREU 12/09/2009 (EL PAIS) 
La vuelta al cole es una pesadilla para muchos niños (y para sus padres): rabietas, vomitonas y hasta ataques de ansiedad, que a veces esconden problemas más graves. Los expertos explican cómo actuar

Hay quien no puede reprimir una sonrisa de alivio cuando ve a los niños llorando a la puerta del colegio y recuerda que ya no es uno de ellos. Más raro resulta ver sonreír a un padre de la mano de un niño con babi y pataleta. Ellos también saben que los primeros días de clase suelen ser un infierno. Las rabietas pueden ir acompañadas de dolores y ansiedad, y prolongarse durante semanas. Entonces hay que preguntarse si tras ellas no se esconde algo más.

Los hipidos de María, de cinco años, no se salen de lo corriente, pero bastan para descorazonar a su madre, María Guilorozco. Con tres años, su primer día de clase en una escuela de Requena (Valencia) fue bien; el segundo empezó a llorar, y no paró en una semana. Al siguiente curso repitió fórmula, y para éste las perspectivas son inciertas.

La mayoría de novatos se comportan así por miedo, porque saben que se enfrentan a un espacio con normas estrictas o, simplemente, porque no tienen ganas de compartir su vida con 20 desconocidos. Muchos lo hacen también "por pura simpatía con los compañeros", según afirma Jesús Ramírez Cabañas, psicólogo educativo que trabaja desde hace 25 años en un colegio de Madrid. El rechazo al colegio puede somatizar en dolores de estómago, diarreas, cefaleas, ataques de ansiedad... y aun así no salirse de lo corriente. Comienza a ser preocupante cuando los síntomas se prolongan más de 15 días. A partir de ese momento hay que tener presente que existen dos tipos de rabietas: las de adaptación y las que son síntoma de otro problema.

Rocío Ramos-Paúl, la Supernanny (www.rocioramos-paul.com) del programa de televisión de Cuatro, es una psicóloga que cree que "el colegio es un medio social y atrae a los niños. Al menos hasta los ocho años. Si el rechazo lógico de los primeros días se prolonga, hay algo". Ramírez Cabañas no está de acuerdo con la primera parte de la afirmación -"Yo siempre detesté ir al colegio", confiesa-, pero sí con la segunda. Dentro de los problemas que pueden hacer que la repulsión se perpetúe enumera el bullying o acoso escolar y la excesiva presión de los padres, que fijan en sus hijos expectativas que los asfixian. Aparte están los niños con principio de depresión o trastornos de personalidad.

En los casos complicados, el rechazo a la escuela no es una reacción que surja en verano, sino que se agudiza en ese momento, cuando finaliza la tregua. "Si insisten en que no quieren ir al colegio, hay que investigar con el tutor", diagnostica Ramos-Paúl. Sin olvidar que no todas las repulsiones tienen que tener una expresión externa, recuerda Ramírez: "Hay alumnos que padecen no solamente curso tras curso, sino todos los días. Lo que pasa es que no lo dicen. Algunos lo han contado de mayores, pero a otros les ha costado abandonar en la ESO".

La maestra de María, Beatriz Martínez, lleva 15 años en la educación infantil y ha tenido casos tan severos que le producían ansiedad. Había un niño que gritaba que se quería morir. Era tremendo. Subyacía una falta de atención en casa; el alumno quería, simplemente, cuidados.

Para Beatriz es preocupante comprobar que muchos de los más reacios a volver al colegio luego terminan diagnosticados con un síndrome: de Asperger, hiperactividad... "Lo más fácil resulta colgarles algo así", se lamenta.

Las soluciones en los casos normales pasan por acostumbrar a los niños unas semanas antes a la perspectiva de que la rutina amenaza a la vuelta de la esquina. Convencerles de que dediquen un rato a repasar las tareas y que regulen sus horarios. Si se quejan, los docentes también recomiendan que, una vez iniciado el curso, sigan bajando a la piscina, al parque o prolongando sus actividades de ocio veraniegas.

Cada vez en más escuelas el periodo de adaptación se concreta en grupos reducidos con horarios ligeros y, a veces, también con la presencia paterna. En la escuela de Beatriz se prepara desde junio a los padres primerizos aconsejándoles que vayan avanzando a los niños qué es la escuela. Quien avisa no es traidor.

Las soluciones de emergencia, cuando en la hora H el niño cargado de babi y cartera no quiere soltar los pelos de su madre, pasan por ignorar las rabietas y estimular comportamientos positivos. A la pequeña María la vienen seduciendo desde hace dos años con el juego de las caritas. Si resiste el día sin llorar, se lleva una carita sonriente. A la semana le corresponde el premio que ella haya elegido previamente. La última vez fue el mismo que vio escoger a su vecina de lloros: una chocolatina.

La colaboración de los padres resulta determinante. El problema fundamental es transmitir confianza, recuerda Supernanny: "Deben generar seguridad, despedirse, no salir corriendo cuando el niño no mira. Hay que manejar la situación con madurez para que comprendan que puede hacer cosas sin papá".

En la educación primaria no suele ser difícil generar dinámicas de cooperación padre-tutor. Pero si los problemas se prolongan, los padres tienden a acusar a la escuela, se lamentan los docentes. "A esto le sumas que los alumnos, cuando se van haciendo mayores, tienen miedo a que su problema salga a la luz", concluye Ramírez. El riesgo es que el rechazo se convierta en fobia e incapacite al niño para asistir a clase -un caso extremadamente inusual que requiere un especialista- o termine en fracaso escolar. Pero no se asuste si su niño llora este año frente a la puerta del colegio. Con toda probabilidad, no será grave. Piense si usted no haría lo mismo si creyera que puede servirle para retrasar unos días la vuelta al trabajo.

Si los síntomas se prolongan más de 15 días, comienza a ser preocupante

Trucos

1. En los días previos
Anunciar la llegada del colegio: empezar con las tareas y los horarios, hablar del tema.

2. En la puerta del colegio
Para los principiantes, clases de adaptación con horarios y grupos reducidos.
Seguridad: decir adiós, no salir corriendo cuando el niño se despiste.
Ignorar las rabietas y estimularle cuando hace algo positivo.
Captar la atención del niño con cuentos, magia...

3. Cuando empiezan las clases
Prolongar la rutina veraniega (piscina, parque...) para facilitar el aterrizaje.
PA



Un profesor de IES y una alumna de ESO se sinceran ante el nuevo curso

 
ESTEVE GIRALT / JOSEP PLAYÀ | Barcelona | 13/09/2009 | Actualizada a las 01:39h | Ciudadanos

"Se ha perdido el respeto"

(Miguel Cordero Bellas, Profesor de un IES de Barcelona)
Ya tengo ganas de empezar el curso, aunque creo que los dos meses de vacaciones son imprescindibles. Es importante iniciar el curso con ánimo, aunque es cierto que no todo el mundo empieza igual. En general, a más edad menos ganas. Los profesores mayores son de otra hornada y no acaban de acostumbrarse al nuevo modelo educativo. Sobre todo están quemados los de la franja de 45-50 años hacia arriba, porque ellos han visto cómo ha degenerado la educación. Es duro decirlo, pero la educación actual es un espejismo de lo que fue, y eso lo perciben especialmente los que enseñaron el BUP y el COU. Los más jóvenes nos quemamos en momentos concretos por problemas concretos, pero es lo que hemos conocido siempre

Docentes cuidadores. Los profesores sabemos que nuestra labor es de contención social. Hacemos funciones que no nos competen como las de asistente social, psicólogo, orientador sexual. Es un hecho que cada vez los jóvenes se inician en el sexo a más tierna edad, sin precauciones, y que luego se encomiendan al profesor para hacer consultas. Ahora hay una mayor aproximación del alumno al profesor, estamos en una esfera más cercana y es positivo, pero está movido en parte por una extralimitación de nuestras funciones.

Falta de respeto. Actualmente hay una pérdida completa de respeto hacia el profesor y este ha dejado de ocupar la posición que tenía. Y no me refiero al trato de tú o usted, que tampoco lo puedo elegir. La solución no está en llamar de usted al profesor, eso es una mera cuestión de formas, y yo hablo de contenidos. También digo que no se puede generalizar, depende mucho del barrio, del centro, del alumnado. No necesariamente en barrios de clase alta se respeta más al profesor. En el fondo es la falta de respeto a los mayores. Lo que ha pasado en Pozuelo es el reflejo de esa falta de autoridad. Un detalle de esa actitud es que se respeta mucho menos al profesor interino. Los alumnos saben que son simples sustitutos y juegan esa baza.

El papel de los padres. El nivel sociocultural de los padres influye mucho. Antes había estado en el IES Montserrat de Barcelona, donde acuden familias de clase media o media-alta, y el nivel del alumnado era superior. Y no porque tuviesen más medios o mejores profesores. En una casa donde hay libros es más fácil que un niño se inicie en la lectura. Si los padres son de profesiones liberales, el nivel de conocimientos es superior. No digo que los alumnos sean más inteligentes. Hace 20 o 30 años había más posibilidades de que la escuela pudiese limar las diferencias. Incluso los padres ayudaban más porque aunque fueran de origen humilde tenían la pretensión de que sus hijos fuesen a la universidad. El papel de los padres es contradictorio. Y una parte de la pérdida de autoridad del profesor es por culpa de los padres. Cuando hay un conflicto con el alumno, el padre raramente se posiciona al lado del profesor, siempre al lado de su hijo. Los padres llegan tarde del trabajo a casa, pasan poco tiempo con ellos, y defenderlos a ultranza hagan lo que hagan es su manera de mostrarles cariño. Le quitas el móvil a un niño y viene el padre a reclamarlo. En Leganés llegaron a pegar una paliza a un profesor por eso.

Libros digitales. Hay muchas mejoras que son necesarias y que aún no se han implementado en los institutos antes que pensar en los libros digitales. Nos faltan cañones audiovisuales en las aulas y ordenadores, y mejoras en las infraestructuras. En mi centro las pizarras aún son de las antiguas, reflectantes, que no se ven bien desde cierta parte del aula. Y el entorno del instituto está descuidado. Hay formas de innovar pedagógicamente que son simples medidas sensacionalistas. Yo lo que quiero es que haya más ordenadores, quiero libros de texto mejores que los actuales, quiero que no haya cambios curriculares cada dos años, porque al final nos volveremos locos. Hay una confusión total, cada equis años varían las horas lectivas de las asignaturas según unos criterios ignotos que toman unos señores sentados en una mesa que son políticos, no docentes.

Disciplina. Es fundamental. Estamos en un sistema educativo muy garantista, que protege mucho los derechos del alumno sin mirar por los derechos del colectivo, entendido como el conjunto de la clase. Ejemplo: un alumno absentista se presenta al cabo de 20 días a clase, sin ningún interés, porque le obligan. Viene a pasárselo bien y molesta a los demás. No puede ser. La disciplina es fundamental. Hay alumnos de 14 años que no saben leer ni escribir, porque por diversas circunstancias no han podido aprender ni tienen interés. Y se les obliga a estar seis horas sentados en una silla. La conexión que debería existir entre educación y servicios sociales no funciona. Todo está muy burocratizado, es lento. Los alumnos en riesgo de exclusión social se nos escapan de las manos porque no sabemos qué hacer con ellos, y esto es trágico. Los profesores nos implicamos en lo personal porque no contamos con el apoyo de las instituciones. No quiero más ordenadores ni libros digitalizados, quiero asistentes sociales.

Inmigrantes. La llegada de alumnos inmigrantes ha complicado la educación, simplemente porque no hay medios para recibir a tantos alumnos foráneos. El año que ejercí de profesor en Arganda del Rey me encontré con una clase de 15 alumnos, de los cuales diez eran rumanos. Alguna vez llegué a pensar que lo hubiera hecho mejor un profesor rumano. En Estados Unidos se hace en algunos barrios hispanos. La multiculturalidad está muy bien, pero en términos puramente pedagógicos representa un problema, porque obliga a bajar el nivel. Los profesores no estamos preparados para educar a niños de otras culturas, nos faltan medios, no dominamos sus lenguas. Y debo decir que las aulas de acogida son una de las pocas cosas positivas del Govern tripartito. Es una medida quizás impopular, pero muy aceptada. Es una solución parcial, pero ayuda.

Nivel de los estudiantes. El nivel de conocimientos depende mucho del barrio. Está claro que comparado con hace diez años o veinte, está en caída libre. Sí, ya sé que ahora los alumnos saben un poco de todo y que además tienen una formación tecnológica que antes no existía. Pero el dominio de las nuevas tecnologías no es suficiente, porque estas son un medio, no un fin. Que sepan utilizar el ordenador o internet o el móvil como usuarios no significa nada; es una cortina de humo para ocultar la realidad. Si no conocen la historia o las matemáticas... Me río cuando dicen que los niños de ahora tienen ventaja porque dominan las nuevas tecnologías. ¿Es que alguien cree que por esa razón dentro de unos años España va a tener grandes ingenieros en telecomunicaciones? No.

Problemas concretos. Una de las cosas que me preocupan es la autonomía de los centros, por la arbitrariedad que puede llegar a suponer. ¿Quién va a controlar la figura del director cuando tiene que contratar a un profesor? ¿Quién se enfrentará a la dirección si sabe que su puesto de trabajo depende de ella? Otra cosa que no se entiende es la supresión de los institutos de nocturno. Es muy grave, especialmente en barrios de clase trabajadora. Es tirar piedras sobre el propio tejado, y más en situación de crisis. Y por último, me preocupa la desaparición en Catalunya de los exámenes de septiembre, sustituidos por exámenes de suficiencia en junio. Ese examen se hace una semana después del final de las clases. Si un alumno suspende cinco asignaturas, en vez de pasarse el verano estudiando, se examina al cabo de una semana. En estos exámenes se aprueba a muchos alumnos y de esa forma se maquilla aún más el fracaso escolar. Esta es la verdad. Los exámenes de suficiencia en junio son un ataque mortal a la cultura del esfuerzo. Se pierde la posibilidad de estimular al alumno para que estudie en verano, de castigarlo para que trabaje más. No, el niño veranea, haya aprobado o suspendido.

La reflexión final. He empezado mi discurso con alegría y a medida que avanzo se vuelve pesimista. Pero es que los profesores tenemos la sensación de que combatimos solos. Si la educación se mantiene con cierto prestigio, es gracias a los profesores, especialmente en la enseñanza pública, y encima estamos criminalizados. Echo en falta un reconocimiento social a la tarea de los profesores. Yo no daría consejos sobre cómo debe funcionar un matadero o una fábrica y en cambio sobre educación todo el mundo opina. Me gustaría que la enseñanza estuviera en manos de los profesores y no de los políticos.

"Deberíamos esforzarnos más, el nivel es bajo"
(Marta Roig, alumna de ESO)
Cumpliré 12 años en octubre y mañana empiezo el segundo curso de la ESO en el IES Puig i Ferreter de La Selva del Camp (Baix Camp), mi pueblo. Después de tres meses de vacaciones, reconozco que me costará volver a coger el ritmo de las clases. Me da pereza empezar mañana, no me gusta nada madrugar. Aunque reconozco que siempre me acaba resultando fácil coger el ritmo. Ir a clase es una rutina que no me hace una gran ilusión, pero que llevo bastante bien. Hasta ahora he ido pasando de curso, con una media de notable, aunque no soy una de las empollonas de la clase. No noté un gran cambio cuando empecé la ESO, el año pasado, ni tampoco espero que este curso sea muy distinto. Dicen que el cambio de verdad llega en bachillerato.

Tengo casi todo a punto para empezar las clases, con los nuevos libros y los que reutilizaré de otros alumnos. En mi instituto hace años que aprovechamos los libros de otros compañeros. De esta forma la compra de los libros sale más barata. He ojeado los libros y están en buen estado, cada alumno tiene que conservar el material para el siguiente curso.

Deberes y exámenes. Esta es mi habitación, donde empezaré a hacer deberes a partir de esta semana. En las paredes tengo pósters de cómics de manga y uno de Michael, un actor de la serie Prison break. Tendré que ordenar otra vez mis horarios, me he pasado el verano sin obligaciones, levantándome a la hora que quería. Normalmente cada día necesito una hora, después de cenar, para hacer los deberes, los ejercicios y las prácticas. Estudiar, reconozco que estudio el día antes del examen, cuando puedo, es que no tengo mucho tiempo. Hay exámenes de más temario que preparo en dos o tres días. Tengo bastantes actividades fuera de las clases; estudio inglés en una academia y entreno gimnasia rítmica tres días a la semana, aunque tengo claro que no me quiero dedicar profesionalmente a la gimnasia.

La cultura del esfuerzo.

He oído hablar de la falta de la cultura del esfuerzo de los estudiantes de mi generación y del bajo nivel de los alumnos. Pienso que el nivel en muchos aspectos es bajo. En mi instituto hubo el curso pasado muchos suspensos en segundo de ESO; este año habrá un grupo nuevo con muchos repetidores. Creo que un poco es por esto de la cultura del esfuerzo, deberíamos esforzarnos más. En mi clase somos 24, somos pocos, hay grupos con más alumnos. A veces el ritmo de las clases es lento y baja el nivel, sobre todo en inglés. Te pasas todo el curso haciendo el to be y da bastante rabia.

Los profes buenos. Hay bastantes diferencias entre los profesores. No hace falta que estén todo el día encima de nosotros, no nos portamos tan mal. ¿Si me preguntan qué cambiaría de las clases si pudiese? Pues yo cambiaría algunos profesores. Hay muchas formas de enseñar y muchas diferencias, porque hay profes que explican bien y nos tratan como personas adultas, y otros que pasan de ti, que te los encuentras por el pasillo y ni te saludan. En mi instituto hay profes que cogieron la baja el curso pasado por los nervios.

Qué seré de mayor. Cuando era pequeña quería hacer teatro, después, hasta hace dos años, pensaba que quería estudiar medicina. Ahora no tengo claro qué me gustaría estudiar. Me gusta leer, pero quizás tiro más por las ciencias.

Portátiles en clase. Mi generación ha crecido con la tecnología. Yo hace un año que tengo teléfono móvil. Ahora todos mis amigos lo tienen. Yo lo utilizo sobre todo para quedar con mis amigos, para hacer llamadas perdidas. Nadie llama, porque tenemos tarjetas con saldo limitado. Quedamos siempre por el Messenger. Sobre la mesa está mi ordenador, lo tengo siempre encendido cuando hago los deberes o estudio, para estar conectada a internet, ver los correos y chatear. Estaría bien que tuviéramos portátiles en clase, aunque hay algunos profesores que aún nos piden los trabajos escritos a mano. Utilizo internet para hacer los trabajos, aunque también consulto libros y enciclopedias. En mi instituto somos unos 400 alumnos, casi todos de La Selva del Camp. Hay buen rollo, no hay problemas en las clases. Alguna tontería, alguna diferencia, pero nada. Ahora me marcho, me voy al ordenador, que quiero aprovechar mi último fin de semana de vacaciones.
LV


Tags: inicio, curso, adaptación, síndrome, posvacacional

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